Revista de Prensa

Israel, el BDS y los países europeos que financian el antiisraelismo

 

BDS.

Judith Bergman saluda los planes de Jerusalén para expulsar de Israel a los extranjeros que participen activamente en la demonización del Estado judío, por ejemplo mediante su implicación en el movimiento BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones). Bergman cree que Israel debe dejar de mostrarse afable con esa clase de enemigos.

Sería de esperar que la Unión Europea y varios de sus Estados miembros pusieran el grito en el cielo. Muchas de las organizaciones que promueven el BDS están patrocinadas en mayor o menor medida por la UE, por uno o varios de sus Estados miembros (…) o por ambos, lo que plantea el grave interrogante de si esas organizaciones son verdaderamente no gubernamentales, en primer lugar.

Sin duda será embarazoso para la UE ver a sus activistas expulsados y devueltos a casa. Y ténganlo por seguro: los que más alto griten serán los que más fervientemente desean la destrucción de Israel. Así las cosas, es probable que la nueva medida tenga el benéfico efecto colateral de exponer a aquellos países europeo que verdaderamente están trabajando contra nosotros financiando organizaciones que son profundamente hostiles a Israel.

Combatir la campaña por demonización de Israel desplegada en todo el mundo por el movimiento BDS y trabajar por que el protagonismo vuelvan a tenerlo las partes directamente interesadas, esto es, israelíes y palestinos: ésta es la recomendación que hacen en este texto los analistas Asaf Romirowsky y Benjamin Weinthal.

El BDS es un callejón sin salida para quienes abogan por la solución de los dos Estados. Para el próximo presidente de EEUU, el reto será desinternacionalizar el conflicto y dejar que los palestinos y los israelíes tomen el control del proceso negociador.

The Washington Institute ha colgado en su web un extracto de la aportación de sus analistas Soner Cagaptay y Cem Yolbulan a la obra colectiva Kurdistan: An Invisible Nation, que tiene por eje el conflicto turco-kurdo.

Alimentado por los acontecimientos en Siria, el problema kurdo en Turquía puede conducir a una crisis [de Ankara] con Washington, que confía en el PYD [una guerrilla kurda] para hacer retroceder al denominado Estado Islámico.

Los analistas se preguntan ahora si Turquía puede dar pasos para impedir que la escalada en curso derive en un conflicto de mayor envergadura entre Ankara y el PKK [Partido de los Trabajadores del Kurdistán]. La respuesta descansa en la comprensión de la relación histórica entre turcos y kurdos y de las nueva dinámicas emergentes entre los kurdos de Turquía y los kurdos de otras partes de Oriente Medio, especialmente Siria.