Revista de Prensa

Israel: EEUU debe mover su embajada a Jerusalén

 

Jerusalén

Al igual que hicieran Bill Clinton y George W. Bush, Donald Trump ha prometido llevar la sede diplomática estadounidense a la capital del Estado judío. Los diplomáticos estadounidenses tratarán de disuadirlo con el argumento de que esa decisión provocará levantamientos y protestas entre los árabes, dice Max Singer, del Begin-Sadat Center for Strategic Studies, que sin embargo cree que sería un gesto positivo.

La insistencia del Departamento de Estado en la ficción diplomática de que ninguna parte de Jerusalén pertenece a Israel contribuye a preservar la esperanza palestina de que algún día Israel se verá forzado a abandonar su capital y será destruido como Estado judío independiente y democrático. Ese anhelo palestino es el principal obstáculo para la paz. Los palestinos podrán hacer la paz sólo cuando su comunidad –y (…) el mundo árabe del que forman parte– comprenda que la presión internacional jamás forzará a Israel a aceptar su propia destrucción. Una de las mejores formas de que EEUU pueda demostrar que nunca consentirá la destrucción palestina de Israel es que Washington deje de ignorar las mentiras flagrantes palestinas que van en contra de la paz.

Hay otra manera de que una estrategia americana veraz pueda alentar la paz. Los líderes palestinos dicen en estos momentos a su pueblo –y la mayoría lo cree– que el compromiso con Israel sería inmoral porque es un invasor colonial que robó tierra palestina por la fuerza. En función de tal argumento, Israel no puede reivindicar moralmente ningún territorio y cualquier concesión sería deshonrosa.

Pero Israel desciende de los reinos judíos que gobernaron partes de ese territorio durante siglos, en tiempos remotos. También tiene una base tradicional para reclamar moralmente el territorio (además de las peticiones legales del mandato de la Liga de las Naciones). Si los palestinos reconocen esta verdad verán que el compromiso entre las partes, cada una de las cuales tiene reclamaciones válidas sobre la tierra, podría ser una manera honorable de acabar la disputa y no una cobarde cesión a la fuerza.

Asaf Romirowsky y Alexander H. Joffe, del Middle East Forum, denuncian en esta pieza los beneficios que la tragedia del pueblo palestino proporciona a organizaciones como la agencia de la ONU dedicada en exclusiva a los refugiados palestinos. Los autores destacan como ejemplo el caso de Canadá, que retiró sus fondos a la UNRWA (siglas en inglés de dicha agencia), pero seis años después el nuevo Gobierno canadiense ha vuelto a entrar en el fielato onusino, incrementando los fondos que aportaba con anterioridad.

Canadá se convirtió en el primer país occidental en dejar de financiar a la UNRWA, pero ninguna buena acción queda impune. Seis años después, tras las presiones de la UNRWA y un cambio de Gobierno, Canadá ha decidido restaurar su financiación con una suma de 25 millones de dólares. La ministra de Desarrollo Internacional, Marie-Claude Bibeau, dijo que el Gobierno quiere “ver a los niños refugiados palestinos en aulas donde puedan aprender valores universales de tolerancia y respeto”.

Esta ingenuidad respecto a los “valores universales de tolerancia y respeto” es a la vez inquietante y disparatada, dada la educación al estilo Hamás que se imparte en las escuelas de la UNRWA, donde se celebra el yihadismo y el islamismo. Más concretamente, nada ha cambiado en los pasados seis años que sugiera que el sistema educativo de la UNRWA ha evolucionado siquiera un poco. Los colegios de la UNRWA han sido desde hace tiempo un mecanismo para enseñar a los palestinos la narrativa del desplazamiento, el resentimiento y la resistencia contra Israel.

Lo que era cierto hace seis años lo sigue siendo hoy: la responsabilidad y la transparencia difícilmente llegarán a la UNRWA, dado su monopolio sobre los palestinos. Si el Estado palestino es un objetivo real, entonces la creación de instituciones que promuevan la sociedad civil y la democratización debería ser una prioridad. (…)

El presidente turco comparte la visión política de los Hermanos Musulmanes, a cuyos líderes ha protegido, al igual que hace con los responsables de la organización terrorista palestina Hamás. Ephraim Herrera muestra en este artículo ese vínculo expreso apoyado en unas declaraciones del líder espiritual de la hermandad islamista, el clérigo Yusuf al Qaradawi.

[Qaradawi] dijo lo siguiente en una entrevista: “La Unión de Clérigos Musulmanes declara que el califato debe establecerse en Estambul, porque es la capital [histórica] de los califatos. (…) La nueva Turquía reúne la religión y el Estado, lo antiguo y lo nuevo, lo árabe y lo no árabe, y une a la ‘Umma’ [la comunidad global musulmana] en África, Asia, Europa, EEUU y el resto del mundo. El hombre que está llevando esto a cabo en Turquía es Recep Tayyip Erdogan. (…) Él es el líder que conoce a su Dios, se conoce a sí mismo, conoce su pueblo, la ‘Umma’ y el mundo. Depende de vosotros estar a su lado, prometerle lealtad y decirle: vamos adelante”.

A la vista de esto, no es de extrañar que las opiniones de Erdogan acerca de Israel estén en perfecta consonancia con la posición de los Hermanos Musulmanes, que no está a su vez regida por la lógica. Para ellos, Israel se comporta con los palestinos de la misma manera que Hitler lo hizo con los judíos en el Holocausto. No debe extrañar tampoco, por tanto, que ‘Mi lucha’ sea un best-seller en Turquía.