Contextos

La democracia turca, gran víctima del golpe de 2016

Por Aykan Erdemir 

Recep Tayyip Erdogan.
"Aunque los detalles del golpe siguen siendo un misterio, una cosa está clara: la auténtica víctima ha sido la democracia turca"

El 15 de julio del año, pasado el pueblo turco plantó cara a un grupo de soldados deshonestos que trataban de dar un sangriento golpe de Estado, en el curso del cual mataron a 249 personas. Un año después, Turquía sigue en estado de emergencia y el presidente, Recep Tayyip Erdogan, gobierna a golpe de decreto. Tras culpar de la intentona la opaca red del clérigo Fethullah Gulen, Erdogan calificó de terrorista al movimiento de su exaliado y purgó a más de 100.000 servidores públicos. Asimismo, encarceló a 50.000 personas, decenas de las cuales eran representantes electos.

Aunque el golpe fracasó, se ha convertido en el pretexto de Erdogan en su cada vez más exitoso empeño de derrocar la democracia parlamentaria.

Los colíderes del tercer partido del Parlamento están, los dos, en la cárcel. En julio de 2015 Selahattin Demirtas y Figen Yuksekdag llegaron a lo más alto de sus carreras al hacer que su predominantemente kurdo Partido Democrático del Pueblo (HDP) superara el 10% del voto nacional. Fue un hito no sólo para los kurdos turcos, que por primera vez consiguieron acceder al Parlamento como partido, también para las otras minorías étnicas, religiosas y sexuales respaldadas por dicha formación. Pero la intentona del año siguiente llevó a Demirtas y a Yuksekdag a prisión bajo cargos dudosos, así como a otros nueve parlamentarios del HDP. Los tribunales despojaron a Yuksekdag de su condición de parlamentaria en febrero, y el otro día trataron de humillar a Demirtas y conducirlo esposado a la audiencia, pero él se negó.

El mes pasado la purga tuvo por objeto al principal partido de la oposición, el Republicano del Pueblo (CHP). Enis Berberoglu, periodista y diputado del CHP, fue condenado a 25 años por revelar que la inteligencia turca había provisto ilegalmente de armas a los yihadistas sirios. La indignación tuvo por consecuencia la Marcha por la Justicia, de 400 kilómetros, que alcanzó su punto culminante el domingo 9, con una manifestación en Estambul que reunió a casi dos millones de personas. Erdogan subió la apuesta al día siguiente con la detención de 72 profesores, entre los que se contaba un antiguo asesor del líder del CHP.

El CHP y el HDP, los dos mayores partidos de la oposición, aparecen ahora como los objetivos primordiales de Erdogan. En los últimos seis meses, 74 diputados de esos dos partidos han sido procesados con cargos fabricados. Seguramente haya más detenciones.

Justo después de la intentona golpista, Erdogan dijo que había sido “un regalo de Dios”. Desde entonces, la ha utilizado para diezmar a sus adversarios políticos y consolidar su gobierno personalista. Fue en este clima de represión que el presidente turco metió al país en el crucial referéndum de abril, que, luego de un controvertido resultado, reforzó sus poderes ejecutivos, legislativos y judiciales.

Aunque los detalles del golpe siguen siendo un misterio, una cosa está clara: la auténtica víctima ha sido la democracia turca.

© Versión original (en inglés): Foundation for Defense of Democracies (FDD)
© Versión en español: Revista El Medio

Nota: Merve Tahiroglu es coautora de este artículo.