Contextos

Israel y la doble moral ante el terrorismo

Por Jonathan S. Tobin 

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"Desde hace más de dos meses tiene lugar la denominada 'intifada de los cuchillos', en que la diariamente palestinos tratan de apuñalar, disparar, atropellar o apedrear a cualquier judío que ven por la calle. Sin embargo, a diferencia de las reacciones suscitadas por tragedias ocurridas en otras partes, los usuarios de las redes sociales de todo el mundo no están cambiando sus fotos de perfil para mostrar su solidaridad con las víctimas o su indignación ante el terrorismo. Al contrario, gran parte del mundo parece principalmente interesado en culpar a las víctimas israelíes y en tratar los actos de autodefensa de las víctimas y de la Policía israelí como si fuesen el verdadero problema""Mientras los líderes occidentales consideren que los asesinos de judíos merecen comprensión y condenen a los israelíes por defenderse, seguirá habiendo terrorismo"

Los norteamericanos siguen sobresaltados por el tiroteo de San Bernardino y la noticia de que, al contrario de lo que aseguraban al principio el Gobierno de Obama y los grandes medios progresistas, fue un acto de terrorismo islámico. Pero para los israelíes estos estallidos de violencia, esencialmente inspirados por el fanatismo religioso musulmán, son sucesos cotidianos. Desde hace más de dos meses tiene lugar la denominada intifada de los cuchillos, en que la diariamente palestinos tratan de apuñalar, disparar, atropellar o apedrear a cualquier judío que ven por la calle. Sin embargo, a diferencia de las reacciones suscitadas por tragedias ocurridas en otras partes, los usuarios de las redes sociales de todo el mundo no están cambiando sus fotos de perfil para mostrar su solidaridad con las víctimas o su indignación ante el terrorismo. Al contrario, gran parte del mundo parece principalmente interesado en culpar a las víctimas israelíes y en tratar los actos de autodefensa de las víctimas y de la Policía israelí como si fuesen el verdadero problema. Un ejemplo clásico de esta doble moral vino de Suecia cuando la ministra de Asuntos Exteriores, Margot Wallström, afirmó que Israel estaba llevando a cabo «ejecuciones extrajudiciales» de terroristas palestinos.

Wallström se estaba refiriendo al hecho de que algunos de los que intentaron asesinar a israelíes habían muerto por disparos de las propias víctimas, o de los policías que acudieron en su rescate. Más tarde, Wallström se retractó hasta cierto punto diciendo que solo se refería a que la respuesta de Israel al terrorismo era «desproporcionada» y culpando a ambas partes del problema. Si alguna de las víctimas de los asesinos de San Bernardino hubiese podido responder a los disparos de sus atacantes, ¿se habría considerado una acción desproporcionada? Se trata, en el mejor de los casos, de un censurable ejemplo de falsa equivalencia moral entre los terroristas y las víctimas. En el peor, es otro libelo de sangre más contra el Estado judío: la premisa es que, a diferencia de otros, los judíos no tienen derecho a intentar detener a quienes quieren matarlos.

Pero no es la única doble moral en lo que concierne a Israel y el terrorismo.

Recientemente las autoridades israelíes anunciaron que habían detenido a varios judíos en relación con el terrible incendio y asesinato en el hogar de una familia árabe de la localidad de Duma, en la Margen Occidental, registrado el pasado verano. El crimen, del que se dio por supuesto que era un acto de desquite (price tag) perpetrado por colonos decididos a vengar el terrorismo antijudío, conmocionó al mundo y se ha citado como prueba de la barbarie israelí, así como de la ilegitimidad de los asentamientos judíos en la Margen Occidental. Pero sin dejar de ser un acto deplorable y trágico, también señala las diferencias entre Israel y los palestinos.

En aquel momento y desde entonces, el Gobierno de Israel y prácticamente todos los sectores de la sociedad, de todas las tendencias políticas, han condenado el ataque de Duma. Los israelíes no se merecen ninguna medalla por condenar a los ideólogos descerebrados que puedan haber cometido ese crimen, pero la suposición por parte de algunos de los críticos de su país respecto a la falta de voluntad del Gobierno israelí para castigar a los judíos que cometan actos de terrorismo es absolutamente falaz. De hecho, los abogados que representan a los acusados y el reducido número de personas que parecen simpatizar con estos extremistas están protestando con vehemencia por que el Gobierno de Netanyahu esté tratando a estos presos judíos igual que a los palestinos sospechosos de terrorismo.

Compárese esta actitud con la Autoridad Palestina, cuyo líder y cuyo Gobierno han sido equivocadamente elogiados por el presidente Obama como campeones de la paz. El líder de la AP, Mahmud Abás, no solo ha incitado a cometer ataques con sus falsas acusaciones de que Israel está buscando dañar las mezquitas del Monte del Templo; también ha ensalzado a quienes cometen asesinatos diciendo que forman parte de una «revuelta pacífica popular». Wallström no hacía más que seguir el manual estratégico de Abás, ya que fue el líder de la AP el que primero insistió en que el verdadero crimen era que muchos de quienes habían tratado de matar a judíos, a veces con éxito, hubiesen sido abatidos por las víctimas y por la Policía que repelía los ataques.

Ya sabíamos que la AP había honrado por sistema en el pasado a quienes cometían actos de terrorismo. Ahora el régimen de Abás está honrando activamente a quienes protagonizan la intifada de los cuchillos. Así, Saeb Erekat, principal negociador de paz de la AP, y otros miembros de Fatah llamaron para darle el pésame a la familia de un agente de seguridad de la AP que había disparado a un soldado israelí y a un transeúnte en un ataque terrorista, y que murió en el transcurso del incidente. En vista de los comentarios de Erekat sobre que los palestinos tenían el derecho a «resistir» contra Israel de este modo, está claro que la AP ha cruzado la raya de la incitación y pasado a alentar directamente el terrorismo contra los judíos.

El contraste entre los esfuerzos israelíes por castigar a los criminales judíos y los honores palestinos a los terroristas que atacan a judíos no podría ser más acusado. Además, como ha reconocido incluso el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, esos actos de los líderes palestinos socavan cualquier base para las conversaciones de paz. Pese a que sigue culpando, erróneamente, a las acciones israelíes de la prolongación del conflicto, si llevara sus razonamientos sobre la incitación palestina hasta su conclusión lógica se daría cuenta de que la AP, al igual que sus rivales de Hamás, no está interesada en la paz o la solución de los dos Estados. Su actual negativa a reconocer la legitimidad de un Estado judío, con independencia de cuáles sean sus fronteras, demuestra que su único objetivo es la destrucción de Israel.

Pese a que incluso aquellos que, como el presidente Obama, han intentado minimizar el peligro de los terroristas del ISIS empiezan afortunadamente a espabilar respecto a la necesidad de tomarse esta guerra muy en serio, la única excepción al frente unido ante el terrorismo parece seguir siendo Israel. Mientras los líderes occidentales consideren que los asesinos de judíos merecen comprensión y condenen a los israelíes por defenderse, seguirá habiendo terrorismo. Aquellos que con toda la razón condenan las tragedias de París y San Bernardino deberían dedicar un momento de sus expresiones públicas de solidaridad a los israelíes, que siguen sufriendo una terrible pesadilla diaria sin beneficiarse del apoyo de Facebook.

© Versión original (en inglés): Commentary
© Versión en español: Revista El Medio