Contextos

La islamización de Turquía

Por Rauf Baker 

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"Si la comunidad internacional no afronta el hecho de que Erdogan se está convirtiendo en un Ben Laden que busca dar cumplimiento a su escatológica misión, tendrá que asumir las crudas consecuencias con que el presidente turco amenazó a los europeos el año pasado: 'No podrán andar seguros por las calles en todo el mundo'"

El régimen turco se está transformando poco a poco en una versión más desarrollada y peligrosa de Al Qaeda. Sus retóricas y enfoques parecen ser convergentes e incluso idénticos. La diferencia es que Recep Tayyip Erdogan lidera un país de considerable importancia geopolítica, no una organización militante desperdigada por las montañas de Afganistán.

Si Al Qaeda logró esparcir el miedo por todo el planeta con sus operaciones terroristas, no cabe sino imaginar el daño extremo que podría causar Erdogan a la región e incluso al mundo, a la luz de su creciente paranoia política y su totalitarismo. Al tiempo que pretende mantenerse en el poder indefinidamente, tras un referéndum que le confirió plenos poderes para gobernar el país sin apenas oposición, intenta dejar un legado duradero. Se sirve del sistema educativo para sembrar las semillas que se cosecharán después.

La islamización del Estado turco se viene produciendo de forma sistemática, callada y lenta desde hace muchos años, pero todo se ha acelerado desde el intento de golpe de julio de 2016. El foco está en el sistema educativo. El año pasado, la formación de Erdogan, el AKP, Partido para la Justicia y el Desarrollo, inspirado en los Hermanos Musulmanes, introdujo cambios sustanciales en el currículum escolar, enmendando más de 170 apartados. El Ministerio de Educación eliminó conceptos evolutivos como el de selección natural y añadió otros relacionados con la yihad. El régimen de Erdogan despidió a más de 33.000 profesores y cerró multitud de escuelas acusándolas de tener vínculos con los implicados en la intentona. Al mismo tiempo, aumentó el número de centros religiosos.

El Ministerio definió los cambios como un “énfasis en la educación basada en los valores”, con el objetivo erdoganita de formar una “generación devota”. El diputado del AKP Ahmet Hamdi Çamlı declaró el año pasado: “Es inútil enseñar matemáticas a estudiantes que no saben qué es la yihad”. Antes de los ajustes, el número de alumnos en las 537 escuelas de secundaria religiosas alcanzó los 270.000 (2012). En 2017 había 1.048 escuelas y 635.000 estudiantes. Si añadimos los 122.000 que asisten a centros religiosos en el sistema de educación abierta, el número de alumnos en todas las escuelas religiosas llega a los 757.000.

Erdogan ha multiplicado las referencias islámicas en sus discursos. Así, hizo de la yihad el eje de la guerra en la ciudad kurda de Afrín (Siria), y hasta recurrió a versos del capítulo “Al Fath” del Corán, donde se aduce la victoria del profeta Mahoma sobre sus enemigos como justificación de operativos militares. Los sermones de las oraciones de los viernes llaman a la yihad contra los kurdos. Cuando el Ejército turco capturó Afrín, Erdogan no vaciló en calificar a sus tropas como “el último Ejército del islam”.

Hace unos meses, en un congreso de su partido retransmitido por televisión, Erdogan invitó a una niña pequeña vestida de militar a subir al estrado, y le dijo que sería una “mártir” si moría en combate. Por su parte, el viceprimer ministro Bekir Bozdağ describió recientemente a Erdogan como un líder que “se esfuerza por servir a Dios”. El año pasado, Şevki Yılmaz, columnista del progubernamental Yeni Akit y confidente de Erdogan, calificó al fundador de Al Qaeda, Osama ben Laden, de “héroe nacional”. Yılmaz dijo también que había votado en el referéndum para sustituir el régimen parlamentario por otro que haría lo que hicieron las ababil. En el Corán, las ababil son unas aves celestiales enviadas por Dios que lanzaron piedras contra un ejército que marchaba hacia La Meca con la intención de demoler la Kaaba.

Todo lo anterior va unido a un creciente número de ataques públicos contra mujeres que llevan ropa “inapropiada”. En un vídeo difundido el 31 de diciembre de 2016 se veía a dos hombres con barba repartiendo panfletos a los viandantes en la ciudad de Izmir acerca de la prohibición del islam de celebrar el Año Nuevo.

Este problema no afecta sólo a los turcos. Alrededor de medio millón de sirios que estudian en Turquía se ven afectados las reformas educativas de Erdogan. Las autoridades ignoran a las administraciones de las escuelas sirias en las ciudades turcas y a veces las animan a que se centren en temas religiosos, contraten exclusivamente a mujeres con velo, prohíban a las profesoras llevar las uñas pintadas y apliquen un estricto código de vestimenta islámica a las alumnas.

El panorama es similar en las escuelas de las zonas bajo control turco en el norte de Siria, donde el Estado turco aplica una política de islamización y turquificación. Muchas de estas escuelas llevan el nombre de oficiales militares turcos muertos en combate en Siria, mientras se impone el turco como lengua vehicular. Alrededor de 170.000 estudiantes van a colegios restaurados gracias a una campaña denominada Da la Mano a tu Hermano.

El material de la referida campaña fue proporcionado por IHH, organización vinculada a los Hermanos Musulmanes responsable de las tres flotillas del convoy que pretendió romper el bloqueo de Israel contra la Gaza de Hamás en mayo de 2010. IHH también ha enviado armas a organizaciones islámicas asociadas a Al Qaeda y los Hermanos Musulmanes en el norte de Siria, según líderes de algunas facciones y el difunto embajador de Rusia ante la ONU Vitali Churkin.

El auge de los yihadistas en Siria e Irak, en parte fruto de la facilitación oficial turca, ha creado un ambiente propicio para el radicalismo en una sociedad turca ya de por sí dividida, donde abundan las denuncias de marginación y exclusión política, con el despido arbitrario o el procesamiento de cerca de 152.000 funcionarios y profesores acusados de simpatizar con el golpe, según informes de la ONU. Esto podría arrastrar a Turquía a una guerra civil. Debe recordarse que hay alrededor de 25 millones de armas en el país, de las cuales al menos el 85% no tienen licencia. Así que no es de extrañar que se produzcan incidentes como el asesinato del embajador ruso en Ankara en 2016.

Si la comunidad internacional no afronta el hecho de que Erdogan se está convirtiendo en un Ben Laden que busca dar cumplimiento a su escatológica misión, tendrá que asumir las crudas consecuencias con que el presidente turco amenazó a los europeos el año pasado: “No podrán andar seguros por las calles en todo el mundo”.

© Versión original (en inglés): BESA Center
© Versión en español: Revista El Medio