Contextos

La batalla de Siria

Por Clifford D. May 

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"Por eso la batalla de Siria se ha vuelto tan importante. Por eso los gobernantes iraníes están tan comprometidos con Bashar al Asad y le envían no sólo dinero y armas, sino comandantes, estrategas y tropas de élite de su Guardia Revolucionaria Islámica, así como de Hezbolá, su legión extranjera libanesa""Jonathan Spyer, uno de los más incisivos e intrépidos reporteros que cubren la información sobre Siria, me ha sugerido que ha llegado el momento de imaginar -y quizá de apoyar- que Siria se divida en no menos de tres entidades. Una sería gobernada por los suníes, la mayoría de la población; otra por alauitas, el grupo étnico-religioso al que pertenece Asad, y que teme un genocidio en caso de que cayera el dictador, y una tercera por los kurdos""Si Estados Unidos no es el policía del mundo, ¿quién lo será? No se engañen creyendo que la ONU está a la altura de esa tarea, que podría estarlo… o incluso que debería estarlo""Incluso con un policía, el mundo no estará libre de crímenes, ni todos los criminales serán llevados ante la justicia. Pero un mundo en el que ni siquiera se aplican las leyes más fundamentales pronto involucionará a un estado natural hobbesiano: a una jungla"

Ayer hace doce años que contemplábamos las ruinas humeantes en el centro de Manhattan y en el Pentágono, contábamos los muertos y nos preguntábamos quién habría cometido esa atrocidad y por qué, temerosos de lo que fueran a hacer a continuación, inseguros de cómo actuar. ¿Cuánto hemos avanzado desde entonces?

Por una parte, no hemos sufrido un segundo atentado de la escala del del 11 de septiembre de 2011. Osama ben Laden ha sido eliminado, como muchos de sus subordinados. Eso es algo.

Por otra, los afiliados a Al Qaeda, dirigidos por el sucesor de Ben Laden, Ayman al Zawahiri, son una presencia amenazadora en más de una decena de países. Sus íntimos aliados, los talibanes, no han sido derrotados, ni mucho menos, en Afganistán. AQ ha sido reconstituida en Irak tras la retirada estadounidense. Sus combatientes han acudido masivamente a Siria, donde destacan en número entre los rebeldes que luchan contra el régimen de Asad…que es, a su vez, el títere de la República Islámica de Irán.

Leslie Gelb, el sofisticado e inteligente presidente emérito del Consejo de Relaciones Exteriores, escribió recientemente que Irán “comparte la preocupación norteamericana por el fanatismo y el yihadismo suníes”. ¿De verdad no se da cuenta de que los gobernantes iraníes son fanáticos y yihadistas chiíes? ¿No comprende hasta qué punto la Revolución Islámica iraní de 1979 inspiró y desafió a los radicales suníes para crear Al Qaeda? ¿No le queda claro que los yihadistas, tanto chiíes como suníes, comparten el mismo objetivo: “un mundo sin América”, como expresó sucintamente el anterior presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad? ¿No ve que un Oriente Medio sin América supondría un gran hito?

Por eso la batalla de Siria se ha vuelto tan importante. Por eso los gobernantes iraníes están tan comprometidos con Bashar al Asad y le envían no sólo dinero y armas, sino comandantes, estrategas y tropas de élite de su Guardia Revolucionaria Islámica, así como de Hezbolá, su legión extranjera libanesa.

Las fuerzas de Al Qaeda en Siria, especialmente el Frente Al Nusra y el Estado Islámico de Irak y Siria (EIIS), también están bien armados y financiados, gracias a ricos jeques del petróleo que simpatizan con su causa.

Eso deja sólo a los sirios que rechazan el yihadismo (tanto el suní como el chií) y que, como huérfanos, preferirían estar aliados con Norteamérica y Occidente. Es cierto que eran más y estaban en una posición mejor cuando comenzaron las protestas pacíficas contra Asad, hace más de dos años. Hillary Clinton, David Petraeus y Leon Panetta fueron algunos de los que instaron al presidente Obama a que apoyara a la oposición nacionalista, pero él rechazó su consejo. Se creó un vacío; que Al Qaeda lo llenara no debería suponer ninguna sorpresa.

