Revista de Prensa

La interminable vergüenza de la ONU

 

ONU

Con tan contundente título publica un artículo en el Semanario Hebreo de Uruguay la periodista Ana Jerozolimski, en el que denuncia el antiisraelismo flagrante de la organización internacional.

El organismo mundial, que jamás condenó la violación por parte del mundo árabe de la resolución 181 de la Asamblea General que recomendó la partición de Palestina en un Estado judío y otro árabe –violación que tomó la forma explícita y clara de una agresión armada contra el entonces naciente Israel–, se ensaña injusta y desproporcionadamente con la única democracia de la región.

Pero el problema aquí no pasa solamente por la “atención” exagerada que presta a Israel sino por la otra parte de la ecuación, o sea la permisividad y pasividad con que actúa y se pronuncia ante dictadores y sanguinarios terroristas.

La semana pasada, nuevamente, dio ejemplos de ello, al aprobar la Asamblea General seis resoluciones de condena contra Israel, cinco de ellas redactadas por los palestinos y una por Siria. Esto, sin hacer mención ninguna de las decenas de acuchillamientos y embestidas con autos sobre transeúntes israelíes, que son parte de la realidad israelí, absolutamente todos los días, desde comienzos de octubre, en una nueva etapa del ya conocido fenómeno de terrorismo contra Israel. La resolución siria era sobre los Altos del Golán… y la ONU olvida las masacres de Siria.

Medio Oriente arde… y la Asamblea General condena a Israel.

Michael Doran escribe un ensayo en la revista Mosaic sobre la manera en que Putin se ha convertido en un personaje relevante para el futuro de Oriente Medio y el alcance que esta circunstancia va a tener en términos geoestratégicos.

Para Doran, todo responde a una decisión premeditada del presidente norteamericano, Barack Obama, destinada a ceder el liderazgo a Rusia en los asuntos de la región, en la confianza de que Moscú (y Teherán) se convertirán así en aliados de EEUU en la política global. 

Los críticos de Obama han censurado la negativa del presidente estadounidense a reconsiderar su estrategia, pero pocos han tratado de describir lo que realmente supone esa estrategia, quizá porque no creen que tenga realmente una. Sin embargo, la tiene. Más aún, no solo cree que es eficaz, sino que la considera un logro definitorio de su presidencia. Y sobre esto, desgraciadamente está en lo cierto. La estrategia de Obama, de hecho, ha estado moldeando la crisis siria de miles de maneras, una de las más importantes ha sido despejar el camino para que Vladímir Putin desempeñe un papel más destacado en Oriente Medio y, por extensión, se presente a sí mismo como el salvador de Europa. La rehabilitación de Putin, podríamos decir, no está ocurriendo por la distracción de la Casa Blanca; es una consecuencia directa de la visión de Obama del orden global.

Dan Blumenthal pone el acento en este ensayo en la importancia creciente que China está adquiriendo en la escena mundial y señala que tanto Pekín como Moscú y Teherán tienen vocación imperial, a pesar de que en el caso chino los intereses en Oriente Medio se limiten –de momento– al terreno energético y comercial.

Es cierto que China no está adoptando el papel que las grandes potencias han desempeñado en Oriente Medio. No está forjando alianzas, ni armando países de manera significativa o tomando iniciativas diplomáticas en asuntos importantes. Sin embargo, lo que debería preocupar enormemente a Israel –y a todas las pequeñas naciones democráticas que buscan una autonomía estratégica– es lo que el resurgimiento de China implica para la escena geopolítica mundial.

Desde los inicios de la diplomacia sionista preestatal, Israel se ha visto profundamente afectado por las principales tendencias en el sistema internacional. A medida que China desafía el mundo creado por América, el Estado judío haría bien en adoptar una estrategia apropiada. Después de todo, Israel no ha conocido ningún otro orden; nació y ha prosperado en el seno del ambiente liberal creado y mantenido por los Estados Unidos.

Esta semana, los Parlamentos de Reino Unido y Alemania han aprobado sendas resoluciones para que sus Ejércitos actúen en Siria desde el aire. La decisión, como ocurre siempre en cuestiones bélicas, ha suscitado cierta polémica en relación con la legitimidad de estos ataques aéreos y su efectividad.

En contra de iniciar esta ofensiva aérea se esgrimen argumentos humanitarios (víctimas colaterales), políticos (no hay diseñada aún una transición para Siria) y también estratégicos (sin tropas terrestres no se podrá acabar con el EI). A favor juegan otras razones tanto o más valiosas, como las que David Cameron ha esgrimido en el Parlamento británico.

En un mensaje al Parlamento, Cameron señaló que la restricción actual a las fuerzas británicas de bombardear blancos de EI sólo en Irak «jamás ha tenido sentido desde el punto de vista militar».

«El EI no reconoce fronteras entre Siria e Irak y opera en un único espacio que se extiende por ambos países», dijo Cameron.

Por otra parte, los servicios de inteligencia británicos ya colaboran en ataques con drones contra miembros de EI en Siria, como el que habría matado a Mohammed Emuazi, ‘John el yihadista’. Los bombardeos son el siguiente paso lógico.

«Actuaremos con nuestros aliados por el interés nacional. Es lo que debemos hacer para mantener seguro nuestro país», dijo Cameron.

El gobierno británico afirmó que el Reino Unido enfrenta una amenaza real de ataques por parte de EI y aseguró haber frustrado al menos siete atentados planeados contra blancos en territorio británico en los últimos doce meses.