Contextos

La tragedia de los cristianos en Oriente Medio: llámenlo genocidio

Por Clifford D. May 

Cristianismo
"Cerca de un millón de judíos huyeron de Irak, Egipto, Libia, Yemen y países de la región. En poco tiempo, esos refugiados judíos y sus descendientes constituyeron más de la mitad de la población de Israel, la única nación de Oriente Medio que garantiza derechos a las minorías""Que el presidente Obama reconozca, como le está pidiendo el Congreso, que los cristianos en los territorios musulmanes están sufriendo un genocidio sería un paso en la dirección correcta"

En la ciudad portuaria de Adén, en el Yemen, los islamistas atacaron a principios de mes una residencia católica para ancianos en situación de indigencia. Los militantes, de los que se sospecha que son soldados del Estado Islámico, dispararon contra el guardia de seguridad y tras irrumpir en el edificio dispararon contra los ancianos y sus cuidadores, entre los que había cuatro monjas. Fueron asesinadas al menos 16 personas.

Atrocidades como ésta han dejado de considerarse noticias importantes. La mayoría de los diplomáticos se refieren a ellas o las despachan como “extremismo violento”, expresión que describe sin explicar nada. En los campus norteamericanos, los activistas andan muy ocupados con todo aquello que pueda herir sensibilidades y por las microagresiones. Las matanzas contra los cristianos en los territorios musulmanes, por el contrario, no les parecen en absoluto un problema.

Pero la honestidad es importante, o debería serlo. Y la precisión terminológica una condición previa para fijar políticas sensatas. El cristianismo nació en Oriente Medio. Los cristianos han sobrevivido en la región, no sin dificultades, bajo imperios musulmanes, califatos y dictadores durante más de mil años. Ahora están siendo barridos de Oriente Medio por los sedicentes yihadistas. Se trata de un genocidio.

Los miembros del Congreso de EEUU instaron al presidente Obama a emplear dicho término no más tarde del 17 de marzo, fecha límite con la que, según dijeron los portavoces del Gobierno, no se podía cumplir porque aún no había finalizado su evaluación jurídica. La definición legal de genocidio es “actos cometidos con el intento de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso.”

Para añadir un poco más de presión, la Cámara de Representantes aprobó el martes 15, con 393 votos a favor y ninguno en contra, una resolución de condena del “genocidio, los crímenes de guerra y los crímenes contra la humanidad” del Estado Islámico contra los cristianos, los yazidíes, los kurdos y otras minorías religiosas y étnicas. “El ISIS es culpable de genocidio y es hora de que digamos la verdad sobre sus atrocidades”, dijo el presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores, Ed Royce. “Espero que el Gobierno y el mundo hagan lo mismo, antes de que sea demasiado tarde.”

La Cámara aprobó una segunda resolución el lunes pidiendo que una corte internacional haga responsable al régimen de Asad en Siria, cliente de Irán y de Rusia, de sus numerosos y flagrantes crímenes de guerra.

No se debería dejar de señalar que a la limpieza de las antiguas comunidades cristianas del mundo musulmán le ha seguido históricamente, en un abrir y cerrar de ojos, la expulsión de las comunidades judías, más antiguas aún, de esas mismas tierras. En los años posteriores a la II Guerra Mundial y el Holocausto se intensificó la persecución de los judíos de todo Oriente Medio.

Algunos dirán que fue una reacción a la declaración de independencia de Israel. Pero ¿no habría sido el mejor argumento contra el renacimiento del Estado judío demostrar que no había necesidad, que los países de mayoría musulmana jamás consentirían el genocidio, como habían hecho muchos europeos, y que la tolerancia se ampliaría a los judíos y a otras minorías?

Cerca de un millón de judíos huyeron de Irak, Egipto, Libia, Yemen y otros países de la región. En poco tiempo, esos refugiados judíos y sus descendientes constituyeron más de la mitad de la población de Israel, la única nación de Oriente Medio que garantiza derechos a las minorías; la única nación de Oriente Medio que hoy experimenta un incremento de población cristiana.

A pesar de ello (o en parte tal vez por ello), los vecinos de Israel siguen queriendo destruirlo. Irán acaba de probar dos misiles balísticos. En uno de ellos se leía, tanto en hebreo como en persa: “Israel debe ser borrado de la faz de la Tierra”.

A los yihadistas hay que reconocerles esto: son francos respecto a sus creencias e intenciones. Osama ben Laden hablaba y escribía a menudo sobre la obligación de luchar contra “los judíos y los cruzados cristianos”.

Justificar la yihad como defensiva es una táctica inteligente, aunque apenas original. En 1996, al principio de la fetua declarada por Al Qaeda contra EEUU, Ben Laden escribió sobre la “feroz campaña judeocristiana contra el mundo musulmán” y urgió a los musulmanes a “repeler al agresivo enemigo que corrompe la religión y el mundo”. “Nada merece mayor prioridad, después de la fe, como han declarado los sabios religiosos”, sentenció.

No: América, Israel y Europa no están en guerra contra el islam. Pero en el mundo islámico los hay que están decididos a matar a los cristianos, a los judíos, a los yazidíes, a los hindúes, a los budistas, etc.; “el Gran Kufr”, que dijo Ben Laden, empleando un término despectivo para quienes no abrazan el islam como la única religión verdadera.

Los soldados lucharían con más entusiasmo si odiaran a sus enemigos o si les consideraran infrahumanos. Pero el ayatolá Ruholá Jomeini, que dirigió la Revolución Islámica de Irán en 1979, y que inspira a sus actuales líderes, no fue el único que se refirió a la matanza de no musulmanes como un acto de generosidad. “Si se permite que un infiel prosiga en su labor de corrupción de la Tierra, el sufrimiento moral del infiel será aún peor”, dijo en 1984. “Si uno mata al infiel y le impide cometer sus fechorías, su muerte será una bendición para él”.

Así que los asesinos de hombres y mujeres ancianos, enfermeros y monjas de Adén –llamada así por el Edén– pueden no haber despreciado a sus víctimas o haberlas responsabilizado de agravios como las Cruzadas, la derrota del Imperio Otomano y la caída del Califato, o la invasión de Irak. Quizá pensaron que les estaban haciendo, a ellos y al mundo, un favor.

Para los periodistas, diplomáticos, académicos y legisladores que reconocen esta realidad, eso sería noticia. Que el presidente Obama reconozca, como le está pidiendo el Congreso, que los cristianos en los territorios musulmanes están sufriendo genocidio también sería un paso en la dirección correcta.

© Versión original (en inglés): Foundation for Defense of Democracies
© Versión en español: Revista El Medio