Revista de Prensa

Israel y la traición de los intelectuales

 

Bandera de Israel.

Abraham H. Miller hace una dura crítica a los pensadores israelíes que lideran una iniciativa para promover el reconocimiento unilateral del Estado palestino por parte de los países europeos.

Miller pone como ejemplo de estos gestos contraproducentes para los intereses del país que se pretende defender al que fuera secretario de Defensa con Jimmy Carter: después de tres años de experiencia en la búsqueda del desarme junto a la URSS, reconoció que cualquier concesión de la Casa Blanca no había tenido la contrapartida esperada por parte de los soviéticos, sino todo lo contrario. Algo parecido es lo que ocurre con los intelectuales israelíes involucrados en esta causa, que, denuncia Miller, sólo buscan labrarse un prestigio en Europa y sólo van a conseguir poner en riesgo la seguridad de sus conciudadanos y favorecer la radicalización del electorado israelí, que los ve como traidores. 

Realmente saben muy poco, porque han rechazado aprender de la experiencia. La misma idea de que el reconocimiento del Estado palestino por parte de los miembros de la comunidad Europea hará avanzar el proceso de paz es un absurdo. La idea de que incluso un retorno a las fronteras del armisticio de 1967, lo que Aba Eban llamaba “las fronteras de Auschwitz”, desembocará en la paz es una ilusión.

¿Qué saldrá de todo esto? Se pondrá a Israel todavía más contra las cuerdas, se fortalecerá a la extrema derecha y se dará incentivos para la incitación y la intransigencia de los palestinos. Lo que han hecho estos intelectuales es tratar de mejorar su propio estatus en la comunidad internacional al precio de la real, complicada y pragmática tarea de buscar la paz.

Harold Brown era un idealista, pero, como secretario de Defensa, finalmente aprendió y aceptó que el idealismo necesita ser aquilatado por la realidad de la experiencia. Los 800 israelíes que han pedido el reconocimiento europeo al Estado palestino no han aprendido nada.

De acuerdo con un reciente informe del enviado de la ONU a Irán para los derechos humanos, Ahmad Shahid, la República Islámica es el país donde más penas capitales dictan los tribunales de todo Oriente Medio y el segundo en todo el mundo, después de China.

En contra de lo que pretenden las autoridades, las sentencias de muerte no se dictan casi exclusivamente para casos de tráfico de drogas. En realidad, según el informe, las cinco razones principales para ser condenado a muerte en Irán son la herejía, la homosexualidad, la violación, el asesinato y el contrabando de armas.

El aumento en el número de juicios y condenas a muerte bajo el mandato del presidente Hasán Ruhaní daña las expectativas de mejora de los derechos humanos en Irán después de la línea dura impuesta por Mahmud Ahmadineyad. El número de penas de muerte ha aumentado en 16% en comparación con el último año de la presidencia de Ahmadineyad, el más alto de los últimos 15.

Un funcionario iraní describió este informe como “un intento inútil de dañar la estabilidad” de Irán.

La prensa iraní está estrictamente censurada en lo referido a la denuncia de situación de los derechos humanos en el país.

La toma de las calles de Saná por los guerrilleros chiíes, que han puesto bajo su control también la Administración pública, es el último episodio de los levantamientos populares ocurridos en el país en la primavera de 2011. En este reportaje de la agencia Reuters se describe hasta qué punto los huzis controlan la vida pública en el Yemen.

Como anécdota bien significativa, aparece el delegado huzi que examina los pagos de las entidades públicas del Gobierno, y cuando no está de acuerdo con el gasto arroja el cheque a una bolsa de plástico.

Los huzis niegan estar copiando a Hezbolá, el movimiento apoyado por Irán y la fuerza más poderosa en el Líbano. Pero las similitudes en las tácticas, como el bloqueo de la carretera del aeropuerto y el establecimiento de campamentos de protesta en la capital, sostienen la acusación de que los huzis tienen el apoyo de Irán.

Salah al Samad, un huzi que asesora al presidente, dice que el grupo sólo ha asumido el control para erradicar la corrupción y que lo dejará una vez que el Gobierno pueda proporcionar seguridad en Saná.

Esta afirmación es recibida con cierto escepticismo; un alto funcionario de seguridad dijo a Reuters que Irán envió armas y dinero a los huzis, cuyos líderes habrían viajado a Irán y el Líbano.

(…)

Ampliamente considerado como un Estado fallido, el Yemen sigue siendo una de las amenazas más graves para la estabilidad en el Golfo y el anfitrión de una militancia de Al Qaeda decidida a lanzar ataques espectaculares contra Occidente.

Peter Bergen y David Sterman explican en este bien documentado reportaje las claves necesarias para el éxito en las operaciones de salvamento de personas secuestradas por terroristas islámicos. Los autores ponen como ejemplo la operación del comando de élite de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) en Entebe, Uganda (1976). Aquel comando estuvo dirigido por Yonatán Netanyahu, hermano mayor del actual primer ministro israelí, que se distinguió por la manera concienzuda en la que preparaba cualquier operación de asalto.

El elemento sorpresa es fundamental, algo que ha fallado estrepitosamente en el intento de rescate del fotoperiodista Luke Somers, capturado por Al Qaeda en el Yemen. El equipo de Navy Seals enviado a rescatarlo fue detectado por un perro, que comenzó a ladrar antes de que llegaran al objetivo; pero los propios terroristas estaban ya en máxima alerta, tras un intento fallido días atrás que fue ampliamente recogido por la prensa. 

El éxito de las misiones de operaciones especiales requiere de una buena labor de inteligencia y del elemento sorpresa. El rescate de rehenes es particularmente difícil, puesto que no sólo hay que alcanzar el objetivo sin ser detectado, sino llevar a cabo la operación de manera que se preserve la seguridad de los rehenes. Incluso en la brillante operación del aeropuerto de Uganda, tres secuestrados resultaron muertos.

Algunos de los recientes rescates de rehenes realizados con éxito, como los que se tradujeron en la liberación de Buchanan y Thisted, el capitán Phillips o Hallums, fueron operaciones para liberar a prisioneros retenidos por grupos criminales, más que terroristas.

Puesto que los grupos terroristas como Al Qaeda en la Península Arábiga y el Estado Islámico capturan rehenes frecuentemente, puede que los grupos de operaciones especiales estadounidenses se enfrenten a enemigos que están mejor armados y entrenados, y dispuestos a amenazar las vidas de los prisioneros más que los grupos criminales comunes.