Contextos

Israel: por qué se ha roto la coalición de gobierno

Por Eli Cohen 

Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel.
"Netanyahu no quería oposición en su Gobierno. Después de que se aprobara el proyecto de ley básica para definir a Israel como 'Estado del pueblo judío', Tzipi Livni, hasta hace unas horas ministra de Justicia, y Lapid fueron férreamente críticos y denunciaron que en la referida definición se anteponía el carácter judío al democrático. Fue la gota que colmó el vaso""Las encuestas ofrecen infinidad de escenarios. El Canal 2 sitúa al Likud ganador con 22 escaños (actualmente tiene 20), seguido de Habayit Hayehudí con 17 (12), los laboristas con 13 (15) e Israel Beitenu con 10 (11)"

Sólo han pasado 18 meses desde que Netanyahu formara una extensa coalición de gobierno con Naftalí Bennett, líder de Habayit Hayehudí (El Hogar Judío); Yair Lapid, líder de Yesh Atid (Hay Futuro) y estrella de las pasadas elecciones; el polémico Avigdor Lieberman, líder de Israel Beitenu (Israel es Nuestra Casa), y Tzipi Livni, líder de Hatnuá (El Movimiento). Tras la destitución de Lapid y Livni, Netanyahu ha disuelto el Parlamento y convocado elecciones. Se abre el tiempo de las quinielas.

Demasiados primeros ministros potenciales en un mismo Gabinete, era la lectura que podíamos obtener en marzo de 2013, y no se alejaba de la posterior realidad. Los encontronazos de varios ministros –sobre todo Lapid y Livni– con Netanyahu se han sucedido desde el minuto uno. La propuesta de ley para definir a Israel como “Estado del pueblo judío” y la congelación del plan fiscal de Lapid para bajar el precio de la vivienda (su gran promesa electoral, por la que obtuvo 19 escaños, que convirtieron a su partido en la segunda fuerza parlamentaria) han terminado con la frágil unión que prometía cambiar muchas realidades asentadas en Israel. Hasta ahora, el logro más reseñable de la coalición (manejo de la guerra veraniega contra Hamás aparte) ha sido el de acabar con el privilegio ultraortodoxo de exención del servicio militar.

Bibi vs Lapid

La coalición de gobierno se rompió definitivamente después de una reunión que mantuvieron Lapid y Netanyahu. Según Sima Kadmon, el segundo propuso al primero algo que no podía aceptar. Netanyahu quería congelar el plan de exención del IVA en la compra de viviendas, lo que para Lapid habría supuesto su muerte política y el fin de sus aspiraciones a primer ministro en un futuro cercano. Enfurecido, al salir de la reunión Lapid acusó a Netanyahu de haber cerrado un acuerdo con los partidos ultraortodoxos para formar Gobierno.

La coalición liderada por Bibi se rompe porque dos pesos pesados del Gobierno, especialmente Lapid, no comparten las políticas del primer ministro.

Netanyahu no quería oposición en su Gobierno. Después de que se aprobara el proyecto de ley básica para definir a Israel como “Estado del pueblo judío”, Tzipi Livni, hasta hace unas horas ministra de Justicia, y Lapid fueron férreamente críticos y denunciaron que en la referida definición se anteponía el carácter judío al democrático. Fue la gota que colmó el vaso.

La presión política aumentó especialmente tras unas declaraciones del exjefe del Shin Bet (el FBI israelí), y actual alcalde de Mevaseret Sión, Carmi Gilón, que acusó al primer ministro de ser un pirómano egocéntrico que estaba llevando Israel a la destrucción: “La ley [sobre el carácter del Estado] que pretenden aprobar es un cáncer en el cuerpo del país”, sentenció.

Elecciones anticipadas

Ciertamente, las elecciones anticipadas no representan un alboroto político en Israel ni un factor de inestabilidad. Al contrario, suponen una práctica habitual, a la que están más que acostumbrados los israelíes. Con todo, y pese a lo interesante que se plantea la campaña, las consecuencias de este adelanto pueden suponer una marcha atrás en el rumbo que estaba siguiendo el país. Yair Rosenberg, columnista de Tablet, dice que sólo hay una predicción segura sobre las siguientes elecciones, y es que habrá muchas malas predicciones.

De entrada, los partidos no quieren elecciones… salvo el de Bennett, que experimenta una gran subida y que, según informa The Times of Israel, podría formar una alianza electoral con Netanyahu. Ahora bien, el ticket Bibi-Bennett debería contar con el apoyo de algún partido ultraortodoxo, con los que Bennett está frontalmente enfrentado.

Por su parte, el exministro de Defensa y Medio Ambiente y exlíder laborista Amir Peretz, ahora escudero de Livni en Hatnuá, anda calentando motores y ha declarado que espera que los egos no impidan una coalición de centro-izquierda; piensa, claro, en un posible ticket Lapid-Livni y en Isaac Herzog, líder del antaño imbatible Partido Laborista, ahora tercera fuerza parlamentaria.

Livni ha sido clara en su apuesta por conformar un bloque de centro-izquierda y ha tachado de extremistas a Netanyahu y a los ultraortodoxos:

Estas elecciones no son sobre el 0% de IVA, sino sobre si vamos a tener un Estado sionista o un estado extremista (…) Estas elecciones enfrentan al campo sionista con los elementos extremistas y peligrosos, (…) debemos impedir que [éstos] tomen el control del Estado de Israel y lo destruyan.

David Horowitz da un rapapolvo a la clase política y dice que es una irresponsabilidad convocar elecciones cuando Hezbolá está reabasteciendo su arsenal de misiles, Abás acusa a Israel de genocida y las negociaciones de las potencias mundiales con Irán no han concluido.

Las encuestas ofrecen infinidad de escenarios. El Canal 2 sitúa al Likud ganador con 22 escaños (actualmente tiene 20), seguido de Habayit Hayehudí con 17 (12), los laboristas con 13 (15) e Israel Beitenu con 10 (11); el nuevo partido del exlikudista Moshé Kahlón, antiguo ministro de comunicaciones con Netanyahu, obtendría también 10 (0); Yesh Atid, 9 (19); el Shas –ultraortodoxo sefardí–, 9 (11); Judaísmo Unido de la Torá –ultraortodoxo ashkenazí–, 8 (7); Meretz, 7 (6); Hatnua, 4 (6); Kadima, 0 (2) y los partidos árabes, 11 (11). Hasta llegar a 61, las combinaciones son muchas y la mayoría pasa por aglutinar formaciones antagónicas. Como dice Gershon Gorenberg en The American Prospect, una campaña electoral israelí es como una guerra: es mucho más fácil empezarla que predecir cómo acabará.