Contextos

La capital mundial de la teoría de la conspiración

Por Michael J. Totten 

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"No estoy seguro de por qué tantos egipcios creen que israelíes y norteamericanos están empeñados en destruir su país. Puede que tenga que ver con el efecto foco. Pero, sea por lo que sea, es una idea sorprendentemente extendida""Toda organización terrorista islamista suní de Oriente Medio o es una filial de los Hermanos Musulmanes o es una filial de una filial. No hay excusas para no entender esto, pero cometer ese error no forzoso dista mucho de valerse de los Hermanos Musulmanes como instrumento en una trama para destruir Egipto""Egipto no tiene que copiar a Occidente hasta el último detalle para poder prosperar, pero no hay que eludir el hecho de que la gente que rechaza todo lo que defiende Occidente tiene garantizado vivir estrangulada por la pobreza"

Las teorías de la conspiración existen en todo el mundo, pero son particularmente frecuentes en Oriente Medio y proliferan en Egipto, incluso para lo que es habitual en la región. Por lo general, son inofensivas cuando sólo se las creen chiflados marginales, pero cuando se convierten en tendencia y afectan a los niveles más altos del Gobierno y de los medios de comunicación hay que tener cuidado.

El National Geographic lleva la historia de la última teoría disparatada que circula por Egipto, propuesta por el gobernador de la provincia de Minya.

Hace poco, turbas locales saquearon un museo y quemaron catorce iglesias hasta los cimientos, y el gobernador culpa de ello a Estados Unidos en general y a la Casa Blanca en particular. Afirmó:

Ha sido Obama. Y todos los políticos norteamericanos que han dividido el mundo. Son los únicos que apoyaron a los Hermanos Musulmanes, porque sabían que ellos destruirían todo Egipto.

Esta forma de hablar es típica de Egipto; lo ha sido desde hace décadas. Si no se lo creen, relean el ensayo que hace poco escribió Samuel Tadros en The American Interest sobre el problema judío de Egipto:

Israel, Turquía, Estados Unidos, la Unión Europea y Qatar conspiran contra Egipto, clama un autodenominado liberal egipcio; Estados Unidos actúa contra los coptos para beneficiar a los judíos, grita un activista copto; los Hermanos están aplicando los Protocolos de los Sabios de Sión, escribe el periódico del que antaño fuera el principal partido liberal egipcio; Israel trata de dividir Egipto en una serie de Estados más pequeños y débiles, escribe otro; los líderes de los Hermanos Musulmanes son judíos masones, proclama un líder sufí; no, es el golpe el que va en beneficio de los judíos, afirma la página web de los Hermanos. Todos estos son síntomas de una sociedad decadente.

La única diferencia entre esas estrafalarias teorías -que abarcan todo el espectro político- y la última es que en el centro de ésta se encuentra Estados Unidos en vez de Israel.

Para empezar, eliminemos lo evidente. Los políticos norteamericanos no pueden ser los únicos del mundo que apoyaran a los Hermanos Musulmanes. Su candidato, Mohamed Morsi, obtuvo el 51% de los votos en las elecciones presidenciales, las primeras y únicas libres y limpias de la historia.

Naturalmente, el apoyo a los Hermanos cayó en picado tras una épica oleada de remordimientos post-compra, pero nadie -nadie- obligó a millones de egipcios a que votaran por Morsi y por su partido; eso fue cosa suya.

No estoy seguro de por qué tantos egipcios creen que israelíes y norteamericanos están empeñados en destruir su país. Puede que tenga que ver con el efecto foco. Pero, sea por lo que sea, es una idea sorprendentemente extendida. En El Cairo escuché frecuentemente una u otra versión, incluso de labios de gente que, por lo demás, parecía medio razonable.

