Revista de Prensa

La izquierda lleva 20 años sin ganar en Israel (...y lo mismo sigue perdiendo otros 20 años)

 

israel ballots

En Israel hay ya toda una generación que no ha conocido un Gobierno de izquierdas. Y es probable que venga al menos otra más y la izquierda siga sin recuperar el poder, según los datos recopilados en esta pieza por Lahav Harkov, una de las periodistas más destacadas del Jerusalem Post.

El [pasado] fin de semana [hubo una efeméride] que pasó sin pena ni gloria y en la que casi nadie reparó. Fue el 20º aniversario de la última vez que un partido de izquierdas ganó unas elecciones generales en Israel.

‘Un Israel’, coalición de laboristas y [varios] partidos más pequeños [comandada por] Ehud Barak, ganó [consiguiendo] 26 escaños. (…) La izquierda ideológica (…) lleva dos décadas en caída libre; en las elecciones [del pasado] 9 de abril, el Partido Laborista y Meretz no consiguieron reunir sino 11 escaños entre los dos. (…) Y la estadísticas sugieren que hay poco margen para el cambio.

En abril, el bloque derechista-haredí (ultraortodoxo) consiguió un 56% del voto, el centro un 28% y la izquierda y los partidos árabes, un 8% [cada uno]. (…)

Las encuestas del Instituto de la Democracia Israelí vienen mostrando desde hace una década un aumento en el número de israelíes que se identifican con la derecha. Aún más interesante, el número de votantes derechistas es mayor entre los menores de 35 años. En 2008, el 57,7% de los votantes jóvenes era derechista, frente al 44% de los votantes más mayores. En 2018, el 63,5% de los votantes jóvenes era derechista, por sólo un 46,7% de los votantes mayores.

(…)

Israel ha dado un giro, e incluso el centro tiene que hacer guiños a la derecha para competir.

El analista norteamericano James Kirchick hace un somero repaso a los más agudos conflictos contemporáneos y encuentra que el que enfrenta a israelíes y palestinos es, por comparación, de una intensidad y una gravedad sensiblemente inferiores. Y además recuerda que si los palestinos no disponen actualmente de un Estado propio es por su culpa.

Pocos conflictos regionales consumen más energía diplomática, cobertura mediática y atención de activistas por los derechos humanos que el que enfrenta a Israel y a los palestinos.

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Al conferir a la causa palestina una importancia tan monumental, los políticos y los polemistas confunden una querella regional con un enfrentamiento global. (…) como demostró la denominada Primavera Árabe, lo que verdaderamente [solivianta] a las masas árabes no son los asentamientos israelíes en la Margen Occidental, sino las indignidades cotidianas que padecen en sus propias vidas, de las cuales culpan a sus gobernantes, no a los judíos. (…)

El coste humano de la disputa israelo-palestina es también marginal en comparación con el de otros conflictos contemporáneos. Desde que, en 1948, cinco ejércitos árabes invadieran el naciente Estado judío, el número total de bajas en ambos bandos palidece en comparación con las vidas que han costado la guerra civil del Congo, los bombardeos masivos de Rusia en Chechenia o las hambrunas políticamente provocadas de Corea del Norte. Mientras usted lee esto, cerca de un millón de musulmanes uigures languidecen en campos chinos de reeducación, padeciendo unos sufrimientos infinitamente peores que los que afronta el palestino medio.

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El hecho de que los palestinos carezcan de un Estado es una tragedia, pero mayormente autoinfligida. Siempre que se les ha presentado la oportunidad de tener un país soberano vecino de Israel han respondido con violencia. Siempre.

En el Begin-Sadat Center for Strategic Studies (BESA), Jonathan Ariel analiza la decisión egipcia de suspender su participación en la Alianza Estratégica de Oriente Medio (AEOM) y aconseja a Jerusalén que repiense en consecuencia su política hacia el mundo  árabe.

Hace unas semanas, El Cairo notificó discretamente a Riad y a Washington que suspendía su participación en la AEOM (Alianza Estratégica de Oriente Medio), iniciativa americano-saudí para crear una OTAN árabe que se oponga a Irán. Esto significa que la idea de una OTAN árabe ha muerto en las primeras etapas de su gestación, dado que el egipcio es, de lejos, el mayor y mejor equipado ejército del mundo árabe; el único con alguna capacidad de fungir de contrapeso efectivo ante Irán.

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Una [de las razones del presidente de Egipto, Abdelfatah al Sisi, para abandonar la AEOM] es su falta de confianza tanto en el príncipe heredero [y gobernante ‘de facto’ de Arabia Saudí] Mohamed ben Salman (MbS) como en el presidente Trump. Varias informaciones hacen referencia a fuentes egipcias que dudan de las probabilidades de que Trump sea reelegido, y a la preocupación de que una Administración demócrata desbaratara el proyecto y volviera a la política obamita de apaciguamiento con Irán. Igualmente, Egipto se siente incómodo con MbS (…), a quien Sisi y sus consejeros ven como un bala perdida. También resaltan la impredectibilidad de Trump, característica que la mayoría de los líderes árabes aborrecen. (…) Sisi y el ‘establishment’ egipcio temen que permanecer en la AEOM sea más un riesgo que una recompensa para su país.

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Dado que Egipto, el mayor y militarmente más poderoso Estado del mundo árabe –y su líder tradicional–, ha dejado clara su falta de confianza en el liderazgo saudí, Israel debería reexaminar con urgencia su estrategia [en sus relaciones con el propio mundo árabe].