Contextos

La realidad orwelliana de Egipto

Por Mohamed Mansur 

El general Sisi, presidente de Egipto.
"El Egipto de 2014 guarda muchas similitudes con el 1984 de Orwell. Pensar es un crimen; ser diferente, un pecado, y quien tomara parte en la revolución del 25 de enero ha sido exiliado, arrinconado o encarcelado"

En la versión egipcia de 1984, el clásico de George Orwell, el presidente Abdul Fatah al Sisi es el Gran Hermano. Lo ve todo. Nadie osa criticarlo, ni a él ni sus actuaciones. Entre tanto, cada vez estrecha más su férreo control sobre la sociedad, eliminando toda oposición y refrenando la libertad de pensamiento y expresión. Como escribió Orwell, “en épocas de engaño universal, decir la verdad constituye un acto revolucionario”. Sin embargo, con Sisi expresar la propia opinión no es revolucionario, sino un acto de alta traición.

El Egipto de 2014 guarda muchas similitudes con el 1984 de Orwell. Pensar es un crimen; ser diferente, un pecado, y quien tomara parte en la revolución del 25 de enero ha sido exiliado, arrinconado o encarcelado.

Los medios favorables a Sisi, que actualmente son casi todos los periódicos y cadenas de televisión, arremetieron recientemente contra Jaled Abol Naga, un destacado actor, por sus comentarios contrarios al régimen. Los partidarios del hombre fuerte se ensañaron con el actor, acusándolo de sedición y de homosexualidad. Probablemente tendrá que abandonar el país para poder escapar de los servicios de seguridad.

Al ver ante sí un futuro prácticamente igual de negro, la activista política Zeinab Mahdí se suicidó hace poco; creía que la muerte era la única forma de escapar del sopor y el debilitamiento de su país. Zeinab, que abandonó los Hermanos Musulmanes durante el levantamiento de 2011 para unirse a la campaña presidencial de Abdel Moneim Abul Fotuh, quien fuera alto cargo de la Hermandad, era crítica tanto con el derrocado presidente Mohamed Morsi como con Sisi. Su decisión de suicidarse fue un intento de despertar a la opinión pública egipcia, que ha perdido totalmente el sentimiento revolucionario y las esperanzas de cambio.

Las instituciones estatales y grupos favorables al régimen están llevando a cabo feroces campañas contras cualquiera que participara en las revueltas o creyera en un futuro basado en la libertad y los derechos humanos. Incluyen a militares, policías, medios de comunicación, miembros del poder judicial y al denominado Partido Sofá, la –por desgracia– gran mayoría de los egipcios, que ha consentido, con su pasividad, que emerja un nuevo régimen despótico.

Muchos de los jóvenes revolucionarios del país han empezado a marcharse. Consideran que la emigración es preferible a la tortura y la cárcel. Pero, aunque dejen Egipto, esos emigrantes deberían seguir expresando sus opiniones, porque pueden ser faros de esperanza para la próxima generación. Al mismo tiempo, deben reflexionar y aprender de sus errores, especialmente de su decisión de asociarse con los Hermanos Musulmanes en 2012.

Pese a oponerse a sucesivos Gobiernos egipcios a lo largo de los años, los Hermanos Musulmanes no forman parte de la oposición. De hecho, sus partidarios y el régimen militar son dos caras de la misma moneda. Ambos ambicionan el poder a cualquier precio, aunque sea a costa de los egipcios y de sus sueños de un futuro mejor.

Fikra Forum