Revista de Prensa

La obsesión de Obama con Netanyahu

 

Barack Obama y Benjamín Netanyahu.

Mitchell Bard, director de la American Israeli Cooperative Enterprise (AICE) y autor prolífico de libros sobre Israel y Oriente Medio, pone de manifiesto la fijación del presidente estadounidense con Israel y su primer ministro, a pesar de que son el único aliado fiable de Occidente en la región.

– EEUU tiene tropas combatiendo en Afganistán, Irak y Siria.

– Los terroristas están asesinando a civiles en las calles de París y Bruselas y amenazando a América.

– Rusos y chinos están pisoteando impunemente nuestros intereses.

– Irán ha acumulado concesiones de EEUU mientras sigue fomentando la inestabilidad [en Oriente Medio], apoyando el terrorismo global y probando poderosos misiles balísticos en violación de las resoluciones de la ONU.

– Los saudíes y otros aliados árabes están furiosos con la indiferencia de la Administración hacia sus intereses y su política desnortada en Oriente Medio.

Seguro que me dejo cosas fuera, pero lo más chocante es que, con todas esas amenazas sobre los intereses americanos, el presidente parezca obsesionado con difamar al líder del único país que se identifica realmente con los valores e intereses americanos. Por supuesto, a estas alturas no es un secreto que Barack Obama odia a Benjamín Netanyahu, pero su fijación con él se ha convertido en una obsesión que ha dañado las relaciones americano-israelíes y socavado nuestros mutuos intereses.

David A. Weinberg, de la Fundación para la Defensa de las Democracias, explica los motivos fundamentales que otorgan al viaje del presidente norteamericano a Riad una importancia especial. Sobre el tapete están la necesidad de una mayor cooperación con los países del Golfo en materia de seguridad y el avance en la resolución de los conflictos bélicos de la zona. Pero hay más asuntos cruciales.

Funcionarios de la Casa Blanca han indicado (…) que “los desafíos económicos (…), el buen gobierno, la inclusividad y los derechos humanos” estarán en la agenda del presidente Obama, que busca formas con las que América pueda ayudar a sus socios del Golfo a manejar “las aspiraciones de sus pueblos” y a ser económicamente más diversificados y seguros.

David Daoud y David A. Weinberg, de la Fundación para la Defensa de las Democracias, aprovechan la visita de Obama a Arabia Saudí para poner de manifiesto que queda mucho aún para que Riad haga honor a su compromiso de acabar con el radicalismo.

Salé ben Humaid está considerado un miembro relativamente moderado del ‘establishment’ religioso del reino, pero algunos de sus mensajes son profundamente intolerantes para los estándares estadounidenses. Ha proclamado, por ejemplo, que “está en la naturaleza del pueblo judío conspirar contra los pueblos del mundo, permitir la usura, promover la inmoralidad y quedarse ilegalmente con las riquezas de la gente”. En marzo clamó por un Día del Juicio que “quiebre la cruz” de la Cristiandad y reponga la yizia, un impuesto que convierte a los no musulmanes en ciudadanos de segunda clase.

(…)

Los mensajes religiosos que Arabia Saudí promueve dentro y fuera de sus fronteras tienen implicaciones para la seguridad internacional, al contribuir a radicalizar a los musulmanes en lugares como Bélgica y al difundir material intolerante en libros de texto. (…) Mientras albergue a clérigos que predican la intolerancia hacia el otro, en la lucha contra el terrorismo Arabia Saudí seguirá siendo más un pirómano que un bombero.