Contextos

La hipocresía de los palestinos respecto a Siria

Por Hanin Ghadar 

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"Así como Hezbolá, Irán y Asad utilizan incesantemente a Palestina para justificar sus masacres y su injerencia en Siria, rara vez hemos escuchado una palabra de compasión hacia los sirios por parte de alguna figura política o pública palestina""Igual que Hezbolá está perdiendo apoyo entre los árabes, también lo perderán los palestinos, porque, por si nadie lo había notado, Siria se ha convertido en la principal cuestión de la región, y es la que decidirá la próxima fase, no Palestina."

Así como Hezbolá, Irán y Asad utilizan incesantemente a Palestina para justificar sus masacres y su injerencia en Siria, rara vez hemos escuchado una palabra de compasión hacia los sirios por parte de alguna figura política o pública palestina. De hecho, salvo por un par de escritores, los periodistas, intelectuales y artistas palestinos han guardado silencio sobre las atrocidades cometidas contra el pueblo sirio, incluidos los refugiados palestinos en campamentos sirios. Ni siquiera cuando la historia de Yarmuk conmovió al mundo entero surgió alguna figura palestina que denunciara el asedio y destrucción de ese campo de refugiados.

Una vez más, los palestinos están siendo utilizados para cubrir las vergüenzas de las agendas políticas regionales, y no protestan por ello. En nombre de Palestina, Hezbolá está luchando en Siria, en el Yemen, en Irak y pronto lo hará en otros lugares. El camino a Jerusalén pasa ahora por Zabadani, Qalamún, Alepo y otras localidades sirias. En nombre de Palestina y de los palestinos se cometen masacres y hay gente muriendo de hambre.

Desde el inicio de la crisis siria, la mayoría de facciones palestinas de la Margen Occidental y de la Franja de Gaza han apoyado a Asad (el Frente Popular para la Liberación de Palestina-Comando General, y el Partido Árabe Socialista Baaz, radicado en la Margen) o han mantenido una postura neutral (Fatah). Hamás trató de apoyar a los rebeldes, pero luego se retiró discretamente a una posición más neutral.

Cuando Hezbolá anunció su primer plan Camino a Jerusalén mediante sus actuaciones en Siria, muchos esperaban una declaración o alguna campaña tipo “En nuestro nombre no” por parte de algún grupo político o de derechos humanos palestino. En cambio, no hubo más que silencio al respecto. Hezbolá ha mezclado frecuentemente la causa palestina con su propia propaganda y, por eso, la Resistencia y Palestina han perdido credibilidad entre las gentes de la región. Aparte de las graves divisiones internas entre las facciones y dirigentes palestinos, el silencio ante las violaciones de derechos humanos y los crímenes cometidos en Siria ha cambiado drásticamente la imagen que la gente tiene de Palestina.

Toda la cuestión palestina no ha cobrado impulso a nivel internacional porque sea una causa justa o por el sufrimiento del pueblo palestino; ha alcanzado este nivel porque los dictadores árabes se dieron cuenta hace tiempo de que les serviría de perfecta excusa para oprimir a la oposición y todas las voces que pedían cambios y democracia en sus países. Palestina se convirtió en la palabra mágica que justificaba la opresión, las agendas políticas y los conflictos. Líderes y dictadores regionales corruptos no podrían haber imaginado algo mejor. Todos se unieron a la causa palestina y la emplearon para secuestrar las aspiraciones de libertad que albergaban sus pueblos. Se convirtió en la espina dorsal del discurso de todo régimen totalitario.

Tuvimos que renunciar a nuestras libertades en aras de Palestina, y eso arrastró a nuestras sociedades a la sima del mundo. Los palestinos lo permitieron, y siguen haciéndolo.

Cuando la gente de Túnez, Egipto, Siria, Bahréin y el Yemen empezó a darse cuenta de que el enemigo estaba sobre todo dentro, y de que sus regímenes llevaban demasiado tiempo ahogando sus libertades, también descubrió que tenía que redefinir su relación con el el contexto regional. Sí, toda la lucha palestino-israelí ha pasado a un segundo plano y la gente ha empezado a centrarse en sus preocupaciones individuales.

En Siria, la cuestión palestina alcanzó dimensiones ridículas. A quien está en la oposición se le exige ante todo (sobre todo por parte de intelectuales árabes y occidentales de izquierdas) que manifieste su apoyo a Palestina, antes incluso de criticar a Asad, a su régimen y a sus partidarios. De no hacerlo, se le considera un elemento sospechoso, incluso un traidor. La adhesión a Palestina es más importante que la adhesión a la propia causa: la libertad del pueblo sirio.

Aunque se exige que los sirios estén de parte de los palestinos en todo, a éstos no se les exige que apoyen al pueblo sirio. Y si lo hacen, el apoyo va dirigido a individuos concretos, no a los sirios como grupo o a través de una iniciativa común. No sólo eso: el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, expresó recientemente su apoyo a la intervención militar rusa en Siria, incluidos los ataques aéreos en defensa del régimen. Y nadie lo ha criticado.

El resultado es que en Siria se cometen a diario crímenes en nombre de los palestinos, y la muerte está en el ambiente. Pero no todo quedará perdonado y olvidado. Igual que Hezbolá está perdiendo apoyo entre los árabes, también lo perderán los palestinos, porque, por si nadie lo había notado, Siria se ha convertido en la principal cuestión de la región, y es la que decidirá la próxima fase, no Palestina.

Los palestinos aún tienen que darse cuenta de que han perdido calado entre los árabes, así como su credibilidad y su discurso. Hoy por hoy son unos hipócritas que lo exigen todo y no están dispuestos a dar nada. Entre tanto, sus líderes y su discurso son utilizados por islamistas, dictadores y terroristas para iniciar las guerras más atroces. No habrá perdón para los palestinos.

No se trata sólo de una cuestión ética, sino de credibilidad.

© Versión original (en inglés): NOW
© Versión en español: Revista El Medio