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La Haganá: entre 'el Amigo' y el Libro Blanco

Por Eli Cohen 

hagana
"Su verdadero ideólogo y estratega, prácticamente el que hará que pase de organización paramilitar deslocalizada a ejército embrionario, es también uno de los personajes más interesantes y apasionantes de esos años, el protector de Dayán, un oficial inglés y cristiano, Charles Orde Wingate, apodado por los judíos 'el Amigo'"

Cuando oímos la palabra Haganá, una imagen de Paul Newman cortejando a Eva Marie Saint en el valle de Jezrael, o huyendo de los ingleses tras el motín en la prisión de Acre, se nos viene a la cabeza. Éxodo, de Otto Preminger, es un clásico, y lo más cercano al mito que encontramos en la cultura popular. Pero la historia de la Haganá es mucho más amplia y fascinante.

Thierry Nolin escribió hace ya casi cuarenta años este libro excepcional: La Haganah: el ejército secreto de Israel, sobre el embrión que más tarde se convertiría en las Fuerzas de Defensa de Israel.

Haganá significa defensa en hebreo. Y precisamente así nació la milicia sionista en Palestina: para defender los kibutzim y las pequeñas aldeas de los ataques de los árabes. La Haganá fue un upgrade del primigenio Hashomer –”El guardián”–, que nació con el mismo propósito.

Nolin nos cuenta cómo la Haganá evoluciona de unos grupúsculos semiorganizados que apenas contaban con armamento sofisticado a una milicia de influencia socialista y notablemente cultivada. De hecho, es la necesidad de sofisticar la defensa de los judíos en Palestina lo que propicia la transición de Hashomer a la Haganá, el ejército clandestino que defiende al Yisuv, la comunidad judía de Palestina.

Las primeras y multitudinarias aliyot –migraciones– a Palestina propiciaron el nacimiento de kibutzim y pequeños poblados a lo largo y ancho de la Tierra Prometida. Estos serán los caladeros de donde saldrán los integrantes de la Haganá. El primer kibbutz, y uno de los más célebres, fue Degania, fundado en 1909. El primer niño nacido en él fue Moshé Dayán, el mítico militar del parche –perdió el ojo en Siria, durante la Primera Guerra Mundial, luchando en la Legión Judía al servicio de la Corona británica–.

Los movimientos sionistas rusos y polacos son sólo pequeños ingredientes en la confección de la Haganá. Su verdadero ideólogo y estratega, prácticamente el que hará que pase de organización paramilitar deslocalizada a ejército embrionario, es también uno de los personajes más interesantes y apasionantes de esos años, el protector de Dayán, un oficial inglés y cristiano, Charles Orde Wingate, apodado por los judíos Hayedid, “el Amigo”.

Wingate es la mente maestra que está detrás de las nuevas tácticas de comando de la Haganá, de las acciones que volverían mítico al futuro Ejército de Israel: las operaciones de sabotaje y represalia, las incursiones nocturnas y las actividades encubiertas. Cuenta Nolin que Wingate, muy religioso, creía fervientemente que tenía la misión de ayudar a los judíos a establecer su hogar nacional en Palestina. Ante las revueltas árabes iniciadas en 1936 contra los centros de mando británicos y las comunidades judías, es Wingate el que organiza un plan conjunto que implica la colaboración entre británicos y judíos para frenar los ataques del Gran Muftí y sus seguidores. En este sentido, durante la Segunda Guerra Mundial la cooperación entre la Haganá y los ingleses llegó a un punto curioso y pragmático. La Haganá tenía como su gran enemigo el Libro Blanco, aquel documento del Mandato Británico que limitaba la inmigración judía hacia Palestina. Por ello, cuando Churchill le plantó cara a Hitler, a Ben Gurión no le quedó más remedio que clamar:

Lucharemos contra los ingleses como si no hubiera guerra, y apoyaremos a los ingleses como si no hubiera Libro Blanco.

La defensa de los judíos que hacía Wingate no era entendida por nadie de su entorno. Era para él una obsesión. De haber vivido Wingate en la Europa ocupada años más tarde, no cabe duda, hubiera sido recordado por las mismas razones por las que hoy recordamos a Oskar Schindler y a Raoul Wallenberg.

La Haganá no se reducía a un ejército secreto. Con vocación de ejército del futuro Estado, tenía unidades de inteligencia, de educación y de investigación, así como unidades de élite como el Palmaj, cuyos miembros, como representa Nolin, eran soldados ilustrados. Combatientes que, fusil en ristre, descansan bajo la sombra de un olivo leyendo libros de filosofía, religión o estrategia militar.

En el libro de Nolin vivimos intensas escaramuzas en las colinas y desiertos de Israel, somos testigos de intrigas en los callejones de Jerusalén, Haifa o Acre, asistimos a reuniones clandestinas en poblados perdidos de Galilea o en ciudades atestadas de ingleses como Tel Aviv, y nos deslumbramos con la cadena de acontecimientos y decisiones que llevaron a la Haganá a convertirse en el ideal máximo del sionismo: que los judíos puedan defenderse.

La Haganá fue un hito en Oriente Medio. Tras siglos de soldadesca salvaje bajo monarquías tribales, la Haganá nació como el primer ejército clandestino en que el oficial superior va delante de sus hombres en el campo de batalla; la falta de medios y apoyos sacó a relucir el capital humano y la educación y la solidaridad desempeñaron papeles determinantes. De la Haganá surge la primera regla del ejército de Israel: jamás se deja atrás a un compañero, vivo o muerto.

La Haganá fue la escuela donde se formaron los futuros líderes de Israel, Irgún y Menahem Beguin mediante –Nolin también detalla cómo se produce la escisión en el seno de la Haganá y los sionistas revisionistas, que tenían a Jabotinsky como padre político, deciden iniciar la lucha armada total contra árabes e ingleses–: Ariel Sharón, Isaac Rabín, Moshé Dayán…y el libro de Nolin se torna fundamental para comprender los propósitos del movimiento sionista y el épico nacimiento del moderno Estado de Israel.

Thierry Nolin: La Haganah: el ejército secreto de Israel. Euros, Barcelona, 1975, 293 páginas.