Contextos

Israel: mientras Hamás excava túneles, EEUU espía

Por Jonathan S. Tobin 

Barack Obama y Benjamín Netanyahu.
"EEUU ha venido desarrollando una operación de espionaje electrónico contra los israelíes durante 18 años""Los países se espían unos a otros, también los que son aliados. Israel sigue recuperándose del escándalo de Jonathan Pollard, aunque tuviera lugar hace más de 30 años. Dado el perjuicio que esa estúpida operación causó a la alianza entre EEUU e Israel, es probable que el Estado judío no haya vuelto a pifiarla y cumpla su palabra de no espiar a los americanos. Pero aunque la Casa Blanca siga diciendo que EEUU no espía a nadie sin una 'razón de seguridad nacional específica y validada', gracias a la filtración ilegal de Snowden sabemos que EEUU dedica muchos esfuerzos a espiar a Israel"

La semana pasada, el presidente Barack Obama reafirmó el compromiso de EEUU con la seguridad de Israel con la clase de retórica que habría calmado la inquietud de sus críticos más estridentes. Se pudo distinguir una brecha entre la realidad de las acciones americanas sobre los palestinos e Irán y las palabras del presidente. Pero, como comenté el otro día, no se puede negar que la Administración ha mantenido su alianza de seguridad con el Estado judío, aunque el principal objetivo del presidente Obama en esa relación siga siendo que haya más transparencia en las posturas de ambas naciones. Pero, pese a que algunos analistas hayan jaleado la comparecencia del presidente en el acto celebrado en la embajada de Israel como una señal de acercamiento entre Washington y Jerusalén, ahora debemos añadir a la ecuación la noticia de que EEUU ha venido desarrollando una operación de espionaje electrónico contra los israelíes durante 18 años.

Dicha revelación, que es parte de las filtraciones de información clasificada de Edward Snowden, al parecer fue publicada su colaborador periodístico Glenn Greenwald en The Intercept, así como en Der Spiegel. El hackeo antiisraelí se remonta a la Administración Clinton y fue una operación conjunta de EEUU y los servicios de inteligencia británicos dirigida desde una base en Chipre utilizada por las fuerzas del Reino Unido. Aunque el operativo se podía emplear contra varias naciones de Oriente Medio, su foco principal era claramente el Estado de Israel, y permitió a EEUU vigilar las transmisiones de la aviación israelí y monitorizar vídeos y órdenes entre aviones, drones y comandantes israelíes. El propósito era aparentemente estar al tanto de cualquier posible movimiento de Israel contra Irán, y permitir a los espías de EEUU y a sus jefes políticos saber todo lo que hace Israel en sus esfuerzos por defenderse de las bases terroristas de Hezbolá y de Hamás.

La prensa israelí se está refiriendo a ello como el peor desastre en la historia de la inteligencia israelí, lo que es difícilmente discutible. La cuestión es que, si EEUU y los británicos han sido capaces de descifrar los sistemas de encriptación israelíes, entonces Jerusalén tiene que preocuparse no solo del uso que sus amigos den a la información, también de que la mantengan en secreto. Resulta igualmente escalofriante la posibilidad de que también los enemigos sean capaces de espiar las comunicaciones militares israelíes.

¿Qué conclusión debemos extraer?

En primer lugar, nadie debería extrañarse. Los países se espían unos a otros, también los que son aliados. Israel sigue recuperándose del escándalo de Jonathan Pollard, aunque tuviera lugar hace más de 30 años. Dado el perjuicio que esa estúpida operación causó a la alianza entre EEUU e Israel, es probable que el Estado judío no haya vuelto a pifiarla y cumpla su palabra de no espiar a los americanos. Pero aunque la Casa Blanca siga diciendo que EEUU no espía a nadie sin una «razón de seguridad nacional específica y validada», gracias a la filtración ilegal de Snowden sabemos que EEUU dedica muchos esfuerzos a espiar a Israel. En concreto, las informaciones refieren que EEUU puso gran empeño en intentar espiar al primer ministro Netanyahu durante su larga disputa con Obama a cuenta del acuerdo nuclear con Irán.

En segundo lugar, desde un marco de referencia israelí, debería haber un gran revuelo por los fallos de sus presuntuosos espías. Durante décadas, la inteligencia israelí ha disfrutado de un aura mítica que le ha conferido un enorme prestigio internacional y que ha brindado una gran influencia interna a sus líderes. Ésta persiste, pese al historial de catástrofes de los servicios de inteligencia, que han dejado muchas veces atónito al país con los progresos tecnológicos de sus enemigos. No solo les pasa a ellos, pero esto debería servir para recordar a los israelíes que hay una razón por la cual los civiles deben tener el poder último en la toma de decisiones sobre las operaciones, y no los espías o los generales.

