Contextos

Israel saca las castañas del fuego al muy antisemita Egipto

Por Michael J. Totten 

El general Sisi, presidente de Egipto.
"Contrariamente a lo que se cree, el Estado de Israel no representa ninguna amenaza, de ningún tipo, para Egipto. Los israelíes nunca, jamás, se levantarán una mañana y decidirán invadir Egipto porque sí. El ISIS, sin embargo, ya ha triturado dos países árabes"

El New York Times informa de que Israel y Egipto están cooperando secretamente para combatir al ISIS en la Península del Sinaí. Desde hace ya dos años, el Estado de Israel, con el consentimiento oficial egipcio, ha llevado a cabo más de cien ataques aéreos en el país vecino con aviones, helicópteros y drones que vuelan trazando arcos largos y sinuosos para aparentar que vienen desde El Cairo. El Ejército egipcio niega las informaciones, pero los israelíes no. Jerusalén simplemente declina hacer declaraciones.

Los yihadistas libran en el Sinaí una mortífera insurgencia contra el Gobierno egipcio desde poco después de que el Ejército arrestara al veterano dictador Hosni Mubarak, en 2011. La insurgencia se compone de grupos muy variopintos, desde las descontentas tribus beduinas a Al Qaeda, pero más recientemente Ansar Bait al Maqdis, la facción más poderosa y organizada, pasó a denominarse Estado Islámico-Provincia del Sinaí, como si su territorio fuese un exclave del califato en Egipto.

Ya han matado a miles de personas, derribado un avión de pasajeros ruso –con una bomba de un kilogramo introducida furtivamente en la aeronave–; asesinado al fiscal jefe Hisham Barakat con una bomba en El Cairo; masacrado a cientos de correligionarios en una mezquita sólo dos meses atrás e incluso tomado brevemente la pequeña localidad de Jeque Zuwaid, a apenas veinte kilómetros de la frontera con Gaza e Israel. Han utilizado misiles de fabricación rusa para derribar helicópteros, volar tanques y hundir patrulleras, y dejado un sangriento rastro de muerte de civiles desde el Sinaí a Alejandría y El Cairo.

En un mundo menos estúpido que éste en el que vivimos, la alianza militar entre Egipto e Israel no sería controvertida ni secreta. Egipto firmó un tratado de paz con Israel en 1979, y el ISIS y sus afiliados son enemigos tanto para Egipto como para Israel.

No obstante, describir esa paz como fría sería una suave forma de expresarlo. Egipto es uno de los países más virulentamente antisemitas, mucho más incluso que la mayoría de los países árabes, especialmente comparado con los más alejados, como Marruecos y Omán. Los medios egipcios de referencia están infectados del tipo de insania que sólo se encontraría en Occidente en el programa de radio de Alex Jones, con acusaciones de que Israel exporta el virus del sida a todo el mundo, corrompe a los jóvenes egipcios con chicles afrodisíacos y esclaviza económicamente al planeta como supuestamente hicieron los judíos en el periodo previo al Holocausto.

El presidente de Egipto, Abdel Fatah al Sisi, hace muy bien aliándose con Israel en el Sinaí, pero está cometiendo uno de los errores que Mubarak cometió durante décadas al negarse a ordenar a los medios que rebajen sus niveles de histeria. Yo estoy muy a favor de la libertad de prensa, por supuesto –especialmente aquí en Occidente–, pero Egipto nunca ha tenido una prensa libre y es casi seguro que no la va a tener en un futuro próximo, así que si el Gobierno tiene que controlar la línea editorial, como mínimo debería utilizar ese poder para el bien, al menos en algunas ocasiones.

Los egipcios están sufriendo por su propia actitud intolerante mucho más que los israelíes, en todo caso. Los pueblos y los regímenes presa de las teorías conspirativas paranoides (intolerantes o de otro tipo) son incapaces de resolver sus problemas, en parte porque no están diagnosticando sus dolencias correctamente, pero también porque están desperdiciando tiempo, energía y recursos en sus luchas fantasmales, a veces con resultados debilitadores y sangrientos. La historia está repleta de ejemplos, desde los juicios a las brujas de Salem a la Alemania nazi. Por decirlo de otro modo: imagine que va al médico porque tiene problemas respiratorios y que éste le prescribe quimioterapia para un cáncer que no tiene, en vez de los antibióticos que le curarían fácilmente la neumonía. Sólo le servirá para yacer en cama, medio muerto por los terribles efectos secundarios, y ponerse peor.

Nadie debería esperar que los mensajeros y propagandistas del Estado egipcio publiciten a los israelíes como amigos y aliados, pero deberían calmarse un poco e informar sobre sus vecinos de forma realista. Contrariamente a lo que se cree, el Estado de Israel no representa ninguna amenaza, de ningún tipo, para Egipto. Los israelíes nunca, jamás, se levantarán una mañana y decidirán invadir Egipto porque sí. El ISIS, sin embargo, ya ha triturado dos países árabes.        

© Versión original (en inglés): World Affairs
© Versión en español: Revista El Medio