Contextos

La libanización de Siria (2)

Por Jesús M. Pérez 

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"Si el objetivo del Gobierno turco es ampliar sus dominios en Siria, le quedan dos opciones. Una es avanzar hacia el sur y entrar en guerra con el régimen de Bashar al Asad. Y la otra es avanzar hacia el este, en dirección al Éufrates, y luchar contra las Fuerzas Democráticas Sirias"

Mientras Turquía era la promesa de un Islam moderno y democrático, el académico y diplomático Ahmet Davutoğlu fue el cerebro gris de su política exterior. Davutoğlu fue autor de la obra Profundidad Estratégica: la posición internacional de Turquía (Stratejik Derinlik). En este libro, publicado el año previo a la llegada al poder del islamista Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), Davutoğlu expone que Turquía debe tener una política exterior activa en el norte de África, los Balcanes y Oriente Medio. El área geográfica considerada de interés estratégico para Turquía por Davutoğlu no por casualidad coincidía con los límites del Imperio Otomano. Así que periodistas y académicos emplearon el término neo-otomanismo para referirse a la nueva política exterior turca, que superaba el objetivo kemalista de una proyección hacia Europa y Occidente.

Davutoğlu rechazó el término por sus connotaciones imperiales y destacaba que la política exterior turca buscaba “cero problemas con los vecinos”. Fue ministro de Asuntos Exteriores (2009-20014) y luego primer ministro (2014-2016), mientras el país vivía una deriva autoritaria (véase “Turquía ya no es el país del futuro”), y finalmente se fue del Gobierno por la puerta de atrás. Cuando en agosto de 2016 Turquía intervino en Siria directamente, con sus fuerzas militares cruzando la frontera, pudo verse una columna de blindados ACV-15 abandonando su cuartel rumbo a la batalla entre vítores y aplausos de los militares mientras sonaba por megafonía música de guerra otomana.

La operación militar turca, denominada Escudo del Éufrates, arrancó el 24 de agosto de 2016. Más allá de los discursos políticos, el objetivo de la intervención se hace evidente mirando un mapa de la situación de las líneas de frente. Bajo el pretexto de expulsar al Estado Islámico de la frontera turco-siria, las fuerzas turcas entraron en Siria para formar una cuña entre los dominios kurdos de de Efrin y Kobani. Y es que la presencia del Estado Islámico no pareció molestar durante años a las autoridades turcas.

La frontera turco-siria fue ruta de entrada de voluntarios extranjeros y suministros de todo tipo, como atestiguan las investigaciones sobre el terreno del Conflict Arms Research. La organización británica documentó que los dos principales ingredientes de las bombas del Estado Islámico, pasta de aluminio y fertilizantes compuestos de nitrato de amonio, procedían de Turquía. La pasta de aluminio era originaria de países como Brasil o Rumanía, pero había llegado a manos del Estado Islámico por medio de distribuidores turcos. Mientras que los fertilizantes eran producidos por empresas turcas como Mert Global o Vitagro Gubre Dagitim. Su venta no estuvo regulada en Turquía hasta que la tragedia llamó a la puerta con el atentado con bomba en Estambul del 7 de junio de 2016.

La línea roja para el Gobierno de Ankara fue el avance hacia el oeste, más allá de la orilla occidental del Éufrates, de las fuerzas kurdas. Un avance que iba a permitir la consolidación de una entidad kurda con continuidad geográfica en el norte de Siria. Paradójicamente, las fuerzas kurdas que combaten en el norte de Siria cuentan con el apoyo de Estados Unidos. La intervención estadounidense salvó in extremis la ciudad de Kobani de caer en manos del Estados Islámico a finales de 2014. Y a partir de enero de 2015 las fuerzas kurdas han estado a la ofensiva. Hoy avanzan hacia Ar Raqa, la capital del Estado Islámico.

Las fuerzas kurdas del norte de Siria las componen las Unidades de Protección Popular (YPG), que tienen además una rama femenina (YPJ). Políticamente son estalinistas y aliados del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), organización designada terrorista por el Departamento de Estado estadounidense. Así que, antes de que alguien cuestionara la estrategia del Gobierno de Obama, aparecieron como organización pantalla las Fuerzas Democráticas Sirias, que también engloban a grupos armados de  siríacos cristianos y árabes suníes.

El avance turco hacia el interior de Siria se sucedió sin muchos problemas, con un desplome de las defensas del Estado Islámico que hizo pensar a los más desconfiados en algún tipo de acuerdo bajo la mesa. En menos de dos semanas el Estado Islámico había perdido el control del tramo de la frontera turco-siria. Pero a la operación Escudo del Éufrates le llevó desde octubre de 2016 a febrero de 2017 liberar la misma superficie de territorio sirio en manos del Estado Islámico que había logrado en sus dos primeros meses. Los sucesivos ataques lanzados desde noviembre de 2016 para tomar la ciudad de Al Bab se estrellaron repetidamente, con pérdidas significativas de blindados.

Al Bab no fue tomada definitivamente por las fuerzas lideradas por Turquía hasta el día 23 de febrero de 2017. Quizá los reveses militares a las puertas de la ciudad siria fueron un síntoma de la debilidad del Ejército turco tras las purgas que siguieron al golpe de Estado del pasado mes de julio. Pero el principal punto débil del esfuerzo militar turco es que ha usado como fuerza principal a grupos rebeldes sirios, fuerzas yihadistas incluidas. Su uso instrumental al servicio de Turquía los ha mostrado finalmente como peones del juego de Ankara. Algo que se había convertido en un secreto a voces.

Con las cartas sobre la mesa, Turquía ya no necesita disimular. Y así, el 23 de enero, en la ceremonia de juramento de los policías entrenados por Ankara para proporcionar seguridad en la ciudad siria de Yarábulus, los nuevos agentes tuvieron que gritar “¡Viva Turquía!” y “¡Viva Erdoğan!. Que Turquía organice fuerzas de seguridad es un primer paso en la reconstrucción postbélica. Pero también el reflejo de lo que puede ser un protectorado.

Para complicar aún más las cosas, las fuerzas gubernamentales sirias avanzaron recientemente hasta contactar con los dominios de las Fuerzas Democráticas Sirias, cerrando el paso hacia el interior de Siria a las fuerzas de la operación Escudo del Éufrates. Así que si el objetivo del Gobierno turco es ampliar sus dominios en Siria, le quedan dos opciones. Una es avanzar hacia el sur y entrar en guerra con el régimen de Bashar al Asad. Y la otra es avanzar hacia el este, en dirección al Éufrates, y luchar contra las Fuerzas Democráticas Sirias.

El presidente Erdoğan anunció el martes 28 de febrero su siguiente objetivo en Siria. Y es la ciudad de Manbij, en manos de las Fuerzas Democráticas Sirias y a medio camino entre las posiciones turcas y el río Éufrates. Mientras tanto, ese mismo día el Mando Central estadounidense publicaba en Twitter fotos de combatientes kurdas sirias del YPJ atendiendo la “demanda popular”. Erdoğan podría lograr el hito de haber generado un conflicto a cuenta de Siria primero con la Rusia de Vladímir Putin y luego con los Estados Unidos de Donald Trump. Quizás a estas alturas los turcos hayan aprendido, como hicieron antes los rusos (véase la primera parte de este artículo), que en Siria se sabe cuándo entras pero no cuándo sales.

“La libanización de Siria (1)”.