Revista de Prensa

Israel y la maldición del electoralismo interminable

 

Bandera de Israel.
"Hay asuntos importantes que resolver. Asuntos de vida o muerte. El mundo no va a aguardar pacientemente en nuestras fronteras mientras nosotros nos enredamos con nuestras batallitas"

Por su interés, traducimos buena parte del texto que, bajo el título de “After the elections: a time of healing, or a time of hearings?” [Tras las elecciones, ¿tiempo de curas o de comparecencias?], ha publicado el analista israelí Herb Keinon en el Jerusalem Post.

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Israel da lo mejor de sí cuando despliega su solidaridad. Lamentablemente, por lo general lo hace sólo cuando está sometido a ataque desde Gaza, el Líbano o cuando se produce un atentado. Y muestra lo peor de sí cuando [sus] divisiones se destacan y magnifican.

Eso es lo que hacen las campañas electorales: magnificar [las] divisiones. Y esta campaña lo ha hecho sobremanera. Las democracias robustas lidian con ellas cada dos, tres o cuatro años. Pero celebrar dos en diez meses […] es insano para la psique común. Desde el pasado diciembre, en que se disolvió la Knéset y se convocó a nuevas elecciones en abril, el país está siendo cebado con una dieta basada en todo lo corrosivo y negativo.

(…)

Israel florece cuando sus partes diversas trabajan juntas. Las IDF son un ejemplo de ello. El Ejército funciona bien con gente de todas las procedencias porque no pone el énfasis en las diferencias sino en los objetivos comunes. (…)

Israel es un Estado compuesto por diferentes tribus: la laica, la árabe, la jaredí, la colona, la rusófona; y lo malo es que las elecciones resaltan eso y lanzan a una tribu contra las demás. Lo bueno es que la campaña no refleja necesariamente la realidad, de hecho en la calle hay más armonía. Mucha más. (…) No, no vivimos en Disneylandia, pero tampoco en un país al borde de la guerra civil.

(…)

Hay asuntos importantes que resolver. Asuntos de vida o muerte. El mundo no va a aguardar pacientemente en nuestras fronteras mientras nosotros nos enredamos con nuestras batallitas. El país necesita líderes que puedan tomar decisiones sin tener siempre en mente unas elecciones. El país necesita poner las divisiones internas en el ático, no en medio del salón, y afrontar los graves desafíos que amenazan el hogar. 

Ojalá que, una vez las elecciones hayan concluido, toda la hostilidad y el divisionismo queden atrás y el país empiece a restañarse las heridas. Pero no cuenten con ello. Porque el 2 de octubre, sólo dos semanas después de los comicios, está prevista la comparecencia de Benjamín Netanyahu ante el fiscal general, Avijai Mandelbilt. Con independencia de lo que decida éste –a favor o en contra de Netanyahu–, las divisiones y rencores que hemos experimentado en las últimas semanas volverán a hacer eclosión.