Revista de Prensa

Kerry, fascinado con el ministro de Exteriores iraní

 

John Kerry

Jo Biddle escribe para The Times of Israel una semblanza de los dos principales negociadores sobre el programa atómico iraní, el secretario de Estado estadounidense, John Kerry, y el ministro de Exteriores de la República Islámica, Javad Zarif. La ingenuidad con la que Kerry se refiere a Zarif es digna de destacar.

Después del anuncio del acuerdo el pasado jueves, Kerry describió a su homólogo iraní como “un duro y capaz negociador, patriota, un hombre que ha luchado por cada milímetro de las cosas en que cree”. “Ambos hemos sido capaces de tomarnos estas negociaciones con respeto mutuo, incluso cuando había momentos de acalorada discusión. Pero  –él estará de acuerdo conmigo– al final de cada reunión nos reíamos, sonreíamos y teníamos la convicción de que podríamos volver y continuar el proceso”, añadió.

Ángeles Espinosa advierte en este artículo publicado por el argentino La Nación de que al pacto sobre el programa atómico iraní le queda todavía recorrido legal y político en la República Islámica. El Parlamento convocará al canciller Zarif para que explique los términos del acuerdo y los miembros del ala más conservadora examinarán el texto y los anexos con mucha atención. El principal punto de fricción es el de las inspecciones internacionales, que los miembros de la línea dura del régimen iraní no están dispuestos a tolerar tan fácilmente.

Un debate parlamentario tal vez arroje luz sobre el nivel de apoyo de las elites gobernantes al acuerdo. Para sortear el riesgo de llevar la contraria al líder, los más recalcitrantes buscan en el texto elementos que puedan violar las líneas rojas que éste ha marcado.

Pero el objetivo último de ese esfuerzo es encontrar argumentos para acusar a Rohani de haber firmado un mal pacto, con la vista puesta en la lucha política ante las cruciales elecciones parlamentarias y a la Asamblea de Expertos de febrero y las presidenciales de 2017.

Los reformistas confían en capitalizar el éxito de la negociación nuclear para recuperar el espacio del que los expulsaron los conservadores a raíz de las protestas poselectorales de 2009.

Las tropas que defienden el régimen del dictador sirio, Bashar al Asad, dependen de la ayuda iraní para mantener todavía en pie la batalla contra las facciones rebeldes  y los grupos islamistas. Irán ha enviado asesores militares a Siria y se ha encargado de facilitar armamento al grupo terrorista chií libanés Hezbolá, aliado estratégico de Asad. El régimen sirio se felicita por el acuerdo sobre el programa atómico iraní, que levantará las sanciones internacionales y dejará a Teherán las manos libres para seguir influyendo en la región, seguramente de manera más directa que hasta ahora. Por otro lado, los rebeldes muestran abiertamente su preocupación por las consecuencias de este acuerdo con el régimen de los ayatolás

Los rebeldes que combaten a Asad dicen que el apoyo iraní ha sido crucial para su supervivencia. “Este acuerdo hará a la región más peligrosa”, ha dicho Iyad Shamse, líder de un grupo rebelde en el norte de Siria llamado Frente Asala y Tanmié.

“Nuestros temores acerca de este acuerdo es que aumente la influencia iraní en la región y eso es lo que hace feliz a Asad”, ha manifestado a la agencia Reuters.

El portavoz de la alianza de grupos rebeldes en el sur de Siria dice que Irán estaba apoyando a Asad “con todas sus fuerzas” hasta ahora, y teme que la presión de EEUU no sea suficiente para impedir que Teherán entre en la guerra.

“Estamos preocupados”, ha resumido.

Las ONG que tratan de ayudar a los sirios dan por hecho que una parte importante de los alimentos y otros suministros no llegarán les jamás. La ayuda que desaparece es prácticamente imposible de cuantificar, dada la presencia de grupos hostiles en las zonas de conflicto y su falta de escrúpulos a la hora de apropiarse del material humanitario.

El desvío de la ayuda humanitaria no es nada nuevo. Desde Afganistán a Somalia o Níger, ha habido informes que acreditan la apropiación indebida de envíos humanitarios, bien confiscados por ministros del Gobierno y facciones armadas o simplemente desaparecidos.

Pero la incertidumbre sobre la entrega de la ayuda financiada a nivel global en Siria ha alimentado la preocupación de que los suministros pudieran caer en manos de las milicias islamistas. El Programa Mundial de Alimentos de la ONU mostró su alarma a comienzos de este año por las imágenes en las redes sociales que mostraban el logotipo del Estado Islámico en sus cajas de ayuda.