Contextos

La Primavera Árabe, vista con realismo

Por Robert I. Lappin 

Niña siria
"La esperanzadora Primavera Árabe ha metarfoseado en invierno del desespero. Cientos de miles de árabes han sido mutilados o muertos; millones, arrancados de sus hogares como consecuencia de la guerra"

La esperanzadora Primavera Árabe ha metarfoseado en invierno del desespero. Cientos de miles de árabes han sido mutilados o muertos; millones, arrancados de sus hogares como consecuencia de la guerra intestina en Siria e Irak, que ahora se extiende Yemen, el Líbano y otros países del Medio Oriente, exacerbada por la increíble brutalidad del Estado Islámico.

Nada de lo que están haciendo el presidente Obama y otros líderes mundiales puede detener este desastre. Las llamas de la furia insensata se devorarán a sí mismas en los próximos años.

Sin rebajar la pena y la desesperación que cualquier persona decente siente ante semejante tragedia humana, justo es advertir que Estados Unidos, Israel, los países occidentales y nuestra civilización están más a salvo de las acometidas de líderes religiosos musulmanes como consecuencia de esa lucha por la hegemonía regional.

Es importante observar que, como resultado de la retirada de nuestras tropas, Irak está condenado a una partición entre chiíes, suníes y kurdos. Estados Unidos ha de reconocer esta eventualidad, y comprometerse a prestar un rotundo y generoso apoyo al Kurdistán, que se convertirá en una nación aliada con impulsos democráticos.

Desde una perspectiva más amplia, diciembre de 2014 arrojo un tremendamente importante rayo de esperanza para un mundo libre de la tiranía islámica, en forma de un discurso del presidente egipcio, Abdel Fatal al Sisi, a su país poco divulgado.

Con extrordinario coraje, el presidente Sisi dijo:

Es inconcebible que la ideología que santificamos haga de nuestra nación una fuente de preocupación, peligro, muerte y destrucción en todo el mundo (…) Se ha llegado al punto de que [esta ideología] es hostil a todo el mundo. ¿Es concebible que 1.600 millones [de musulmanes] quieran matar a los 7.000 millones de habitantes de la Tierra, para que puedan vivir [a sus anchas]? Es inconcebible (…) Necesitamos revolucionar nuestra religión (…)

Como el Kurdistán, Egipto y el presidente Sisi, incluso con defectos que nos ofenden, deben ser fuertemente respaldados, para permitir que su llamado a la cordura islámica se convierta en una realidad esencial para un mundo en paz.

Sin embargo, todas estas apuestas pueden venirse abajo, y las oportunidades para la paz desperdiciarse o perderse para siempre, si se permite a Irán hacerse con la bomba. La adquisición de ese armamento de destrucción masiva por parte de Irán alterará el equilibrio de poder dentro y fuera de la región, amenazando nuestras costas y concediendo gran poder a un régimen despiadado que llama a nuestra destrucción, así como a la de Israel y la civilización occidental. La mera aplicación de crecientes sanciones pondrá de rodillas a ese país bandido, como ya fue el caso antes de las negociaciones en curso. Si fuera necesario, una campaña aérea podría derivar en un golpe de Estado. Se produciría un cambio de régimen, el mundo libre disfrutaría con la caída de un sistema despótico y podría centrarse con más facilidad en la creciente agresividad de Rusia y China.

Sólo entonces podremos tener paz.

© Versión original (en inglés): The Algemeiner
© Versión en español: Revista El Medio