Contextos

La izquierda judía está muerta en Israel… ¡y más viva que nunca en EEUU!

Por Jonathan S. Tobin 

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"La diferencia entre estas dos tribus judías trasciende con mucho la política. En el meollo de la cuestión está el hecho de que Israel y EEUU abrazan creencias fundamentales que en alguna medida son antagónicas"

La publicación del plan de paz para Oriente Medio del presidente Trump provocó la semana pasada las típicas reacciones partidistas que suscita todo lo que hace esta Administración. Aunque fue acogido positivamente por una vasta mayoría en Israel, incluso los demócratas que se consideran defensores del Estado judío lo criticaron, lo cual ha contribuido a poner el foco no sólo sobre las diferencias con respecto a Trump, sino sobre la gran brecha que separa a los judíos israelíes de los norteamericanos.

Quienes siguen la política en Israel y en EEUU están familiarizados con la idea de que los judíos israelíes se han alineado con la derecha mientras que los judíos norteamericanos viven en una burbuja progre. Pero necesitamos ahondar un poco para entender por qué la izquierda judía ha implosionado en Israel y en cambio sigue ganando terreno en EEUU.

El colapso de la izquierda política en Israel no es ninguna novedad. La última vez en que imperó el sionismo laborista que contribuyó a erigir el Estado judío y muchas de sus instituciones principales fue en las elecciones de 1992, en las que Isaac Rabin se alzó con la victoria. En ellas, el Partido Laborista consiguió 44 escaños en la Knéset y su principal aliado izquierdista, Meretz, otros 12; juntos se hicieron con el 44% del voto. Rabin dependía de la bancada del partido ultraortodoxo sefardí Shas, así como del apoyo tácito de las formaciones árabes, pero su control del vasto bloque izquierdista fue lo que le permitió imponerse.

En una década, el poderío laborista se esfumó. El empeño del último de sus primeros ministros, Ehud Barak, en ofrecer un Estado independiente palestino al presidente de la OLP, Yaser Arafat, acabó fracasando estrepitosamente. Al rechazo de Arafat le siguió una guerra terrorista de desgaste que acabó con la fe de los israelíes en los Acuerdos de Oslo y en el criterio de los sucesores de Rabin.

Adelantemos ahora hasta las elecciones del pasado septiembre, donde el Partido Laborista y Meretz, junto con una facción de desertores mizrajíes del Likud, consiguieron sólo 11 escaños en la Knéset y apenas el 9% de los votos. Tras la hecatombe, ambos partidos se unieron. Pero las encuestas dicen que su coalición se hará únicamente con entre 7 y 10 escaños. 

Así pues, desde la victoria de Rabin de hace 28 años, la izquierda israelí ha perdido gran parte de su fuerza. Más aún: los partidos de izquierdas han sido sistemáticamente marginados en el debate público. La fórmula paz por territorios abanderada en su día por los laboristas fue apenas mencionada en las campañas electorales de abril y septiembre de 2019. El partido visto ahora como el auténtico heredero del laborismo, el Azul y Blanco comandado por el exjefe de las Fuerzas Armadas Benny Gantz, en algunas cuestiones galopa a la derecha no sólo del Partido Laborista y de Meretz, sino del primer ministro Netanyahu y su Likud. Algunos miembros de Azul y Blanco son de izquierdas, pero Gantz no es que haya apoyado la anexión del Valle del Jordán, sino que ha saludado con entusiasmo el plan de paz de TrumP que tanto los izquierdistas americanos como los israelíes nos dicen que impide que se materialice cualquier esperanza de paz.

El contraste contraste con lo que está sucediendo en EEUU, donde la comunidad judía parece estar más a la izquierda que nunca, es harto llamativo.

La diferencia entre estas dos tribus judías trasciende con mucho la política. En el meollo de la cuestión está el hecho de que Israel y EEUU abrazan creencias fundamentales que en alguna medida son antagónicas. Lo mismo cabe decir de su concepción del rol del judaísmo o de la propia religión en la vida nacional. 

El experimento democrático americano es declaradamente no confesional. Israel, en cambio, es un Estado-nación que tiene por gran objetivo procurar un hogar y dar seguridad a un pueblo específico que ha sido perseguido durante veinte siglos. EEUU es un país basado en unos valores universales que pretenden derribar las barreras entre los pueblos y los credos. Sin embargo, y como la mayoría de las demás naciones del planeta, Israel es una manifestación de particularismo; su prioridad es la de reconstruir y defender la soberanía judía en la patria ancestral de los judíos, no ser la mejor y definitiva esperanza para la Humanidad.

Los judíos americanos se ven como una minoría necesitada de protección ante la mayoría. Así que no es de extrañar que sean abrumadoramente progresistas en lo político y que se cuenten entre los más leales votantes del Partido Demócrata. Si bien una creciente porción de judíos ortodoxos se alinea con la derecha, sigue tratándose de un porcentaje pequeño de la comunidad. Y pese a que Trump es más popular entre los israelíes que cualquiera de sus predecesores, sus políticas proisraelíes, que están haciendo historia, han tenido poco impacto en su popularidad entre la judería estadounidense, donde las voces de la izquierda, incluso las de radicales como el senador Bernie Sanders, están ganando influencia.

Cuando piensan en las políticas del Estado judío, incluyendo las de seguridad fronteriza y defensa, los judíos americanos parecen extrañamente despreocupados por los mismos factores que provocaron que los israelíes abandonaran la izquierda. Es más, las posiciones sobre la paz en Oriente Medio de la mayoría de los judíos americanos y sus aliados del Partido Demócrata son las mismas que han sido desacreditadas en Israel. Los acontecimientos de las últimas tres décadas que han acabado con la fe en las panaceas de la izquierda no han hecho mella en la judería estadounidense. Y aunque las tendencias de las que hablamos son previas a Trump, también es cierto que el aprecio israelí por el apoyo del presidente de EEUU a su país es visto por los judíos americanos como algo grotesco, por no decir perverso.

Las dos mayores comunidades judías del mundo se están distanciando, sí. Los judíos americanos que se alinean con la izquierda en la mayoría de las cuestiones aún parecen querer salvar a Israel de sí mismo. Pero lo que necesitan es asumir el hecho de que una abrudamora mayoría de israelíes ya no es que rechace sus ideas, sino que ve su ayuda como más basada en la ignorancia que en una preocupación sincera.

© Versión original (en inglés): JNS
© Versión en español: Revista El Medio