Contextos

La batalla por Alepo que nunca comenzó

Por Tony Badran 

Ruinas de Alepo, Siria.
"La operación sobre Alepo puede haber sido una finta todo el tiempo, una maniobra empleada por ambas partes para modificar las percepciones sobre el curso de la guerra""El razonamiento, pues, está claro: asegurar las rutas y líneas de comunicación decisivas, y consolidar el territorio del régimen que se extiende entre Damasco y la costa, pasando por Homs""Si la estrategia del régimen y de sus patronos iraníes es la de asegurar un cantón similar situado a lo largo de la frontera con el Líbano, para mantener así un vínculo esencial con Hezbolá, entonces las operaciones y concentraciones de tropas principales serán probablemente en Homs y Damasco, no en Alepo"

La política siria de la Administración Obama sigue siendo un misterio, y mientras el mundo se preocupaba por Egipto, Siria desapareció silenciosamente de los titulares después de la batalla de Qusair, en junio.

Cuando las fuerzas del régimen de Asad, encabezadas por unidades de Hezbolá, reconquistaron esa pequeña localidad hace poco menos de un mes, se esperaba que el régimen y sus aliados se dirigieran a continuación a Alepo. Miembros de la Administración siria incluso anunciaron una inminente Operación Tormenta del Norte a comienzos de junio. En consecuencia, los comandantes rebeldes, así como algunas autoridades occidentales, hicieron sonar las alarmas, temiendo que la posible caída de la mayor ciudad de Siria asestara un golpe letal a la revolución. Pero esa ofensiva nunca llegó. De hecho, la operación sobre Alepo puede haber sido una finta todo el tiempo, una maniobra empleada por ambas partes para modificar las percepciones sobre el curso de la guerra.

Una gran operación en el norte de Siria nunca fue el movimiento lógico después de Qusair. El auténtico paso siguiente, el que era estratégicamente coherente, siempre fue en Homs y en Damasco, y en el campo de los alrededores de ambas ciudades, a lo largo de la frontera con el Líbano. Allí es precisamente donde el régimen y Hezbolá han estado actuando más intensamente desde junio. Comprender el propósito de estas operaciones nos ayudará a identificar dónde es más probable que concentren sus esfuerzos las fuerzas de Asad y sus aliados libaneses en los meses venideros.

Hay varios motivos por los que no era probable que una ofensiva sobre Alepo fuera inminente. En primer lugar, no había una concentración de fuerzas similar a la que vimos antes de la batalla de Qusair. Además, en Alepo no sólo no hubo la misma campaña de asedio sistemática, de meses de duración, en la que se despejaron las localidades de los alrededores, sino que su campo de batalla fue prácticamente el opuesto del de Qusair. Mientras que en este último caso Hezbolá y el régimen tenían líneas de suministro seguras con el Líbano y con la región costera alauita, en Alepo eran los rebeldes quienes tenían esa ventaja en la campiña del norte y hasta Turquía.

En vez de eso, las fuerzas gubernamentales y las de Hezbolá han aprovechado su ventaja en Homs y Damasco, donde tiene sentido táctico y estratégico. Por ejemplo, justo después de Qusair, el régimen retomó la ciudad de Tal Kalaj, en la frontera con el norte del Líbano, con lo que cortó otra línea de reabastecimiento rebelde desde el país del Cedro hasta Homs. En la actualidad se está estrechando el asedio en torno a esta ciudad, y desde hace un par de semanas se está llevando a cabo un ofensiva conjunta para tomar los barrios rebeldes que quedan en la localidad, sin que por ahora se haya producido un avance decisivo.

Al mismo tiempo, las fuerzas combinadas del régimen, de Hezbolá y de las milicias iraquíes han estado asaltando barrios del nordeste de Damasco, como Al Qabun y Barzeh, que también se encuentran justo al lado de la autopista que une la capital y Homs. El razonamiento, pues, está claro: asegurar las rutas y líneas de comunicación decisivas, y consolidar el territorio del régimen que se extiende entre Damasco y la costa, pasando por Homs.

