Contextos

La libanización de Siria (1)

Por Jesús M. Pérez 

El presidente de Rusia, Vladímir Putin
"La suerte de Palmira refleja que las cosas sobre el terreno son más complicadas de lo que reflejaron algunos análisis publicados tras el anuncio ruso de la retirada de sus fuerzas de Siria en marzo de 2016."

La victoria en la ciudad de Alepo permitió consolidar el dominio del régimen de Bashar al Asad sobre la zona que antes de la guerra civil era la más poblada y productiva del país, el eje Damasco-Homs-Mama-Alepo y la franja mediterránea de Latakia y Tartús. Sin embargo, el conflicto está lejos de su fin. Han quedado abierto fracturas sectarias, el Gobierno central sólo se sostiene gracias a potencias extranjeras y las áreas en manos kurdas y turcas difícilmente volverán al control de Damasco.

En septiembre de 2016 el analista militar ruso Mijaíl Jodarenok, coronel retirado, publicó en Gazeta.ru un artículo bastante crítico con las fuerzas armadas sirias. Jodarenok se quejaba entonces, entre otras muchas cosas, de la falta de un mando central en el esfuerzo bélico, dando a entender que las fuerzas iraníes luchaban en Siria sin coordinación con las rusas. Jodarenok se quejaba también de la falta de profesionalidad del Ejército sirio, tanto del alto mando como de los soldados de primera línea. Y describía un panorama en el que los comandantes sirios actuaban en cada frente por su cuenta y con una logística totalmente independiente, eufemismo para referirse a la economía de guerra. Jodarenok reconocía así la fragmentación del poder en Siria, con una serie de líderes militares leales al régimen pero que operan en la práctica como señores de la guerra que han convertido el conflicto en una oportunidad para hacer fortuna. Jodarenok denunciaba precisamente cómo el secuestro y la extorsión se habían convertido en fuentes de ingresos para comandantes militares y oficiales del aparato de seguridad cuyas acciones contra minorías como la cristiana y la turcómana había alejado a éstas del régimen.

Tobias Schneider ha dado cuenta del caso de una milicia de Hama que vio cómo uno de sus líderes era detenido por sus excesos por órdenes del régimen en enero de 2016; posteriormente fue liberado por mor del mantenimiento de las lealtades tribales. Así pues, el bando gubernamental es un mosaico de fuerzas en el que Bashar al Asad es el líder nominal, mientras que en la práctica no ejerce un verdadero control sobre quienes luchan en su nombre (Véase “Quién sostiene a Bashar al Asad”). Y de la misma manera que las autoridades iraníes han enviado efectivos a combatir a Siria y organizado milicias locales replicando el modelo Basij, Rusia ha ayudado a crear una fuerza militar siria mientras mantiene relaciones estrechas con milicias locales.

En noviembre de 2016 el Gobierno sirio anunció una campaña de captación de voluntarios para la creación de la V Legión, ofreciendo una amnistía a quienes hubieran huido del servicio militar y prometiendo a los funcionarios cobrar adicionalmente su salario original. La V Legión ha sido entrenada por militares rusos y dotada de carros de combate T-62M y vehículos de combate de infantería BMP-1 procedentes de Rusia. Por su antigüedad, proceden probablemente de viejos almacenes de la Guerra Fría. Queda la duda de si el Gobierno sirio no contaba con recursos para comprar medios mejores o si se trata de una donación rusa de material prescindible.

Este mismo mes se anunció el despliegue de la V Legión al este de Homs, en el marco de una nueva ofensiva para liberar los campos de gas natural al norte de Palmira. La suerte de ese lugar refleja las dificultades de los esfuerzos rusos en Siria. Palmira fue liberada del Estado Islámico en abril de 2016. El Gobierno ruso celebró la victoria por todo lo alto el 5 de mayo, con el concierto de música clásica Oremos por Palmira, celebrado en las ruinas del teatro romano y en el que actuó la orquesta del Mariinski de San Petersburgo bajo la batuta de Valeri Guérguiev, amigo personal del presidente Putin. Pero Palmira volvió a caer en manos del Estado Islámico en diciembre de ese mismo año. La defensa de las fuerzas gubernamentales colapsó y en su huida los militares sirios dejaron montañas de armas y municiones, además de vehículos blindados y artillería. El Estado Islámico difundió imágenes, en las que se veían objetos personales de soldados rusos, reveladoras de lo caótico y precipitado de la huida.

La suerte de Palmira refleja que las cosas sobre el terreno son más complicadas de lo que reflejaron algunos análisis publicados tras el anuncio ruso de la retirada de sus fuerzas de Siria en marzo de 2016. La misión quedó lejos de completarse. Precisamente un mes después de aquella retirada en falso tuvo lugar la primera ofensiva hacia Palmira. Y ahora queda pendiente una segunda, mientras se anuncia el despliegue de fuerzas rusas procedentes del Cáucaso. Tras el envío de un contingente de policía militar procedente de Chechenia, se ha anunciado el envío de un batallón de policía militar procedente de la república caucásica de Ingusetia. Las fuerzas rusas, pues, no se reducen sino que aumentan. La intervención rusa en Siria va para largo.