Revista de Prensa

"La Turquía de Erdogan no pertenece a la Unión Europea"

 

Bandera de Turquía.

Christoph Strässer, comisionado para los Derechos Humanos de Alemania, recuerda esta evidencia ante las maniobras para retomar las negociaciones con Ankara para su ingreso en la UE.

Strässer ha recalcado la necesidad de que Erdogan respete los derechos humanos si quiere que algún día su país se integre en la Unión.

Preguntado por si la UE tiene previsto hacer concesiones para la aceptación de Turquía (…), Strässer ha contestado: “Esto me provoca preocupación. No puede haber una rebaja en materia de derechos humanos para Turquía. No debemos ser generosos con Turquía sólo porque ahora cooperamos más con ese país. La UE debe atenerse a sus reglas estrictas y cristalinas con respecto a los derechos humanos y la libertad de prensa”.

(…)

Strässer añadió: necesitamos enviar un recordatorio de cumplimientos contra Ankara repetidamente. En Turquía, los disidentes son castigados y hay ataques contra la oposición. Mientras las cosas sigan así, el país no pertenece a la Unión Europea. Si ignoramos eso sería una señal terrible.

Toby Craig Jones explica en las páginas del The New York Times las claves que explican la ejecución por parte de Arabia Saudí del clérigo chií Nimr al Nimr, que ha tensionado al máximo las relaciones entre Riad y Teherán.

El reino está bajo presión. Los precios del petróleo, del que depende la economía casi en su totalidad, están desplomándose. Un deshielo en las relaciones entre Irán y EEUU amenaza con rebajar el lugar especial de Riad en la política regional; además, el Ejército saudí está fracasando en la guerra del Yemen.

  • En este contexto, un altercado con Irán no es tanto un problema como una oportunidad. La realeza en Riad probablemente cree que le permitirá frenar a los disidentes en casa, recibir el apoyo de la mayoría suní y llevar a sus aliados regionales a su bando. A corto plazo, puede que tengan razón. Pero con el tiempo, el aumento del sectarismo sólo fortalecerá a los extremistas y desestabilizará todavía más una región ya de por sí explosiva.

Las últimas ejecuciones en Arabia Saudí han provocado la condena de gran parte de la comunidad internacional y una escalada de tensión entre chiíes y suníes.

Se denuncia que las violaciones de los derechos humanos cometidas en el reino saudí no son censuradas con la debida contundencia en los organismos internacionales. Según expertos como Perry Cammack, del Fondo Carnegie para la Paz Mundial, hay algunos motivos muy claros para ello.

Cammack recordó que EEUU y Arabia Saudita son aliados desde la II Guerra Mundial, aunque “el número de áreas en las que la cooperación entre ambos es muy cercana se ha ido reduciendo con los años”.

“Hay muchos temas en los que Washington y Riad no se entienden”, apuntó.

Sin embargo, Arabia Saudita sigue siendo la gran aliada no solo de EEUU sino de Occidente en Oriente Medio, y la que facilita y apoya su presencia en la región.

Esa es, según los expertos, una de las razones por las que Occidente no critica con más fuerza al reino.

La toma de Ramadi, capital de la provincia de Anbar, por parte del Ejército iraquí ha insuflado nuevas energías a la coalición internacional que trata de acabar con el grupo terrorista islamista. Las acciones conjuntas de finales de diciembre se han traducido en una conquista más que importante de territorio por parte de las fuerzas aliadas.

¿Estamos ante la fase final de la guerra contra el Estado Islámico, como asegura el primer ministro iraquí?

Obviamente, la intensificación de la acción militar de la coalición, su martilleo continuo desde el aire sobre posiciones del EI, los éxitos en el campo de batalla, el asesinato selectivo de dirigentes terroristas, la supresión de los flujos de petróleo, vital para el EI, y la consecuente pérdida de ingresos, tienen un efecto sobre la moral y la imagen del Estado Islámico. Pero, como ha señalado el coronel estadounidense Steven Warren, portavoz de la coalición contra el EI liderada por EEUU, el grupo “todavía tiene colmillos”.

Quizás la evaluación más adecuada de la situación a comienzos de 2016 sean las palabras que Winston Churchill pronunció en 1942 tras el éxito británico en El Alamein: “Esto no es el final. Ni siquiera es el principio del final. Pero quizás es el final del principio”.