Contextos

La arruinada Gaza de Hamás sigue preparándose para la guerra

Por Jonathan S. Tobin 

Terroristas de Hamás.
"La falta de fondos en Gaza no ha alterado las prioridades de Hamás. Una de sus principales quejas es que la falta de material de construcción provocada Israel imposibilita la reconstrucción de las viviendas destruidas durante la guerra del pasado verano. Pero eso no les ha impedido construir una nueva carretera, cerca de la frontera israelí, que les facilitará futuros ataques terroristas""La realidad de la vida en la Franja muestra la naturaleza tóxica de una cultura política palestina, que pone la hostilidad hacia los judíos por encima de mejorar la vida de los árabes"

De hacer caso a lo que dice el New York Times, en Gaza hay quienes están hartos de lo que pasa por ser el Gobierno de la Franja. La decisión de los terroristas de Hamás que gobiernan Gaza como si fuera un Estado independiente en todo salvo en el nombre de cargar nuevos impuestos sobre sus acosados súbditos no ha sido acogida con demasiado entusiasmo. Resulta que la recaudación hace falta para que el grupo islamista pueda pagar a sus 40.000 empleados. Aunque todos los días llegan alimentos, medicinas y otros suministros procedentes de Israel (un hecho que desmonta la supuesta crisis humanitaria), no hay duda de que los gazatíes atraviesan tiempos difíciles. Sin embargo, la falta de fondos en Gaza no ha alterado las prioridades de Hamás. Una de sus principales quejas es que la falta de material de construcción provocada por Israel imposibilita la reconstrucción de las viviendas destruidas durante la guerra del pasado verano. Pero eso no les ha impedido construir una nueva carretera, cerca de la frontera israelí, que les facilitará futuros ataques terroristas.

Dicha carretera discurre justo enfrente de Nahal Oz, situado al otro lado de la frontera, el kibutz que fue objetivo de los túneles terroristas de Hamás en la guerra del verano de 2014. Aunque ha habido constantes informes de que Irán estaba contribuyendo a financiar los túneles de Hamás y sus bastiones fortificados de la Franja, uno de los representantes del grupo islamista afirmó el pasado fin de semana que el objetivo de las obras realizadas del lado palestino de la frontera era crear “oportunidades adecuadas para poder atacar al enemigo sionista”.

Hamás perdió su principal fuente de ingresos cuando Egipto clausuró los túneles de contrabando, a través de los que hacía llegar materiales de construcción, artículos de lujo, armas y efectivo para sus operaciones. Además, buena parte del dinero que llega a la Franja procede de la Autoridad Palestina que gobierna la Margen Occidental, pero que también paga a 70.000 empleados fantasma en Gaza. La incapacidad para cubrir ese gasto con los fondos empleados para los funcionarios de Hamás (que en su mayoría suponen una duplicidad) fue uno de los escollos a la hora de poner en práctica el acuerdo de unidad firmado el año pasado entre Fatah y Hamás.

Pero si comparamos la desgarradora noticia del Times sobre la escasez en Gaza con otras informaciones en las que se detallan los preparativos de Hamás para otra guerra terrorista, quienes, supuestamente, se preocupan por la difícil situación de la población de la Franja deberían alarmarse. Con el descontento con su Gobierno en aumento (a diferencia de la popularidad de la que goza en la Margen Occidental, cuya población sufre a otro grupo de tiranos, pero que no tuvo que pagar el precio de la absurda guerra del pasado agosto), hay que considerar la posibilidad (e incluso la probabilidad) de que este verano se produzca otro estallido. Concentrar a los palestinos en el odio a Israel es una forma estupenda de distraerlos de la corrupción y de las erróneas prioridades de un grupo islamista dispuesto a combatir hasta que no quede un solo civil a fin de continuar su guerra contra el sionismo.

Por muy arruinado y aislado que esté, Hamás sigue creyendo que ganó la guerra de la opinión pública, porque muchos palestinos murieron o perdieron sus hogares a causa de las acciones de los israelíes, que trataban de detener el lanzamiento de miles de cohetes contra sus ciudades y pueblos. Además, desde el verano pasado, el mensaje que han recibido de Estados Unidos es que la Administración Obama está haciendo todo lo posible por distanciarse de Jerusalén; eso supone una invitación permanente para que ataquen los enemigos de Israel, que asumen que lo dejarán solo frente a ellos.

Es imperativo que la Administración Obama diga claramente que, en el caso de que Hamás –debido a la necesidad de distraer a sus súbditos, y subvencionado por Irán (además de estar asediado por recientes incursiones realizadas por el Estado Islámico en Gaza)– decidiera volver a atacar a los israelíes, Estados Unidos no interrumpiría el suministro de armas y municiones, como hizo durante la guerra del pasado verano. Y lo que es igual de importante: Estados Unidos y todos los que dicen que se preocupan por la situación de Gaza deben condenar el uso de materiales de ayuda para realizar preparativos de guerra. Aunque el sufrimiento de Gaza es todo un motivo recurrente empleado por quienes critican a Israel, la realidad de la vida en la Franja muestra la naturaleza tóxica de una cultura política palestina, que pone la hostilidad hacia los judíos por encima de mejorar la vida de los árabes. Los amigos de Gaza deberían exigir que acabe el régimen de Hamás. Hasta que ello suceda, no hay muchas esperanzas para los desventurados que deben vivir bajo su yugo. Una nueva guerra se cierne sobre Gaza.

© Versión original (en inglés): Commentary
© Versión en español: Revista El Medio