Contextos

La inadecuada estrategia siria de Obama

Por Max Boot 

David Petraeus.
"'El principal problema de Siria es que los árabes suníes no están dispuestos a unirse a nosotros contra el Estado Islámico a menos que nos comprometamos a protegerlos a ellos y al conjunto de la población siria contra todos sus enemigos, no sólo contra el EI', dice Petraeus. 'Eso implica protegerlos de la guerra abierta que Bashar al Asad está librando contra ellos'"

Dado lo mal que va la campaña contra el Estado Islámico (hace unos días, el general Lloyd Austin, del Mando Central, reveló que sólo quedaban “cuatro o cinco” combatientes sirios adiestrados por Estados Unidos en el campo de batalla), merece la pena escuchar al comandante de la campaña contra el predecesor del EI, Al Qaeda en Irak, librada entre 2007 y 2008 y que tuvo mucho más éxito. El pasado día 22 el general David Petraeus testificó ante el comité de Fuerzas Armadas del Senado por primera vez desde su dimisión como director de la CIA. Con su estilo moderado y tranquilo, fue muy crítico con la gestión actual, que calificó de “inadecuada”.

Para mejorar, sugirió aumentar el nivel de la implicación estadounidense. “En mi opinión”, afirmó, “es necesario un mayor apoyo a las fuerzas de seguridad iraquíes, a las fuerzas tribales suníes y a los peshmergas kurdos, lo que incluye destacar asesores estadounidenses al nivel de los cuarteles de brigada de las fuerzas iraquíes que combaten contra el Estado Islámico. También creo que deberíamos explorar el uso de los controladores aéreos tácticos conjuntos con unidades iraquíes escogidas para coordinar los ataques aéreos de la coalición con dichas unidades. Y deberíamos analizar si nuestras normas para los ataques de precisión son demasiado restrictivas”.

Asimismo, instó a aumentar la presión contra Bashar al Asad, no sólo contra el EI, creando zonas de exclusión aérea y zonas de seguridad sobre el terreno. Así, el general expuso lo siguiente:

El principal problema de Siria es que los árabes suníes no están dispuestos a unirse a nosotros contra el Estado Islámico a menos que nos comprometamos a defenderlos a ellos y al conjunto de la población siria de todos sus enemigos, no sólo del EI. Eso implica protegerlos de la guerra abierta que Bashar al Asad está librando contra ellos, especialmente mediante sus fuerzas aéreas y el uso de bombas de barril; eso ha sido uno de los principales impulsores de la radicalización del Estado Islámico y de la crisis de los refugiados. Podríamos, por ejemplo, decirle a Asad que el uso de bombas de barril tiene que acabarse y que, si continúa, impediremos que la aviación siria siga volando. Tenemos capacidad para hacerlo. Yo también apoyaría el establecimiento en Siria de enclaves defendidos por la fuerza aérea de la coalición, en los que podría apoyarse a una fuerza suní moderada y donde se podría adiestrar a fuerzas adicionales; allí también podrían refugiarse personas desplazadas y la oposición siria podría organizarse.

Las propuestas de Petraeus son sensatas, pero aplicarlas exigiría una gran reorientación de la política estadounidense, cosa que precisaría de una decisión presidencial. Esperemos que el presidente Obama siga escuchando al hombre al que eligió para dirigir la guerra en Afganistán y, posteriormente, la CIA.

© Versión original (en inglés): Commentary
© Versión en español: Revista El Medio