Esto es especialmente importante porque ha habido una serie de exdirectores de la inteligencia israelí que han asumido un papel político en los últimos años con el propósito de lograr cambios en las políticas relativas a los palestinos y que se han opuesto a la mera idea de atacar a Irán, pese al apoyo de los líderes políticos electos. La historia dirá si Netanyahu tenía o no razón. Pero este fiasco debería poner esta supuesta omnisciencia en perspectiva. La inteligencia israelí no es más infalible ni está en mayor posesión de una visión extraordinaria que la CIA. Pero nadie, ni siquiera quienes admiramos enormemente la labor de quienes trabajan dura y valientemente para la inteligencia de EEUU, querría a estos a cargo de la legislación americana. Hay que responsabilizar a los «guardianes» de Israel de sus propios fallos (así como de sus numerosos éxitos, sin duda).

Por último, está la cuestión de cuánto empeño está poniendo EEUU en intentar limitar las medidas israelíes de autodefensa mientras que ignora ampliamente los esfuerzos de Hezbolá y Hamás para librar una nueva guerra contra el Estado judío.

Recientemente nos hemos enterado de que el derrumbe de un túnel se cobró la vida de siete operativos de Hamás en Gaza. No fueron las primeras víctimas de los túneles, pero la disposición de Hamás a hablar abiertamente sobre este fiasco sólo subraya la magnitud de la operación de construcción de túneles que se está llevando a cabo a lo largo de la frontera sur de Israel.

Al parecer, Hamás tiene a más de mil personas trabajando las 24 horas, seis días a la semana, para cavar más túneles bajo la frontera israelí. Además, su comandante se jacta abiertamente de que, durante el próximo conflicto con los israelíes, operarán «dentro del territorio de 1948″, es decir, en Israel. He aquí un útil recordatorio para los occidentales que piensan que el conflicto es por la «ocupación» israelí de la Margen Occidental. Hamás dice claramente que considera Tel Aviv tan ocupada como cualquier asentamiento en colinas de la Margen. Es más, la opinión pública palestina, tanto en Gaza (de donde Israel se retiró completamente en 2005) como en la Margen, parece estar de acuerdo.

Hamás ha repuesto completamente su arsenal de misiles y cohetes desde la última guerra que libró contra Israel, en 2014. Que lo ha hecho con ayuda de su patrocinador iraní, nadie lo duda.

Lo mismo ocurre con Hezbolá, que ha estado luchando en Siria e Irak en defensa y en nombre del régimen de Asad. Y también ha reunido un enorme arsenal de cohetes dirigidos a Israel. Según una autoridad como el secretario de Estado John Kerry, nada menos, Hezbolá tiene 80.000 misiles dirigidos a objetivos israelíes, proporcionados igualmente por Irán. Kerry dijo esto mientras reconocía que es probable que Irán utilice gran parte de los fondos que obtendrá gracias al acuerdo nuclear con Occidente en financiar el terrorismo de Hezbolá y Hamás.

La situación en Oriente Medio es tal, que Israel debe estar preparada para la reanudación de las hostilidades con los terroristas financiados por Irán en sus fronteras norte y sur. Debe hacerlo sabiendo que estos enemigos se están preparando lanzar ataques destructivos sobre sus ciudades, invadir su territorio y matar y secuestrar a sus ciudadanos. EEUU ha tratado de proporcionar más ayuda militar a Israel para combatir estas amenazas, aunque, como pasó en 2014, la Casa Blanca podría cancelar cualquier operación de reabastecimiento si en algún momento quisiera presionar a los israelíes. Por si eso no fuese suficientemente preocupante, EEUU está ayudando indirectamente a financiar a los terroristas y dedicando grandes energías a espiar a los israelíes.

Si los israelíes se muestran a veces confusos respecto a las buenas intenciones de la Administración norteamericana, no se les puede culpar. Vivimos en un mundo cruel, donde los amigos se espían unos a otros. Pero la voluntad de EEUU de mirar hacia otro lado ante el marasmo que planean los terroristas lleva la disonancia cognitiva en esta situación a un nivel completamente nuevo y mucho más alarmante.

© Versión original (en inglés): Commentary
© Versión en español: Revista El Medio