Contextos

La estabilidad en el conflicto israelo-palestino

Por Seth Mandel 

Banderas de Palestina e Israel.
"El sentido de la humanidad y la defensa del valor de toda vida por parte del Estado judío seguirá siendo constante, independientemente de las veces que Hamás se aproveche de la esencial decencia del pueblo israelí. Y así es como los israelíes quieren que sea""Hamás seguirá tratando de secuestrar, torturar y asesinar a niños inocentes. Israel seguirá buscándolos e intercambiando a terroristas por ellos si es necesario"

Perdida en medio de las muy merecidas críticas al llamamiento del presidente Obama a que Israel “actúe con contención” ante la violencia terrorista que emana de dos de sus fronteras hay una aguda evaluación del statu quo. “También insto a todas las partes a abstenerse de dar pasos que pudieran desestabilizar más la situación”, dijo el presidente. Se hace eco de unas afirmaciones del principal reportero del New York Times sobre Israel, que dijo que la autodefensa israelí había “desestabilizado” la política regional. Naturalmente, resulta ridículo afirmar eso de Israel, pero, lo que es más importante, asume la existencia de un delicado equilibrio que merece la pena ser conservado a toda costa. No es así.

Ciertamente, determinados aspectos del statu quo del conflicto palestino-israelí son statu quo por una razón: ambas partes los consideran ventajosos o, al menos, mejores que las alternativas. Y el secuestro y asesinato de tres chicos israelíes suscitó la cooperación de Mahmud Abás, lo que es otro recordatorio de que el Fatah de Abás, con todos sus fallos, es preferible a grupos como Hamás, que sustituirían a la facción si ésta perdiera el poder en la Margen Occidental. Pero la afirmación acerca de la contención se refiere fundamentalmente a la batalla de Israel contra Hamás. Y aquí es donde el conflicto presenta un statu quo que merece ser alterado.

Como escribe Haviv Rettig Gur en el Times of Israel, el sentido de la humanidad y la defensa del valor de toda vida por parte del Estado judío seguirá siendo constante, independientemente de las veces que Hamás se aproveche de la esencial decencia del pueblo israelí. Y así es como los israelíes quieren que sea.

Aunque el coste de pasados intercambios se hizo más crudo y angustioso, los israelíes saben también que si la situación hubiera sido desesperada, si los adolescentes hubieran resultado estar vivos y fuera del alcance de los servicios de seguridad israelíes, y si Hamás hubiera exigido la liberación de terroristas a cambio del regreso de los muchachos, sanos y salvos, entonces los dirigentes de Israel habrían considerado prácticamente insostenible dejarlos en manos del enemigo.

Para Hamás, el colapso de este secuestro no ha alterado la estrategia fundamental. El “éxito” de la operación Shalit -exitosa en el sentido de que fueron liberados presos palestinos-, unido a la escala de las manifestaciones públicas de dolor por los recientes asesinatos, han asegurado a Hamás que la efectividad de los secuestros no ha disminuido. La política palestina aún debe alcanzar el punto en el que los críticos de Hamás puedan señalar libremente que su beligerancia ha supuesto una década de ruina para la economía y la sociedad gazatíes.

Como han declarado abiertamente los líderes de Hamás, del libanés Hezbolá y de otros grupos en innumerables discursos glorificadores previos a intercambios de prisioneros, los secuestros dejan al descubierto el vulnerable vientre israelí: su gimiente, angustiosa obsesión por sus muchachos desaparecidos.

Esa debilidad, según han sostenido los enemigos de Israel, es estratégicamente significativa. La aritmética distorsionada de los intercambios de prisioneros entre árabes e israelíes es una señal de la decadencia israelí, de su moral cada vez más baja ante la persistencia y la resistencia árabes. Puede que los israelíes sean poderosos militarmente, pero su umbral del dolor es bajo. Incluso infligir un dolor relativamente bajo -cuántos israelíes han muerto en ataques con cohetes, preguntan a menudo los palestinos- puede obtener ganancias significativas que hagan avanzar hacia el objetivo más amplio de la destrucción final de Israel.

Y aquí tenemos una explicación concisa de por qué Hamás y cualquiera de los grupos afines a él que operan en esa misma línea deben ser derrotados. Una cosa es recomendar contención cuando una reacción exagerada tiene el riesgo de reforzar a las fuerzas equivocadas. Israel no quiere que caiga la Autoridad Palestina en la Margen Occidental, y procurará asegurarse de que no hace que Abás caiga y con ello se cree el vacío que ha estado esperando Hamás; sería, básicamente, hacerle el trabajo al movimiento islamista.

Pero arrestar o deportar a dirigentes y agentes de Hamás en la Margen Occidental hace justo lo contrario: deja espacio libre a Fatah y resta presión a a Abás. Alcanzar objetivos de Hamás en Gaza proporciona el contraste necesario, y resta capacidad al grupo terrorista para planear y ejecutar su estrategia antiisraelí, consistente casi por completo en cometer crímenes de guerra.

Por tanto, el statu quo son, en realidad, dos conjuntos de circunstancias fundamentales. Hay cierta estabilidad que merece la pena mantener en lo que respecta a la relación de Israel con el Gobierno de Abás en la Margen Occidental. Y contraatacar a Hamás puede hacerlo: “Está claro que los terroristas procedían de zonas bajo el control de la Autoridad Palestina y que regresaron a territorios bajo el control de la Autoridad Palestina”, declaró Mark Regev, portavoz de Netanyahu, como citó la CNN. La presencia de Hamás en la Margen Occidental es desestabilizadora; Israel está tratando de remediarlo.

Y por otra parte está la estabilidad entre Israel y Hamás. En este caso, no vale la pena mantener la estabilidad misma. Hamás seguirá tratando de secuestrar, torturar y asesinar a niños inocentes. Israel seguirá buscándolos e intercambiando a terroristas por ellos si es necesario. Hamás considerará la compasión como una debilidad. Enjabonar, aclarar, repetir. Quienes ahora instan a la contención para mantener la estabilidad olvidan el punto esencial, que la respuesta enérgica de Israel es lo único que puede mantenerla allí donde vale la pena y derribar el statu quo que fomenta el asesinato de inocentes.

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