Contextos

Justicia para Hezbolá

Por Lee Smith 

desfile hezbolá
"La Administración Obama anuncia una conferencia que se celebrará a finales de este mes en Ginebra y en la que, al parecer, representantes del régimen de Bashar al Asad se sentarán junto a representantes de las fuerzas rebeldes sirias. El resultado será reforzar a Asad""Estados Unidos tiene una cuenta pendiente con Hezbolá desde hace treinta años. En este caso, nuestros objetivos están en perfecta consonacia con los de los rebeldes sirios""En la lucha por Qusayr ha demostrado que su supuesta misión de 'resistencia' contra Israel no es más que una pose conveniente desde el punto de vista político: en realidad es un brazo armado del régimen iraní y ahora envía a sus combatientes a Siria a matar árabes suníes por orden de sus amos de Teherán"

La Administración Obama anuncia una conferencia que se celebrará a finales de este mes en Ginebra y en la que, al parecer, representantes del régimen de Bashar al Asad se sentarán junto a representantes de las fuerzas rebeldes sirias. El resultado será reforzar a Asad.

Por otra parte, el senador John McCain está comprometido con el pueblo sirio. Le alabamos por el coraje que demostró el otro día, cuando se convirtió en la personalidad norteamericana más destacada en visitar Siria (entró a través de la frontera turca) desde que comenzó el conflicto. Al reunirse con los líderes rebeldes, McCain no pudo sorprenderse demasiado al descubrir que lo último que quieren es un proceso de paz con la misma casta dirigente que masacró a pacíficos manifestantes durante un año antes de que la oposición tomara las armas en defensa propia. El general de Ejército Libre Sirio Salim Idris dice que lo que los rebeldes quieren de Estados Unidos es lo mismo que llevan un año pidiendo: armas y la inmovilización de los aviones de Asad con una zona de exclusión aérea. Y añadió un nuevo deseo a la lista: que se bombardee a Hezbolá.

Esta petición llega cuando la milicia libanesa ha entrado de lleno en la guerra civil siria del lado de Asad, en la que combate no sólo para mantener en el poder a su aliado de Damasco, sino para servir al régimen iraní, patrón de ambos, y para mantener abierta la vía que permite a Teherán enviar armamento, Siria mediante, a sus bastiones en el Líbano.

Hezbolá ha atacado posiciones de los rebeldes sirios con fuerzas de élite, especialmente en Qusayr, una localidad vital desde el punto de vista estratégico. Si Asad perdiera Damasco, se retiraría al reducto alauita de las montañas costeras. Mantener Qusayr es fundamental para conservar un enlace terrestre entre esa zona y las regiones del Líbano controladas por Hezbolá. La importancia que tiene Qusayr para Asad y para sus aliados puede medirse con las pérdidas que sufrieron allí los combatientes libaneses: decenas de ellos murieron en una emboscada durante el asalto inicial, y posiblemente unos cien cayeron tras una semana de combates. Los informes indican que Hezbolá puede estar a punto de recuperar la ciudad de manos rebeldes, pero a un precio considerable y gracias, en buena medida, al apoyo de la aviación y la artillería del régimen. Parece ser que Hezbolá no es tan formidable como aparentaba.

En todo caso, en vista de la petición de Idris, vale la pena recordar que el prestigio de Hezbolá se sustenta en parte en el hecho de que, cuando surgió, empapó de sangre a Estados Unidos, matando y secuestrando a cientos de americanos durante los quince años de guerra civil libanesa. En abril se cumplió el trigésimo aniversario del atentado contra la embajada estadounidense en Beirut, en el que murieron 63 personas, 17 de ellas americanas. En octubre hará treinta años del atentado contra el cuartel de los marines en la misma ciudad, en el que un terrorista suicida de Hezbolá mató a 241 militares americanos. Como consecuencia, la Administración Reagan retiró fuerzas del Líbano y brindó a Hezbolá una significativa victoria, que no sólo envalentonó a su patrón, Irán, sino que dio crédito a la afirmación de Osama ben Laden de que América era un tigre de papel en retirada.

Desde 1983, Hezbolá ha planeado otras operaciones contra los americanos y llevado a cabo campañas terroristas contra nuestros aliados en Europa, Asia, África y Oriente Medio, sobre todo contra Israel, cuyos ciudadanos han sido objetivo de terroristas suicidas, secuestradores, francotiradores, cohetes y misiles de la organización libanesa.

