Contextos

La mano derecha de Maduro, un "fan de Irán y Hezbolá"

Por Pablo Molina 

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"Maduro espera que Aissami ejerza una feroz represión contra la disidencia democrática"

La incompetencia de los chavistas ha llevado a Venezuela a una situación de miseria abrumadora. La ruina económica –con una inflación de tres dígitos–, la represión de la oposición democrática, la corrupción galopante y la violencia institucional están llevando al régimen a un callejón sin salida, al final del cual asoma la posible destitución del presidente Maduro y la convocatoria urgente de elecciones.

En este contexto de grave inestabilidad política y social, Nicolás Maduro ha elegido vicepresidente a Tareck el Aissami, gobernador del estado de Aragua. Aissami podría, pues, convertirse en el hombre fuerte del chavismo en un momento especialmente crítico.

Para saber quién es realmente el flamante vicepresidente venezolano, nada mejor que acudir a los datos que proporciona Emanuele Ottolenghi, de la Foundation for Defense of Democracies, uno de los analistas que más y mejor han estudiado las conexiones de Irán con las tiranías marxistas del continente americano, en un texto en el que se describe a Aissami como “fan de Irán y de Hezbolá”.

El oscuro personaje elegido por Maduro tiene un pasado que lo vincula precisamente al régimen de Teherán, con el que Hugo Chávez estableció estrechos lazos de cooperación durante la presidencia de Mahmud Ahmadineyad. Desde entonces, Venezuela ha sido una plataforma preferente para las actividades de Irán en Sudamérica; plataforma utilizada también profusamente por Hezbolá, grupo terrorista chií libanés dependiente asimismo de la teocracia iraní.

En este contexto de intensa colaboración entre ambos regímenes aparece la figura de Tareck el Aissami:

A la edad de 29 años, Aissami se convirtió en director de Onidex, la agencia venezolana encargada de los servicios de pasaporte y naturalización. Aissami utilizó su posición para emitir pasaportes falsos, documentos personales y tarjetas de identidad [en beneficio de] operativos árabes e iraníes, que en consecuencia entraron a y viajaron por la región como ciudadanos venezolanos. Algunos de ellos se unieron a su intrincada red de negocios en Panamá y la propia Venezuela.

Maduro espera que, en esta fase aguda de protestas y movilizaciones contra el régimen, Aissami ejerza una dura labor de represión en todos los órdenes. Esa podría ser, según Ottolenghi, la razón del reciente viaje de una delegación sudamericana a Teherán, cuyo objetivo sería formar una fuerza paramilitar de voluntarios al estilo de las milicias Basij, creadas por Jomeini en 1979 bajo el mando directo de la Guardia Revolucionaria Iraní. Venezuela tiene ya, de hecho, un operativo similar denominado REMI (Redes de Movilización Inmediata), inspiradas precisamente en el modelo de milicias iraníes que tanto se significaron en la represión de las protestas registradas en Irán en la República Islámica tras las elecciones de 2009.

Aissami es, de hecho, el director de un peculiar comité antigolpe, que tiene el mandato expreso de combatir lo que Maduro denomina conspiraciones de la extrema derecha. Las similitudes de este operativo con los desplegados por los represores iraníes son claras; además de que “ayudar al éxito de Venezuela en este campo es un asunto del mayor interés para Irán”, sostiene Ottolenghi. Que añade:

Para Irán y Hezbolá, la continuidad del bolivarianismo en Venezuela es crucial para sus operaciones latinoamericanas, en las que Caracas es un trampolín hacia el resto de la región. Para Maduro, Teherán representa una garantía clave de seguridad para la supervivencia de su régimen.

Ahora bien, Ottolenghi ve en la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca un factor de peso que podría cambiar la relación actual de Washington con Caracas.

EEUU no deben ignorar ni minimizar estos hechos. Venezuela es un Estado fallido y una puerta de entrada para el crimen organizado. El hecho de que su régimen violento confíe su supervivencia a un facilitador de los intereses iraníes en Latinoamérica debería hacer que la Administración entrante priorice el futuro de Venezuela en su política exterior y busque debilitar la influencia de Irán en Caracas.