Contextos

La islamización del Muro de las Lamentaciones

Por José María Marco 

Un judío reza en el Muro de los Lamentos. (Foto: Mario Noya).
"La voluntad de islamizar el Muro demuestra que no se trata ya de una manipulación política e ideológica. Se trata también de una manipulación de orden religioso. Estamos viviendo una o varias guerras de religión, y no sólo en Oriente Medio"

Desde hace mucho tiempo diversos dirigentes musulmanes y palestinos han negado que el Muro de las Lamentaciones tenga algo que ver con la historia judía o con el judaísmo. Según esto, el Muro formaría parte del complejo de la Mezquita de Al Aqsa, se llama Al Buraq y sólo recientemente los judíos habrían hecho de él un centro de oración y de peregrinaje.

A mediados del mes de octubre, esta tradición, que nunca había tenido efectos prácticos, ha cobrado nueva actualidad. En nombre de la Autoridad Palestina, Egipto, Túnez, Argelia, Marruecos, Kuwait y los Emiratos Árabes presentaron una propuesta ante la Unesco que, de ser aprobada, respaldaría la tesis de que los judíos no tienen nada que hacer en el Muro de las Lamentaciones. La propuesta condenaba la política de Israel en Cisjordania y Jerusalén, y no hacía referencia a la historia del pueblo judío ni a la existencia del Templo.

La Unesco fue el primer organismo de la ONU que reconoció la existencia de un Estado que no existe, Palestina. Se enfrenta regularmente a propuestas antiisraelíes que pretenden ayudar a los palestinos. Esta vez la propia directora general del organismo, Irina Bokova, se manifestó en contra, y en el texto que se sometió a votación no incluyó la propuesta sobre el Muro. El texto expurgado fue respaldado por 26 países. Seis votaron en contra, encabezos por Estados Unidos. Y otros 25, entre ellos Francia, se abstuvieron. A partir de ahora, y según la Unesco, la Tumba de Raquel, cerca de Belén, y la Tumba de los Patriarcas, en Hebrón, forman parte integral de Palestina, signifique esto lo que sea.

No se puede separar la presentación de una propuesta tan aparentemente absurda como esta con la tensión que en las últimas semanas ha vivido la zona, y muy en particular Jerusalén, tras la acusación por parte de la Autoridad Palestina de que Israel revocaría la prohibición de cultos no musulmanes en la Explanada de las Mezquitas. La falsedad de la acusación era demasiado obvia, como absurda era la propuesta sobre el Muro. Así que, a pesar de las incitaciones a los ataques por parte de las organizaciones palestinas, la tercera intifada, la de los cuchillos, no parece haber tenido gran éxito (aparte de las víctimas que se ha cobrado, claro), como no lo ha tenido la propuesta sobre el Muro.

Ahora bien, y aunque la irrealidad de los argumentos dificulte, como ha ocurrido esta vez, la ofensiva, lo ocurrido no deja de ser significativo. En el juego ideológico y político (también militar) de Oriente Medio, los palestinos no son una comunidad de personas. Son un símbolo, y como tal están sujetos a una manipulación sin límites. Mientras no haya un número suficiente de palestinos que se rebelen contra este estatus, seguirán siendo rehenes de ese chantaje que les permite sobrevivir (cada vez peor) a cambio de convertirse en el chivo expiatorio de los males del islam. (Los judíos también lo son, claro está, pero sin posibilidad de ser manipulados).

La propuesta de la Unesco indica también hasta dónde están empezando a llegar las cosas. En un momento peligroso, las autoridades palestinas no han tenido ningún reparo en tensar la situación, en vez de contribuir a calmarla. Hay más, sin embargo. La voluntad de islamizar el Muro demuestra que no se trata ya de una manipulación política e ideológica. Se trata también de una manipulación de orden religioso. Estamos viviendo una o varias guerras de religión, y no sólo en Oriente Medio. Hasta hace algunos años el conflicto entre Israel y los palestinos seguía siendo un conflicto civil. Propuestas como la de la islamización del Muro de las Lamentaciones indican que también aquí hay cambios de fondo, que empiezan a hacer verosímil lo que hasta ahora era difícil de imaginar.