Tarek Hegy, uno de los pocos verdaderos intelectuales liberales egipcios, lo expuso así en Alejandría, hace unos años:

Los egipcios creen que Israel se levanta por la mañana, se pregunta qué puede hacer ese día para perjudicar a Egipto, pone en práctica el plan que se le ocurra, se va a la cama, y al día siguiente se levanta y repite otra vez lo mismo.

No me derretí con el famoso discurso de Obama en El Cairo, como hicieron algunos, pero, al menos, éste debería demostrar que, cualesquiera que sean ahora mismo los defectos de la Casa Blanca, uno de ellos no es el deseo de destruir Egipto.

Y, ya que estamos, aclaremos otra cosa.

Los políticos norteamericanos no tanto apoyaron a los Hermanos Musulmanes como fueron engañados por ellos y por sus defensores para creer que la organización era moderada.

Sí, de acuerdo, los Hermanos Musulmanes son moderados comparados con Al Qaeda, ¿y qué? Eso difícilmente nos dice algo útil. Benito Mussolini era moderado comparado con Adolf Hitler. El Ku Klux Klan es moderado si lo comparamos con la Inquisición española. Fidel Castro es moderado comparado con Pol Pot. Vladímir Putin es moderado si lo comparamos con Iván el Terrible. Las FARC colombianas son moderadas con Sendero Luminoso. Pero ninguno de esos individuos u organizaciones son moderados en el verdadero sentido de la palabra. La palabra “moderado” generalmente hace referencia, en el inglés norteamericano, a los demócratas conservadores y a los republicanos progresistas, no a gente como Fidel Castro y Vladímir Putin. Ni tampoco, realmente, a los Hermanos Musulmanes.

El presidente Obama y sus asesores creyeron verdaderamente que, si tendían la mano a los Hermanos Musulmanes, disminuiría la hostilidad hacia Estados Unidos, al menos entre los relativamente “moderados”. Creyeron lo mismo de Rusia y de Vladímir Putin, y hoy en día siguen creyéndolo del régimen de la República Islámica de Irán. No tienen en cuenta que la hostilidad hacia Occidente se basa, ante todo, en un rechazo hacia las ideas y la cultura occidentales. Lo de hacerse el simpático, que funciona en Berlín, París y Ottawa, fracasa por completo en Moscú y El Cairo. Podría funcionar en Teherán, cuando no exista el régimen islamista, y hará maravillas en La Habana cuando desaparezca el régimen de Castro, pero sólo funciona con gente ideológicamente hostil cuando hay que enfrentarse a un enemigo mayor que nos amenaza a todos (recordemos la alianza estadounidense con la Unión Soviética contra la Alemania nazi).

Los norteamericanos que se dejaron engañar por los Hermanos Musulmanes deberían haber sido más listos. Toda organización terrorista islamista suní de Oriente Medio o es una filial de los Hermanos Musulmanes o es una filial de una filial. No hay excusas para no entender esto, pero cometer ese error no forzoso dista mucho de valerse de los Hermanos Musulmanes como instrumento en una trama para destruir Egipto.

Egipto no puede siquiera empezar a salir del pozo hasta que afronte el hecho de que los egipcios, y no los israelíes, los norteamericanos, los turcos o los cataríes, son los causantes de su propia tragedia. Como suelen decir los terapeutas en casos de adicción, “no puedes cambiar lo que no reconoces”.

El país tiene numerosos problemas, pero el mayor, del que proceden muchos otros, es su rechazo ideológico de los valores políticos liberales. La mayoría de los partidos laicos egipcios son tan vehemente antiamericanos, antioccidentales, antiisraelíes y antiliberales como los islamistas. Egipto no tiene que copiar a Occidente hasta el último detalle para poder prosperar, pero no hay que eludir el hecho de que la gente que rechaza todo lo que defiende Occidente tiene garantizado vivir estrangulada por la pobreza.

Y ya va siendo hora de que nos demos cuenta de que nadie que actualmente esté en el poder en Egipto, ni siquiera el antiislamista más radical, es nuestro amigo.

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