Contextos

La liberación de Jonathan Pollard no debería aplacar las críticas al acuerdo con Irán

Por Max Boot 

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"Sea cual sea el motivo que hay tras la liberación de Pollard, ello no tiene nada que ver con las bondades del acuerdo nuclear con Irán, un pacto terrible no sólo para Estados Unidos y nuestros aliados árabes, sino sobre todo para Israel""Se supone que Hezbolá tiene actualmente entre 70 y 80 mil misiles apuntando a Israel. ¿Cuántos más tendrá dentro de pocos años, en cuanto Irán sea aún más rico y esté libre de los embargos de armas convencionales y misiles balísticos?"

A diferencia de muchos israelíes y judíos norteamericanos, nunca he sido fan de Jonathan Pollard. Era un traidor y un espía y se merecía lo que le pasó, aunque se le impuso una condena inusualmente larga por revelar información secreta a un aliado, no a un enemigo, de Estados Unidos. Pero ya ha cumplido 30 años de cárcel, y no hay ninguna buena razón por la que se le deba negar la libertad condicional. Ahora parece ser que, en efecto, será liberado a finales de noviembre.

Washington dice que no es más que el proceso normal según el sistema legal vigente. En cambio, el Wall Street Journal dice que se trata de una decisión adoptada por la Administración por motivos políticos, “esperando que este paso suavice las relaciones con Israel tras el acuerdo nuclear con Irán”. No sé a quién creer en este caso; la verdad es que espero que su liberación no sea el equivalente de los proyectos de ley que benefician a los distritos de los legisladores para ganarse su apoyo en otras leyes importantes.

En cualquier caso, sea cual sea el motivo que hay tras la liberación de Pollard, ello no tiene nada que ver con las bondades del acuerdo nuclear con Irán, un pacto terrible no sólo para Estados Unidos y nuestros aliados árabes, sino sobre todo para Israel. Si bien la República Islámica supone una amenaza para Arabia Saudí, Baréin y otros países (por no hablar de las gentes del Líbano, Irak, Siria y el Yemen que sufren la opresión de las milicias apoyadas por los iraníes), no pretende destruir a ninguno de dichos Estados. En cambio, desde la revolución iraní, Teherán se ha empeñado en erradicar a la entidad sionista, un objetivo genocida que ha tratado de alcanzar haciendo llegar armas y dinero a grupos terroristas como Hamás y Hezbolá. La capacidad de los mulás para semejantes ataques aumentará de forma exponencial una vez se levanten las sanciones y en sus arcas entren más de 100.000 millones de dólares de financiación extra.

Se supone que Hezbolá tiene actualmente entre 70 y 80.000 misiles apuntando a Israel. ¿Cuántos más tendrá dentro de pocos años, en cuanto Irán sea aún más rico y esté libre de los embargos de armas convencionales y misiles balísticos? No hay duda de que Hezbolá ya puede alcanzar cualquier punto de Israel; dentro de poco podrá dirigir varios cohetes a cada objetivo. Es cierto que los israelíes cuentan con sistemas de defensa antimisiles como Cúpula de Hierro y el PAC-3, pero esos sistemas pueden verse superados (y probablemente lo sean) por semejante aluvión, sobre todo si éste va acompañado de cohetes lanzados desde la Franja de Gaza.

Puede que Mike Huckabee sea culpable de emplear un discurso rimbombante y de mal gusto cuando afirma que el acuerdo pondrá a los israelíes “a las puertas del horno”, expresión que resulta ofensiva, y no poco, porque supone que los israelíes son víctimas indefensas que permitirán que las sometan sin resistirse a otro Holocausto. Pero lo cierto es que el acuerdo nuclear con Irán aumentará enormemente el peligro para Israel, y supondrá un riesgo existencial una vez los iraníes se hagan con armas nucleares, algo que está prácticamente garantizado que harán al término del acuerdo, en unos diez años. Para entonces, probablemente Israel ni siquiera contará con la opción de bombardear las instalaciones nucleares iraníes, porque estarán bien protegidas por avanzados sistemas de defensa aérea proporcionados de forma legal por Rusia, y probablemente por otros países.

Así que, si bien es indudable que los israelíes se alegrarán de la liberación de Pollard, dudo enormemente que ello haga que muchos de ellos moderen su opinión sobre el acuerdo nuclear iraní, y tampoco deberían hacerlo. Pollard es, desde el punto de vista israelí, una noticia de interés humano; Irán es una cuestión de vida o muerte. Los israelíes tienen razón al manifestar su oposición al acuerdo iraní aunque ello desagrade enormemente al presidente Obama y al secretario Kerry. Los puntos de vista de nuestros aliados merecen más atención cuando el Gobierno estadounidense considera acciones que afectarán enormemente a su bienestar.

© Versión original (en inglés): Commentary
© Versión en español: Revista El Medio