Revista de Prensa

La inminente gira de Trump por Oriente Medio

 

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El exembajador indio en Riad Talmiz Ahmad explica en este artículo el alcance de la inminente gira del presidente de EEUU por Oriente Medio y Asia, cuya primera parada tendrá lugar en el reino wahabita.

La visita de Trump al reino subrayará el éxito del acercamiento saudí a la nueva Administración y la determinación del presidente mismo de comprometerse nuevamente con la alianza regional liderada por Arabia Saudí, que considera estar proporcionando estabilidad a una región que se enfrenta a la agitación y el terror. Un diario árabe ha dicho que las conversaciones con los líderes del Consejo de Cooperación del Golfo se centrarán en “contrarrestar las conductas antagonistas de Irán en la región”.

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Las bases para la alianza anti-Irán ya ha sido puestas en marcha por los altos funcionarios de Trump que visitaron la región recientemente. Así, el secretario de Estado de Defensa, James Mattis, declaró en Riad que “EEUU quiere ver una Arabia Saudí más fuerte” y añadió que “hay desorden allí donde Irán está presente”.

En el Jerusalem Post, Carolina B. Glick desmonta la falacia de que la organización comandada en su día por Yaser Arafat es fundamental para la estabilidad de Oriente Medio. Glick cree que Netanyahu debería hacérselo ver a Donald Trump en su inminente visita a Jerusalén.

La principal razón por la que Israel ha mantenido su devoción servil al fetiche americano de la OLP es que nuestras élites izquierdistas, que dominan los medios de comunicación, la comparten. Al igual que el discurso de la política exterior americana, la evaluación de las prioridades de Israel por parte de sus élites ha permanecido congelada en el tiempo durante los últimos 24 años.

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La idea de que un Estado de la OLP hará más estable a la región a medida que los Estados árabes más coherentes colapsen es absurda.

La noción de que es necesario fortalecer a la OLP para ganar a los aliados árabes, cuando estos están llamando a las puertas de Israel pidiendo ayuda para derrotar a los yihadistas suníes e Irán, es ridícula.

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Trump llegará a Israel creyendo que su promesa de campaña de hacer América grande de nuevo y su objetivo de alcanzar el “acuerdo definitivo” con la OLP son fines complementarios.

Si el primer ministro Benjamín Netanyahu sólo explica una cosa a Trump cuando se encuentren la próxima semana, ésta debería ser que ambos objetivos son mutuamente excluyentes. Y si tiene algo más de tiempo, debería darle a Trump los detalles del precio masivo que América ha pagado, desde 1993, por la obsesión de los tres últimos presidentes [estadounidenses] con la OLP.

Ambas organizaciones han dedicado sus mayores esfuerzos a destruir Israel, un objetivo que está muy lejos de haberse conseguido ni por aproximación. Hillel Frisch, del Begin-Sadat Center for Strategic Studies, sostiene que en el caso de Hamás su fracaso se extiende a la manera de gobernar la Franja de Gaza.

Desde 2014, los habitantes de Gaza han votado contra Hamás. No lo hacen con la papeleta de voto (ni la Autoridad Palestina ni Hamás quieren continuar el proceso democrático que llevó a la guerra civil de 2007 [entre las dos organizaciones], y que persiste hasta hoy), sino que lo hacen con los pies. Cuando Hamás trata de llevarlos a las manifestaciones, ellos se quedan en casa. (…)

No es de extrañar entonces que Hamás haya sacado un nuevo documento que acepta, al menos en el terreno táctico, un Estado palestino en Gaza y la Margen Occidental [por supuesto sin abandonar el objetivo de la eventual destrucción de Israel]. El grupo está intentando calmar a Mahmud Abás y a los Estados árabes que lo apoyan. La presión de los habitantes de Gaza es, probablemente, una razón para este movimiento. Dado el fracaso de Hamás como Gobierno y como movimiento terrorista, probablemente habrá más presión popular, con más concesiones bajo manga. Israel debe ser paciente. El tiempo está de su lado.