Muchos miembros del Congreso temen que cualquier acción que se adopte ahora contra Asad refuerce a los grupos vinculados a Al Qaeda. Pero eso es muy improbable, si las armas para defensa propia son proporcionadas sólo a los grupos que hayan sido “verificados” por nuestros servicios de inteligencia, además de a los siríacos (las ancestrales y ahora perseguidas comunidades cristianas), a los kurdos y a los drusos.

Jonathan Spyer, uno de los más incisivos e intrépidos reporteros que cubren la información sobre Siria, me ha sugerido que ha llegado el momento de imaginar -y quizá de apoyar- que Siria se divida en no menos de tres entidades. Una sería gobernada por los suníes, la mayoría de la población; otra por alauitas, el grupo étnico-religioso al que pertenece Asad, y que teme un genocidio en caso de que cayera el dictador, y una tercera por los kurdos (de hecho, los kurdos han estado combatiendo con éxito a Al Qaeda en el noreste del país). Puede que estas entidades puedan existir en el seno de una confederación flexible, en la que los siríacos y los drusos disfruten también de un elevado grado de autonomía. Si eso no funciona, la descomposición de Yugoslavia viene a la mente como modelo.

Sí, puede que los grupos aliados con Al Qaeda se adueñen de territorio y ejerzan poder en la entidad suní. Hay respetados expertos en Oriente Medio que confían en que, después de Asad, los suníes menos radicales no acepten el dominio de AQ y que ésta sea expulsada, como ocurrió en la provincia iraquí de Anbar (aunque en ese caso fue con la ayuda de los marines estadounidenses). Pero si no es así y las fuerzas de Al Qaeda permanecen y emplean sus bases para librar la yihad, tendremos que ocuparnos de ellas, del mismo modo que debemos ocuparnos de los refugios de la organización en otras partes de Oriente Medio, África y Asia. Por estos pagos, al menos, tendríamos la ayuda de nuestros aliados jordanos e israelíes.

Norteamérica “no puede ni debe ser el policía del mundo”, dijo la semana pasada la embajadora estadounidense ante Naciones Unidas, Samantha Power, mientras argumentaba para que el Congreso autorizara a Obama a ser el poli de ronda en el Levante.

El martes por la noche, el presidente dijo prácticamente lo mismo. Plantéense una cuestión difícil: si Estados Unidos no es el policía del mundo, ¿quién lo será? No se engañen creyendo que la ONU está a la altura de esa tarea, que podría estarlo… o incluso que debería estarlo. Como señaló Power, el Consejo de Seguridad “ni siquiera pudo ponerse de acuerdo para emitir un comunicado de prensa en el que expresaba su rechazo” a la matanza de niños sirios. (Y predigo que pronto se demostrará que el actual plan ruso para que Asad entregue sus armas químicas en virtud de una resolución del Consejo es una farsa).

Incluso con un policía, el mundo no estará libre de crímenes, ni todos los criminales serán llevados ante la justicia. Pero un mundo en el que ni siquiera se aplican las leyes más fundamentales pronto involucionará a un estado natural hobbesiano: a una jungla. En realidad, será peor que eso, porque mientras quienes luchan contra Occidente cometerán impunemente las mayores atrocidades, se ejercerá una tremenda presión para obligar a Norteamérica, a Israel y a otras naciones marcadas como objetivo a luchar bajo las reglas del marqués de Queensberry.

Aquí es donde estamos, doce años después de los atentados del 11-S. Por una parte, podría ser peor. Por otra, aún no hemos salido del bosque, y, por el aspecto que tienen la flora y la fauna, no vamos camino de la civilización.

Foundation for Defense of Democracies