Revista de Prensa

La izquierda y la normalización del antisemitismo

 

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El secretario de Estado estadounidense, John Kerry, suele lamentarse de que cualquier desacuerdo con la política de Israel es tachado de acción antisemita. Pero Philip Klein, director del Washington Examiner, arguye que la fijación de la Administración a la que Kerry ha servido con Israel ha reforzado a los judeófobos.

Una cosa es cuestionar las políticas de Israel; pero los progresistas y la Administración Obama se han centrado obsesiva y miopemente en criticar a Israel, excluyendo cualquier otro asunto de política exterior. Vale que Kerry tenga un problema con las comunidades judías en Jerusalén Este y la Margen Occidental, pero ¿por qué, después de permitir que la ONU atacara a Israel en este asunto, se pasó más de una hora [en su último discurso como secretario de Estado] fustigando desproporcionadamente a los asentamientos israelíes, mientras obviaba el terrorismo palestino? ¿Por qué era tan importante para él dar ese discurso negativo contra Israel en una de las últimas intervenciones importantes de su mandato? ¿Por qué es Israel tan importante en relación con la guerra civil siria, que ha provocado la muerte a centenares de miles de personas? ¿Dónde están los 70 minutos de duras verdades acerca del hecho de que el Gobierno de Corea del Norte mantenga a 25 millones de personas encerradas en una prisión? Incluso si damos a Kerry, a Obama y a los izquierdistas críticos de Israel el beneficio de la duda de que sus ataques a Israel no están basados en la animadversión contra los judíos, eso no significa que sus palabras y sus acciones no estén ayudando a legitimar el antisemitismo.

Los izquierdistas tienen dificultades en reconocerlo debido a que creen imposible que estén promoviendo prejuicios de cualquier tipo, ya que se consideran los tolerantes que están siempre luchando contra el fanatismo. No admiten ningún sentimiento antisemita en su actitud hacia Israel, así que asumen que los demás críticos con Israel han de ser también igual de sinceros. Al hacer eso, abren las puertas a un alud de odio candente contra los judíos.

El veterano analista Isi Leibler saluda la llegada del nuevo presidente estadounidense a la Casa Blanca y propone varios asuntos que, a su juicio, Netanyahu debería negociar con él de inmediato.

1. Un compromiso renovado con la carta del presidente George W. Bush de abril de 2004, en la que mostró su acuerdo con que las líneas del armisticio de 1949 no sirvan como nuevas fronteras y con que EEUU reconozca los cambios demográficos como justificación del mantenimiento de los bloques israelíes de asentamientos. (…)

2. Apoyo formal de EEUU a la anexión de los principales asentamientos, que, antes de la resolución 2334 [del Consejo de Seguridad de la ONU], todas las partes sabían que serían parte de israel en cualquier acuerdo final.

3. Reconocimiento de la anexión de los Altos del Golán.

4. Aseguramiento de que EEUU ejercerá presión sobre Irán. Si Trump alcanza la distensión con los rusos, las excelentes relaciones de Netanyahu con Putin podrían también ser aprovechadas para disuadir a Irán y Hezbolá de alimentar el fuego contra Israel

5. Promoción de la posición global de América en un esfuerzo para neutralizar el doble rasero y los prejuicios contra Israel en la ONU.

Finalmente, deberían enfatizar que, mientras la mayoría de los israelíes sigue siendo categórica en que no quieren anexionar a tres millones de árabes y desea separarse de los palestinos, una política de dos Estados, como se concibió originalmente, no está en estos momentos en el horizonte.

Mayid Rafizadé, presidente del International American Council, se centra en este artículo en explicar las razones que hay detrás del apoyo de los países europeos al régimen de Teherán, que, fundamentalmente, son de carácter comercial y geoestratégico.

La UE es dependiente de Rusia en materia de energía. El sector energético de Irán ha seducido a los países europeos. Irán posee las segundas mayores reservas mundiales de gas y las cuartas de petróleo. Los líderes europeos están planeando reducir la preponderancia política de Rusia sobre la UE, invirtiendo y mejorando el sector gasístico iraní.

Pero lo que la UE no reconoce es que, a largo plazo, al fortalecer a la clase dirigente de la República Islámica con el comercio está en realidad reforzando el eje Irán-Rusia en Oriente Medio y el resto del mundo, inclinando el equilibrio de poder contra Europa.

(…)

Además, desde que el ISIS se ha convertido en la amenaza número uno contra Europa, pasando a un segundo plano a la guerra de Siria, la UE depende cada vez más de que Irán tome la iniciativa. Esto es debido a la noción de que Teherán se jacta, y ha vendido con éxito la idea, de que ser el único país que ha puesto fuerzas sobre el terreno en Siria o Irak para combatir al ISIS.