Contextos

La destrucción del orden moral en Siria

Por Haid Haid 

Bandera de Siria con una mano teñida de rojo estampada.
"El conflicto armado divide a las comunidades, socavando la confianza interpersonal y comunal y destruyendo las normas y valores que motivan la cooperación y la acción colectiva para el bien común. Con el tiempo, los diferentes grupos desarrollan su propia memoria selectiva, que hace a los 'otros' responsables de sus tragedias, lo que dificulta la construcción de un futuro pacífico con ellos. Por lo tanto, la reconciliación y la paz sostenible requerirá no solo el cese de la violencia, sino un cambio en las personas y las mentalidades por el que se vuelva a ver al oponente como un ser humanos con derechos y valores similares"

El 28 de abril, un grupo de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), alianza contra el ISIS dirigida por los kurdos, exhibió cuerpos de rebeldes por las calles de Afrín, una ciudad kurda del norte de Siria. El 12 de mayo, combatientes rebeldes se fotografiaron sobre tres cadáveres en Al Zara, ciudad alauita en la provincia de Hama. El 16 de mayo, un destacado jefe del Ejército sirio posó delante de dos cadáveres colgados y partidos por la mitad en Deir Ezzor. El conflicto en Siria ha creado las condiciones necesarias para sistemáticamente erigir al Otro en enemigo y convertirlo en objetivo legítimo de la violencia. La deshumanización del Otro ha alcanzado un nuevo nivel, en el que la celebración de la muerte de los combatientes de grupos rivales se ha vuelto moralmente aceptable. Esta tendencia es alarmante, ya que aumenta el riesgo de que se generalice el conflicto intercomunal al nivel de las atrocidades masivas que se registran en Siria.

El asesinato sistemático se ha convertido no solo en una práctica aceptada en los últimos años, sino en una necesidad para protegernos de ellos. El uso excesivo de la fuerza por parte del régimen de Asad contra manifestantes pacíficos desde marzo de 2011 y la falta de protección de los civiles ha creado un entorno favorable a la violencia. El régimen de Asad ha establecido asimismo una división sistemática entre sus partidarios y sus detractores, a los que concibe como enemigos. Al deshumanizarla, la oposición quedó excluida del código moral que rige al resto de la sociedad, lo que legitima su asesinato. Según la psicóloga social Terrel Northrup, la deshumanización hace la violencia más tolerable, ya que es más fácil dañar algo o a alguien que es considerado no humano o inhumano.

Aunque la deshumanización fue utilizada durante las primeras etapas del conflicto sobre todo por el régimen de Damasco, se ha convertido en una práctica común a la mayoría de los grupos armados. En los tres incidentes ya mencionados, los autores tacharon de outsiders a sus enemigos y justificaron así sus actos inhumanos. Cuando se exhibieron por las calles de Afrín 40 o 50 cadáveres en un camión conducido por combatientes de las FDS, los habitantes de la ciudad fueron grabados jaleando a los soldados. Se dijo que los rebeldes muertos eran yihadistas y extremistas. En el incidente de Al Zara, los rebeldes se refirieron a los muertos que aparecían en sus fotos como shabiha (sicarios a favor del régimen). El jefe del Ejército afirmó que los cadáveres que había a su espalda eran de miembros del ISIS. En todos estos incidentes, los términos empleados retrataban a los enemigos muertos como inhumanos.

Esas prácticas no se limitan a los tres incidentes o grupos mencionados aquí. Otros grupos, entre ellos el ISIS y el Frente Al Nusra, han grabado y difundido sistemáticamente vídeos de naturaleza similar. Los reporteros de la televisión estatal también han posado junto a cadáveres de opositores al régimen. Así, la reportera Kenana Alush se hizo selfies delante de cadáveres de rebeldes en Alepo el 11 de mayo.

Las reacciones oficiales de los grupos que cometen estos actos inhumanos han variado desde los vítores al rechazo. Ni el Ejército ni la televisión estatal han emitido comunicado alguno condenatorio de la conducta de las fuerzas del régimen. En el lado opuesto del espectro, Sharván Darwish, portavoz de las Fuerzas Democráticas Sirias, declaró que lo que había ocurrido en Afrín no era representativo de los principios y la ética de las mismas, y que no debe permitirse dicho comportamiento. El grupo rebelde responsable del otro incidente también emitió un comunicado oficial condenando los actos de sus combatientes, y se comprometió a exigir responsabilidades a sus autores para evitar que se repitan actos semejantes.

Estos incidentes han generado muchas críticas de los kurdos y los grupos y comunidades de la oposición. Sin embargo, las comunidades partidarias de Asad no han criticado abiertamente los actos del jefe militar o de la reportera. “Estoy en contra de esos actos porque no me representan, pero no fui capaz de criticarlos públicamente. Me considerarían un traidor por criticar al Ejército”, dijo Nur, profesor residente en Damasco y partidario de Asad. Aunque el miedo tiene mucho que ver con la minimización de las críticas en las comunidades que defienden a Asad, la profunda polarización del conflicto también contribuye a que los grupos pro Asad sean cada vez más incapaces de reconocer la humanidad que sus enemigos comparten con ellos. Esto hace que la situación sea distinta de la mayoría de los grupos de la oposición, cuyos miembros y seguidores siguen intentando contrarrestar los intentos de deshumanización de sus enemigos negándose a excluirlos de los códigos morales tradicionales. No obstante, estas comunidades corren el peligro de perder su empatía si continúa la violencia.

El distanciamiento social y psicológico entre las partes no terminará con el cese del conflicto armado. Será necesario un proceso colectivo de reconciliación para reparar la quiebra de las relaciones sociales. El conflicto armado divide a las comunidades, socavando la confianza interpersonal y comunal y destruyendo las normas y valores que motivan la cooperación y la acción colectiva para el bien común. Con el tiempo, los diferentes grupos desarrollan su propia memoria selectiva, que hace a los otros responsables de sus tragedias, lo que dificulta la construcción de un futuro pacífico con ellos. Por lo tanto, la reconciliación y la paz sostenible requerirá no solo el cese de la violencia, sino un cambio en las personas y las mentalidades por el que se vuelva a ver al oponente como un ser humanos con derechos y valores similares.

Ir hacia la reconciliación y la paz sostenible en sociedades tan profundamente divididas como siria requiere de estrategias de pacificación postconflicto que reparen las divisiones sociales y psicológicas que alimentan la violencia colectiva. Cuanto más se posterguen esas estrategias, más difícil será recuperar la unión de las comunidades sirias.

© Versión original (inglés): NOW
© Versión en español: Revista El Medio