Por tanto, la estrategia militar del régimen está siguiendo ahora el precedente que tuvimos en la primera fase de la guerra civil libanesa. En el invierno de 1976, mientras las fuerzas cristianas actuaban para asegurar su enclave, necesitaban despejar focos de presencia palestina en su zona que amenazaban sus líneas de comunicación. Así, atacaron el campo de refugiados de la ciudad costera de Dbayeh, entre Junieh y Beirut. Después vino el ataque de Quarantina, un poblado de chabolas que dominaba la principal autopista de la costa entre Beirut y los principales bastiones cristianos del norte. Al mismo tiempo, comenzó el asedio del campo de refugiados de Tal el Zataar, que, de modo análogo, estaba situado en un nudo decisivo e interrumpía las comunicaciones entre las fuerzas cristianas en múltiples direcciones, entre ellas la carretera principal que iba hasta el bastión de las milicias del Kataeb [las Falanges Libanesas], en la región del Matn. Se tardó unos siete meses hasta que por fin se logró tomar el campo. Esas batallas fueron decisivas para consolidar el territorio cristiano.

Si la estrategia del régimen y de sus patronos iraníes es la de asegurar un cantón similar situado a lo largo de la frontera con el Líbano, para mantener así un vínculo esencial con Hezbolá, entonces las operaciones y concentraciones de tropas principales serán probablemente en Homs y Damasco, no en Alepo.

De hecho, un rápido vistazo a las filtraciones en los medios y a las pistas de los círculos de Hezbolá revela que esas son las zonas en las que se están centrando. Por tanto, la próxima zona en la que es probable que veamos grandes operaciones en los meses venideros es en la región al sur de Qusair, hasta la campiña occidental de Damasco, junto a la frontera libanesa. El área en torno a poblaciones como Zabadani y Segraya, por ejemplo, aparece habitualmente de forma destacada en medios afines a Hezbolá, especialmente dado que está muy próxima a bastiones del partido, como Nabi Sheet, en el lado libanés de la frontera. Cuando los rebeldes tomaron el cercano paso de Rankus el año pasado, una fuente próxima al movimiento chií libanés señaló la importancia estratégica de la zona para el grupo, e hizo hincapié en la necesidad de controlarla.

Consolidar esta franja, que es comúnmente considerada el corredor que conecta Damasco con el corazón del territorio alauita, es el movimiento que tiene sentido estratégico. Incluso en el cénit de su poder, desde comienzos a mediados de los 80, las fuerzas cristianas libanesas encontraron muy difícil poder expandirse más allá de sus enclaves, ni siquiera en zonas donde tenían posiciones establecidas. Hacer incursiones a Alepo, al menos a estas alturas, no tiene sentido para el régimen ni para Hezbolá, y no habría supuesto un avance en lo que parece ser una estrategia territorial metódica.

Es posible, pues, que la fanfarria sobre una inminente ofensiva para retomar Alepo fuera una operación de información. El régimen pretendía aprovechar la inercia de Qusair para desmoralizar a los rebeldes y crear un sentimiento de pánico y confusión en sus filas; probablemente incluso pretendiera obligarles a desviar recursos al norte, lejos de Homs y de Damasco. En cuanto a los rebeldes y a algunos aliados europeos, la posibilidad de semejante revés les servía como señal de alarma para empujar a un distante y reticente Estados Unidos a entrar en acción.

Sin embargo, como hemos visto desde entonces, ni siquiera el decepcionante anuncio de la Casa Blanca de que iba a aumentar la ayuda a los rebeldes se ha llevado a la práctica. Pero, aparte de enviar armas, a Washington le sigue faltando visión estratégica. En cambio, los iraníes están asegurando sus intereses al consolidar un protectorado en el oeste de Siria, junto a su base del Líbano.

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