Revista de Prensa

La ONU no puede seguir así

 

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Ariel Bolstein, fundador de la organización Faces of Israel, aplaude la decisión del Gobierno israelí de cortar los fondos destinados a financiar la ONU, tras la resolución de condena de los asentamientos israelíes del mes pasado. Bolstein, además, propone otra serie de medidas para cambiar las reglas del juego en la organización internacional.

El odio hacia Israel ha impregnado a la mayoría de las agencias de la ONU y al menos cuatro de sus organismos y programas están diseñados exclusivamente en clave antiisraelí. (…) Todos ellos manejan grandes presupuestos anuales para llevar a cabo sus propósitos, y casi a diario puede escuchárseles vomitando propaganda e incitando contra Israel. Sorprende que los salarios de docenas de funcionarios encargados de esparcir mentiras sobre Israel estén siendo financiados, en gran parte, por los contribuyentes occidentales. No hay razón para seguir aceptando resignadamente esta situación.

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La llegada del presidente electo estadounidense, Donald Trump, y de un nuevo secretario general a la ONU proporcionan una buena oportunidad para reescribir las reglas del juego. (…) Si no es así, la nueva Administración americana puede dejar que los legisladores republicanos hagan lo que están deseando hacer desde hace mucho tiempo: revocar el apoyo financiero a la ONU. De hecho, pasos provisionales como la oposición a la continuidad de las tropas de la UNIFL [siglas en inglés de la misión de cascos azules en el Líbano] puede que sean suficientes. Lo importante es poner fin, de una vez por todas, a la tradición de servilismo hacia la mayoría antidemocrática de las Naciones Unidas.

Eyal Zisser, vicerrector de la Universidad de Tel Aviv, aclara por qué el traslado de la embajada estadounidense a la capital del Estado judío no va a ser la espita de una nueva oleada de conflictos en Oriente Medio, como insiste en advertir el secretario de Estado norteamericano, John Kerry.

El ataque terrorista en Jerusalén se produce pocos días después de que el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, decidiera advertir a Trump contra la reubicación de la embajada americana, pues provocaría un incendio en toda la región.

Quizá Kerry no se ha dado cuenta de que Oriente Medio está ardiendo desde hace ya algún tiempo. Las llamas han consumido Libia, Siria, el Yemen e Irak. De todos esos lugares, que representan la prueba viviente de su política fracasada, el secretario de Estado saliente elige centrarse específicamente en el conflicto palestino-israelí y repetir el mismo mantra cansino de que los problemas de la región tienen su origen en la lucha entre israelíes y palestinos.

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¿Por qué el traslado de la embajada americana de Tel Aviv a Jerusalén no es inherentemente peligroso y por qué es posible ‘vender’ esa decisión al mundo árabe? Porque cualquier persona razonable entiende que eso no cambiaría el estatus de la ciudad o la realidad existente de manera significativa, ni causaría un giro en las posiciones fundamentales de Washington respecto al conflicto.

El analista turco Semih Idiz critica el proyecto de reforma constitucional, que ya ha iniciado su trámite parlamentario, impulsado por el partido del presidente Erdogan. A su juicio, el borrador de esta reforma, en caso de ser aprobado, dejará el país a merced de los designios de un jefe del Estado convertido prácticamente en dictador.

Utilizando su mayoría parlamentaria, el gobernante Partido de la Justicia y el Desarrollo, con ayuda de la formación de extrema derecha Partido del Movimiento Nacionalista, ha redactado una Constitución que elimina cualquier obstáculo al que el presidente pudiera enfrentarse.

No es difícil imaginar quién se beneficiará de este esfuerzo. Bajo el sistema propuesto, el presidente dirigirá el país de acuerdo con su particular punto de vista, porque lo que se propone es que sea también el líder de un partido político.

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Empleando una lógica elemental que hasta un niño podría comprender, está claro que la nueva Constitución en ciernes, incluso si se aprueba en referéndum, sólo representará a los que suscriben los postulados del presidente.

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Por lo tanto, todo lo que podemos esperar con el sistema propuesto es un mayor número de problemas. Cualquiera que piense de otra manera sólo tiene que mirar alrededor para comprobar lo delirante que resulta esperar algo más.