Revista de Prensa

La influencia de los petrodólares en Washington

 

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El conflicto diplomático que enfrenta a Arabia Saudí, Emiratos, Bahréin y Egipto con Qatar tiene una importante derivada en EEUU, dada las ingentes cantidades que unos y otros invierten para poner a su favor a la política estadounidense. Lo explica aquí Jonathan Schanzer, de la Foundation for Defense of Democracies (FDD).

Qatar es un problema innegable. Es un refugio para Hamás, los talibanes, los yihadistas sirios, etc. Pero todo este asunto es un espectáculo extraño. Los otros Estados del Golfo no han abordado sus propios problemas de financiación del terrorismo con entusiasmo. Así, Arabia Saudí sigue siendo el principal exportador de la ideología extremista wahabí, y el especialmente rico Kuwait, que los funcionarios dedicados a las finanzas terroristas señalan rutinariamente, está actuando de mediador [en la crisis entre Doha y Riad].

(…) la controversia en el Golfo arroja una luz refulgente sobre otro gran problema: la permisividad de Washington y el enfoque promiscuo de los responsables de la política exterior en el Golfo.

Por una parte, hay demasiado dinero del Golfo circulando por Washington, así de simple. Los cataríes han invertido millones y más millones en think tanks y universidades, por no mencionar a [sus] lobistas (…); y no son los únicos. Arabia Saudí, Emiratos (…) son también grandes jugadores en este juego. El resultado final es que los que se alimentan de esto son incapaces de participar en una conversación honesta sobre las políticas y conductas de sus benefactores, incluso aunque vayan en contra de los intereses estadounidenses.

El analista canadiense de origen árabe Fred Marún denuncia en este artículo al papel desempeñado por la Autoridad Palestina en la financiación y glorificación terrorismo.

(…) el terrorismo palestino es una industria monumental sin la cual la sociedad palestina difícilmente podría funcionar.

(…) Los que quieren la paz no financian el asesinato indiscriminado de aquellos con quienes quieren vivir en paz. Los que quieren la paz no condenan que mueran terroristas que están cometiendo asesinatos. Los que desean la paz no tienen un currículo escolar que “enseña a los niños a convertirse en mártires desechables, rechaza las negociaciones y abraza el compromiso de una guerra continua” (…)

En pocas palabras, a los palestinos se les paga para ser terroristas. Se les paga para asegurarse de que el conflicto nunca termine. Nacen en un clima de odio, crecen con sueldos destinados al terrorismo asesino y se les paga para continuar el ciclo cometiendo más actos terroristas. Para cualquier niño nacido en la sociedad palestina, las posibilidades para que se convierta en algo distinto a un terrorista se multiplican en su contra.

En The Algemainer, Ben Cohen da cuenta de las gestiones que está haciendo Mohamed Dahlán, el gran enemigo de Mahmud Abás, para paliar la grave crisis energética que padece la Franja.

Después de que el pasado martes se anunciara el acuerdo para llevar combustible a Gaza, los camiones egipcios llevaron a la Franja 800.000 litros, suficientes para dos o tres días (…). Hamás y los funcionarios egipcios planean encontrarse la próxima semana para discutir la extensión del suministro.

El actor clave que evitó una crisis energética más profunda (…) fue Mohamed Dahlán, que vive en el exilio en Abu Dabi, Emiratos Árabes Unidos. Como agente político experimentado con fuertes lazos con las agencias de seguridad en el mundo árabe, mantiene estrechas relaciones tanto con la Familia Real emiratí como con el autócrata egipcio, Abdelfatah al Sisi. Asimismo, ha desarrollado amplios negocios y conexiones políticas en Europa y el este de África.

(…)

Con el acuerdo de combustible de Gaza ya en su haber, Dahlan tiene ahora cierta credibilidad. (…) sin embargo, cualquier aumento en la popularidad de Dahlán no desplazaría el apoyo hacia otros líderes palestinos, principalmente Marwán Barguti, líder terrorista de Fatah encarcelado en Israel que lideró este año una breve huelga de hambre de prisioneros palestinos.