Contextos

La próxima guerra contra Hezbolá (y 2)

Por Jesús M. Pérez 

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"En Israel se habla abiertamente del uso de la fuerza de forma desproporcionada. Algo que sirva además como advertencia. La incógnita reside en saber en qué medida Hezbolá actúa como un actor racional y puede ser disuadido"

Hezbolá envió un dron a sobrevolar el norte de Israel por primera vez en noviembre de 2004. Se trataba de un aparato de diseño iraní. Un segundo caso tuvo lugar en abril de 2005. Luego, durante la guerra de 2006, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) derribaron varios drones de Hezbolá y capturaron en tierra modelos que no eran más que pequeños aviones teledirigidos. En octubre de 2012 un dron de Hezbolá fue derribado cerca de la central nuclear de Dimona.

Es por tanto previsible que los drones empleados en el futuro por Hezbolá sean más sofisticados gracias a la ayuda iraní. Por ejemplo, una instalación de Hezbolá en el valle de la Bekaa con una pista de más de 600 metros de longitud podría estar relacionada con el programa de desarrollo de drones, que ya ha dado sus frutos. Otra novedad: en agosto de 2016 Hezbolá mostró un vídeo de un dron lanzando pequeños proyectiles en Siria. El impacto militar en una guerra con Israel de un arma así sería reducido, pero, como reconoció un portavoz de Hamás después de enviar un dron a Israel, lograr que un aparato, aunque sea ridículamente armado, entre en el espacio aéreo israelí sirve con fines propagandísticos.

Hasán Nasrala prometió “liberar la Galilea” en la siguiente guerra contra Israel. Una promesa tan hiperbólica se ha leído entre líneas como el anuncio de que uno de los objetivos de Hezbolá será tomar territorio israelí, aunque sea por breve tiempo, para izar su bandera y lograr un gran golpe propagandístico. La vía usada sería la misma que la empleada por Hamás en Gaza para lanzar ataques sobre Israel: túneles subterráneos. Hace tiempo que en la unidad Yahalom de operaciones especiales del Cuerpo de Ingenieros del Ejército israelí se creó una subunidad especializada en la lucha en túneles, que ahora ha sido expandida y dotada de medios avanzados. Además, teniendo en cuenta las zonas de vegetación espesa que caracterizan la frontera entre el Líbano e Israel, se han hecho trabajos de acondicionamiento y en algunos lugares se han construido taludes de tierra.

Pero, sin duda, la cuestión clave en la próxima guerra será la lluvia de cohetes que Hezbolá tratará de lanzar sobre Israel. Las estimaciones israelíes son que Hezbolá cuenta con al menos 120.000 cohetes, y que tratará de lanzar al menos 1.000 al día para saturar las defensas israelíes. Por comparar: durante la guerra de 2006, que duró poco más de un mes, las autoridades israelíes contaron 4.228 cohetes caídos en su territorio.

Los cohetes de Hezbolá son de muy diversos tipos. La mayoría son de corto alcance, lanzados desde todoterrenos o tubos escondidos entre viviendas o vegetación. Pero también los hay pesados y de largo alcance. Uno de los éxitos menos conocidos de Israel en la guerra de 2006 fue que destruyó los arsenales estratégicos de cohetes de largo alcance de Hezbolá en la primera noche. Así que sólo el norte del país se vio afectado por los ataques de cohetes durante la contienda.

El objetivo declarado de Hezbolá es alcanzar con sus cohetes más pesados y de mayor alcance el zona metropolitana de Tel Aviv y el Aeropuerto Internacional Ben Gurión. Por un lado, Tel Aviv y su cinturón albergan a casi la mitad de la población de Israel. Por otro lado, el Ben Gurión es el principal aeropuerto del país. Que los cohetes de Hezbolá cayeran en Tel Aviv supondría llevar la guerra al corazón económico, financiero y comercial de Israel. Otros objetivos declarados de Hezbolá son la central nuclear de Dimona y la planta química de amoníaco en Haifa. Pero esta última tiene los días contados después de que un juez israelí ordenara su cierre y estará libre de productos químicos para el próximo 1 de abril.

La solución de Israel a los cohetes de Hezbolá es tecnológica: el desarrollo de los sistemas de defensa Cúpula de Hierro y Onda de David. El primero ha sido ya probado en los conflictos con Hamás, y ha destruido numerosos cohetes lanzados desde la Franja de Gaza. El segundo entrará en servicio el 2 de abril: tiene más alcance que Cúpula de Hierro y está pensado para hacer frente a misiles balísticos y cohetes pesados.

Otro desarrollo que tendrá gran relevancia en la próxima guerra de Israel con Hezbolá es el programa Tsayad de comunicaciones digitales, que viene a cubrir unas de las carencias observadas en la guerra de 2006. Con el nuevo sistema las comunicaciones entre cuarteles generales y soldados en el frente, o entre las tropas de tierra, mar y aire, será más fácil. Así, un soldado en el frente o un operador de dron que observe el lanzamiento de cohetes de Hezbolá podrá transmitir rápidamente imágenes y las coordenadas de la lanzadera a las fuerzas capaces de dar una respuesta más temprana, sean de tierra, mar o aire, lo que acortará el tiempo entre observación del blanco y respuesta.

Además, para hacer frente al lanzamiento de cientos de cohetes de Hezbolá, que podrían saturar la capacidad de respuesta de la aviación, Israel está desarrollando sus propios diseños de cohetes pesados de largo alcance, y también cohetes más ligeros que puedan dispararse en salvas rápidamente.

Pero el verdadero desafío de la próxima guerra de Israel contra Hezbolá será estratégico, no tecnológico. La mayoría de las tácticas de Hezbolá están centradas en alcanzar no objetivos militares, sino un fuerte impacto en la opinión pública israelí: cohetes que caigan en Tel Aviv o su bandera ondeando en territorio israelí. La cuestión, por tanto, es cómo presionar al gobierno y a la base social de Hezbolá en una guerra abierta. En Israel se habla abiertamente del uso de la fuerza de forma desproporcionada. Algo que sirva además como advertencia. La incógnita reside en saber en qué medida Hezbolá actúa como un actor racional y puede ser disuadido.

– “La próxima guerra contra Hezbolá” (1).