Contextos

La Batalla de Mosul

Por Michael J. Totten 

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"Van a morir muchos combatientes del ISIS, pero son parte de una organización global, y los supervivientes huirán y aterrizarán en alguna otra parte como esporas de moho explosivas. Algunos se resguardarán en alguna otra parte de Irak. Otros quizás se dirijan a Libia, y otros a la cada vez más anárquica península egipcia del Sinaí"

Una coalición de fuerzas del Gobierno iraquí, milicianos cristianos y soldados kurdos en tanques postapocalípticos de fabricación casera se encuentra en la periferia de Mosul, la segunda ciudad más grande de Irak, y, con el apoyo aéreo de EEUU y Gran Bretaña, está preparada para recuperarla de manos del ISIS.

Mosul es la última ciudad iraquí que continúa bajo el control del ISIS. Washington y Bagdad la han dejado para el final porque, con una población normal de más de dos millones, es probable que esta resulte la batalla más difícil.

Se calcula que el número de combatientes del ISIS que hay en la ciudad es inferior a 10.000, pero lucharán en plan guerrilla, con trampas explosivas, coches bomba, artefactos explosivos improvisados (IED) y atacantes suicidas. El ISIS también se ha ocultado bajo tierra con una vasta red de túneles como los utilizados por el Vietcong (y Hezbolá). Sacarlo de ahí va a ser una pesadilla.

Las ciudades de Faluya, Tikrit y Ramadi fueron purgadas con la ayuda de las milicias chiíes, respaldadas por Irán. Esta vez, el apoyo lo están dando los cristianos asirios y los kurdos.

Los kurdos son los mejores combatientes de la región, después de los israelíes, y son con creces los aliados más fiables. Siempre se sitúan en el lado correcto de cada conflicto: contra tiranos laicos como Sadam Husein y contra toda clase de totalitarios religiosos, como Al Qaeda y el ISIS.

Y son unos combatientes realmente formidables. Un ataque contra territorio kurdo sería tan descerebrado como intentar una invasión en Texas. En el apogeo de su poder, Sadam Husein tenía el cuarto ejército del mundo y, sin embargo, los combatientes kurdos, gracias a una zona de exclusión aérea británica y estadounidense, lucharon y se impusieron a Bagdad tras la Primera Guerra del Golfo Pérsico contando con nada más que armas cortas.

Ahora están fabricando sus propios tanques, si se puede llamar tanques a unos cachivaches que parecen sacados de Mad Max y Zombi. Con sólo mirarlos se sabe que no son tan resistentes al fuego como un M1 Abrams, un Merkava, o un T-4 Armata ruso, pero tampoco lo necesitan. Los kurdos están luchando contra terroristas, no contra la Wehrmacht.

El ISIS está condenado. Menos de 10.000 terroristas se enfrentan a casi 100.000 combatientes kurdos e iraquíes. Esta vez no están luchando contra imperialistas, sino contra cristianos y musulmanes locales, muchos de los cuales –especialmente entre los kurdos– estarían dispuestos a luchar con cuchillos de cocina si fuese necesario.

Un general kurdo dice que espera que el combate dure aproximadamente dos meses, y parece estar en lo cierto, dado que recuperar otras ciudades iraquíes más pequeñas llevó un par de semanas. Lleve el tiempo que lleve, el ISIS va a perder Mosul, como perdió Tikrit y Faluya.

“Regresarán con un nuevo nombre y serán más extremistas y bárbaros”, le dijo el teniente coronel kurdo Fariq Hama Faraj al Military Times. “Si se observa la historia de estas organizaciones, vemos que cada una es más extremista que la anterior”.

Eso ha sido así hasta ahora, pero es difícil imaginar un ejército terrorista más despreciable que el ISIS. Lo único que limita la barbarie del ISIS es su escasez de tecnología. ¿Alguien duda por un momento de que usarían armas nucleares si las tuvieran? Si tuviesen el arsenal de una superpotencia, ya habrían flotado nubes de hongo sobre Bagdad, Teherán, Damasco, Tel Aviv, Bruselas, París y Washington.

Aunque el ISIS fuese expulsado de sus últimos bastiones en Siria e Irak, seguirá existiendo de alguna forma, sin duda, pero el propósito general de negarle el territorio, y en especial el territorio urbano, es que no pueda acumular la fortaleza militar de un Estado convencional.

Van a morir muchos combatientes del ISIS, pero son parte de una organización global, y los supervivientes huirán y aterrizarán en alguna otra parte como esporas de moho explosivas. Algunos se resguardarán en alguna otra parte de Irak. Otros quizás se dirijan a Libia, y otros a la cada vez más anárquica península egipcia del Sinaí.

La mayoría probablemente se arrastrará de nuevo hasta Siria, de donde vinieron. El ISIS sigue teniendo un gran éxito allí, especialmente dentro y alrededor de su capital, Raqa. Contra la creencia general –y la propaganda del Kremlin–, ni el régimen de Asad ni la Rusia de Vladímir Putin están luchando contra el ISIS. Su única preocupación es seguir apuntalando al Partido Baaz Árabe Socialista en los restos del Estado que quedan en Damasco y a lo largo del Mediterráneo. El ISIS sigue teniendo vía libre para hacer lo que le dé la gana en el desierto.

Es probable que algunos de los combatientes huidos del ISIS traten de ir directamente a Europa y Estados Unidos. No les será fácil llegar allí. Es notorio que el Departamento de Estado norteamericano ha pasado momentos difíciles en el veto a refugiados, pero ahora las agencias de inteligencia internacionales tienen detectados a más miembros del ISIS que nunca. Los rebeldes sirios, por ejemplo, han proporcionado una enorme cantidad de datos sobre la red de combatientes extranjeros del ISIS a EEUU, mientras que otras valiosas informaciones sobre combatientes extranjeros, incluidos ciudadanos estadounidenses, han sido obtenidos directamente por el Ejército de EEUU.

A esta gente no le será fácil llegar allí cuando huya de Mosul, pero podemos apostar hasta el último dólar a que algunos de ellos, como mínimo, lo intentarán.

© Versión original (en inglés): World Affairs Journal
© Versión en español: Revista El Medio