Contextos

La próxima guerra contra Hezbolá (1)

Por Jesús M. Pérez 

Logo de Hezbolá.
"Tan pronto entró en vigor el alto el fuego que puso fin a la guerra del verano de 2006 entre Israel y la organización libanesa Hezbolá, ambos bandos empezaron a prepararse para la próxima contienda. La idea compartida a ambos lados de la frontera es que aquella no sería la última guerra. Más de diez años después, se sigue debatiendo y especulando sobre cómo será la próxima, que se da por segura"

Tan pronto entró en vigor el alto el fuego que puso fin a la guerra del verano de 2006 entre Israel y la organización libanesa Hezbolá, ambos bandos empezaron a prepararse para la próxima contienda. La idea compartida a ambos lados de la frontera es que aquella no sería la última guerra. Más de diez años después, se sigue debatiendo y especulando sobre cómo será la próxima, que se da por segura.

Los balances realizados en Israel inmediatamente después de la guerra fueron muy negativos. Y en ese contexto Hezbolá lanzó mensajes triunfantes que fueron consumidos acríticamente en Occidente (véase “Guerra Israel-Hezbolá: la estupefaciente mirada española”). Pero el propio Nasrala confesó no mucho después del alto el fuego, durante una entrevista para una cadena de televisión árabe, que de haber llegado a prever la respuesta israelí al ataque a una patrulla militar en la frontera con el Líbano nunca hubiera provocado los acontecimientos que llevaron al conflicto.

El paso del tiempo ha aportado una perspectiva diferente. El teniente general Gadi Eisenkot, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel, habló el año pasado de “una década de silencio en el Norte”. No debemos olvidar que el ataque de Hezbolá en territorio israelí tuvo lugar en medio de la operación israelí Lluvias de Verano para frenar el lanzamiento de cohetes por parte de organizaciones palestinas desde la Franja de Gaza. El ataque de Hezbolá abrió un segundo frente para Israel. Sin embargo, en posteriores conflictos armados entre Israel y las organizaciones yihadistas palestinas de la Franja (recordemos las operaciones Plomo Fundido, Pilar Defensivo y Margen Protector) no hubo una nueva intervención de Hezbolá. La guerra del Líbano de 2006 provocó un efecto disuasorio en el plano estratégico. Evidentemente, hoy hay que incluir la guerra civil siria entre los factores que explican la calma en la frontera entre Israel y el Líbano.

Al concluir el conflicto de 2006, Irán acudió rápidamente a reabastecer los arsenales de Hezbolá vía Siria. Esa conexión es una las razones importantes que justifican el gasto de vidas y recursos que ha hecho el régimen iraní para sostener a Bashar al Asad en el poder en Damasco. Sin la conexión siria, el abastecimiento iraní a Hezbolá se vería seriamente complicado. Las operaciones especiales israelíes que interceptaron en alta mar buques cargados de armas destinados a grupos palestinos, como el Karine A en 2002 y el KLOS C en 2014, dejaron constancia de la larga mano de los servicios de inteligencia y las Fuerzas de Defensa de Israel, además de la vulnerabilidad de los envíos de armas iraníes por mar.

La operación iraní de reabastecimiento a Hezbolá tras la guerra de 2006 fue extensa. Según se jactó el secretario general de la organización libanesa, Hasán Nasrala, dos años después ya contaban con más combatientes y más armamento que antes de la contienda. Las estimaciones israelíes son que Hezbolá pasó de contar 14.000 cohetes antes de la guerra a 40.000 dos sólo años después. Esa cifra siguió creciendo.

La cuantiosa ayuda iraní a Hezbolá tiene obligaciones aparejadas. Así, cuando las bajas en combate y las deserciones diezmaron al Ejército sirio, Teherán metió a Hezbolá en la guerra como si de un movimiento de peón en un tablero de ajedrez se tratara. La intervención de Hezbolá en Siria en 2013 fue decisiva en la batalla de Al Quseir, que permitió al régimen mantener comunicadas Damasco y la región costera. Además, Irán ganó tiempo mientras organizaba las milicias sirias leales a Bashar al Asad y reclutaba combatientes chiíes de Iraq, Pakistán y Afganistán (véase “Quién sostiene a Bashar al Asad”). Pero ha tenido costes importantes para Hezbolá.

Se calcula que en la guerra siria han fallecido 1.300 combatientes de Hezbolá, y unos 6.000 han resultado heridos. Esta guerra, donde se combate a un enemigo musulmán, no ha resultado muy popular entre la base social de Hezbolá, que ha organizado funerales discretos para sus caídos en Siria y ahora justifica su participación en la contienda como una forma de defender al Líbano de la expansión del yihadismo suní. La implicación de Hezbolá en Siria significa que ahora mismo difícilmente podría enfrentarse a Israel. Y parece que hay consenso en que mientras la guerra civil siria continúe y Hezbolá participe en ella, la frontera norte Israel estará tranquila.

Hezbolá ha hecho combatir en Siria a miles de sus miembros, principalmente como infantería ligera, lo que les ha dado una experiencia valiosa, al luchar codo con codo con tropas sirias, rusas e iraníes. De paso, Hezbolá ha recibido medios pesados de los arsenales sirios. A mediados de noviembre de 2016 realizó un desfile militar en Al Quseir donde mostró carros de combate y otros blindados. Es un gran salto para un grupo que practicaba hasta hace poco la guerra irregular. Pero sería un error si Hezbolá intentara en un futuro enfrentarse a Israel con sus blindados, porque derrotar a fuerzas mecanizadas es el tipo de guerra para el que las Fuerzas de Defensa de Israel más se han preparado durante décadas.

La incógnita es la cantidad de armamento avanzado y sofisticado que ha llegado a Hezbolá. En la guerra de 2006 sorprendió a la Armada israelí con el empleo de misiles antibuque de origen chino entregados por Irán. Un misil impactó en la corbeta Hanit, lo que provocó la muerte de sus tripulantes. Repetidas operaciones de las Fuerzas de Defensa de Israel en Siria han volado por los aires almacenes y convoyes con sistemas antiaéreos Pantsir-S1 y antibuque Bastion-P de origen ruso (véase “Israel sigue efectuando bombardeos quirúrgicos en Siria”) destinados a Hezbolá. El sistema de defensa costera Bastion-P emplea un misil supersónico con capacidad de ser usado además como un misil de crucero contra objetivos en tierra. Así que, de llegar a manos de Hezbolá, pondría a Israel frente a una amenaza a la que no se ha enfrentado ningún país occidental.