Revista de Prensa

La complicidad criminal de Putin con Asad

 

Bashar al Asad y Vladímir Putin, en Moscú (octubre de 2015).

El periodista canadiense Sheldon Kirshner trata en este artículo sobre el veto que, por séptima vez en los últimos seis años, ha impuesto Rusia en el Consejo de Seguridad de la ONU para impedir que salga adelante una resolución contra la tiranía baazista.

El pasado mes de diciembre, el anterior secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, vio que [un] convoy [humanitario] de 31 camiones organizado por la ONU y la Media Luna Roja siria había sido atacado. Sin embargo, evitó identificar al responsable. El informe más reciente de la ONU es mucho más concluyente al probar, más allá de cualquier duda razonable, que el Gobierno sirio fue directamente responsable (…), acusación que Asad negó descaradamente.

Durante el asedio de Alepo, aviones rusos se unieron a los sirios para bombardear objetivos civiles –hospitales, mercados, panaderías y estaciones de distribución de agua– y por tanto cometieron crímenes de guerra también. Rusia no lo admitirá, pero es la verdad.

(…)

Rusia siempre ha encontrado una razón endeble o una pobre excusa para proteger a la brutal policía estatal de Asad. De ahí su decisión de vetar seis resoluciones (…) de la ONU sobre Siria, el aliado más estrecho de Rusia en el mundo árabe. En efecto, Rusia ha dado a Siria carta blanca para hacer todo lo que le plazca.

El periodista saudí Abdulramán al Rashid denuncia que los opositores que participan en las negociaciones que se desarrollan en la ciudad suiza para poner fin al conflicto sirio son, en realidad, elementos vinculados en mayor o menor medida al régimen de Damasco.

Cuando el régimen sirio se dio cuenta de que la oposición tenía más legitimidad que él, recurrió al truco de inventarse grupos a los que denominó “la oposición”, permitiéndoles trabajar en Damasco y enviándolos a las capitales que lo apoyan, como Teherán o Moscú, a negociar en nombre de la oposición.

(…)

El régimen de Damasco, con la ayuda de Rusia, ha impuesto a esos grupos en las negociaciones de Ginebra. Después de que el enviado internacional aceptara incluirlos, Moscú ha pedido su integración en la delegación de la oposición auténtica. Cuando ésta rechazó integrarse con esos falsos grupos, fue acusada de sabotear las negociaciones.

(…)

Si Moscú e Irán apoyan a esas facciones (…), lo mejor es que firmen un acuerdo con ellas en Teherán y acabe esta farsa.

Refael Ofek y Dany Shoham, del Begin Sadat Center for Strategic Studies, dan cuenta de la colaboración que Teherán y Pyongyang mantienen en un área tan sensible como la energía nuclear.

Ambos países han seguido recorridos balísticos y nucleares bastante parecidos, con una considerable, y en gran parte esperada, complementariedad tecnológica recíproca. Los denominadores comunes tecnológicos que subyacen a los programas de misiles balísticos y armamento nuclear de Irán y Corea del Norte no pueden ser considerados una coincidencia. Más bien indican probablemente (…) un nivel mucho más amplio de interacción oculta entre Teherán y Pyongyang.

La cooperación entre Irán y Corea del Norte, que parece estar plenamente activa, probablemente sirve como sustituto productivo de las actividades iraníes prohibidas por el acuerdo nuclear. En otras palabras, esto faculta a Irán a continuar su búsqueda de armas nucleares. Si no es vigilada estrictamente por las comunidades occidentales de inteligencia, esta cooperación podría adoptar la forma de un traslado de material de fisión apto para armamento, componentes armamentísticos o, en el peor de los escenarios, armas nucleares completas desde Corea del Norte hasta Irán. En un grado apreciable, Irán está ayudando simultáneamente a la mejora de las capacidades estratégicas de Corea del Norte.