Por todo ello, Estados Unidos tiene una cuenta pendiente con Hezbolá desde hace treinta años. En este caso, nuestros objetivos están en perfecta consonacia con los de los rebeldes sirios.

Sin embargo, seguramente los políticos americanos presentes y pasados, así como los expertos en la región, pongan sus sofisticados ojos en blanco ante la propuesta de Idris. Pero son los especialistas estadounidenses en Oriente Medio los que deberían sentirse avergonzados por no tener la sensatez de ver la cuestión tan claramente como el comandante rebelde sirio. Durante cuatro décadas, los dirigentes estadounidenses se han negado a enfrentarse a Hezbolá y han preferido mirar hacia otro lado cuando el grupo terrorista ha atacado a ciudadanos americanos. ¿Es una sorpresa que los asesinos del embajador Chris Stevens sigan en libertad nueve meses después del atentado de Bengasi, cuando Estados Unidos no actuó contra los asesinos del buzo de la Armada Robert Stethem, cuyo cadáver fue arrojado a la pista del aeropuerto de Beirut en 1985? Los políticos americanos sabían que fue Hezbolá, y sabían cómo herir a los terroristas libaneses atacando una serie de objetivos en Beirut y en el Valle de la Bekaa. Y aun así no hicieron nada.

Como los responsables estadounidenses no querían desafiar a Hezbolá, recibieron encantados el análisis de los expertos en Oriente Medio: según ellos, no era nada por lo que hubiera que preocuparse; decían que, al integrarse en el sistema político libanés, dejaría de ser una organización terrorista. Hasta el año 2000, Hezbolá luchó contra Israel en el sur del Líbano, sí, pero como movimiento de resistencia decidido a obligar a una fuerza ocupante a retirarse. Sí, Hezbolá estaba asociada con la República Islámica de Irán, pero eso no significa que cumpliera sus órdenes, aseguraban los analistas. Hezbolá tiene su propio electorado en la comunidad chií, a la que presta servicios sociales, al tiempo que respeta el delicado equilibrio sectario del Líbano.

La pasada década ha mostrado cuán absurda ha sido siempre esta tesis de la libanización. Hezbolá nunca detuvo sus ataques terroristas. Y en una fecha tan reciente como el pasado mes de julio hizo explotar un autobús de turistas israelíes en Bulgaria. Más cerca de su casa, ha atacado a sus rivales domésticos en operaciones espectaculares, como el coche bomba que mató al primer ministro libanés, Rafik Hariri, y a otras 21 personas en una calle de Beirut en 2005. En 2006 arrastró al Líbano a una guerra contra Israel, causando daños por valor de miles de millones de dólares. Y en la lucha por Qusayr ha demostrado que su supuesta misión de resistencia contra Israel no es más que una pose conveniente desde el punto de vista político: en realidad es un brazo armado del régimen iraní y ahora envía a sus combatientes a Siria a matar árabes suníes por orden de sus amos de Teherán.

El Departamento de Estado ha condenado el papel de Hezbolá en la guerra de Siria “en los términos más enérgicos”. Como si eso importara. De hecho, la Administración debería contemplar el despliegue de fuerzas de la organización libanesa como una oportunidad para destruirla. No es probable que pueda seguir soportando tantas víctimas como las que sufrió en Qusayr la semana pasada. Pero tampoco podrá conseguir reclutas y reponer sus fuerzas de combate con tanta rapidez como lo hizo tras la guerra de 2006 contra Israel. Se calcula que Hezbolá perdió al menos 600 combatientes hace siete años, y muchos de sus inexpertos reemplazos se encuentran entre los caídos en Qusayr.

Al defender a Asad en Siria, Hezbolá se ha vuelto vulnerable en su frente doméstico. Allí, en el Líbano, se prepara para nuevas hostilidades contra Israel y, lo que quizá sea más importante, vigila sus espaldas mientras otras comunidades del país afilan los cuchillos esperando que tropiece. Con los recursos de la organización de Hasán Nasrala al límite, la Administración Obama debería considerar esto una oportunidad. Un presidente que se enorgullece de elegir personalmente los objetivos de los drones y de matar a Osama ben Laden no debería tener problemas para saldar una vieja cuenta pendiente. Es hora de que a Hezbolá se le imparta algo de justicia.

The Weekly Standard