Contextos

Irán y Arabia Saudí, a cara de perro

Por Michael J. Totten 

Arabia Saudí e Irán
"Arabia Saudí e Irán llevan siendo enemigos desde la revolución de 1979, pero el odio mutuo es bastante más antiguo que sus respectivos regímenes actuales. Se remonta a la época del Imperio Persa""Los gobernantes de Teherán están fuera de sus casillas porque Nimr era un correligionario chií que podría haber resultado útil si la guerra global entre chiíes y suníes llegara a Arabia Saudí"

Arabia Saudí ha roto sus relaciones diplomáticas con Irán después de que una turba incendiara su embajada en Teherán, asaltara el edificio y saqueara las oficinas, mientras el personal de seguridad iraní se mantenía al margen.

No es ninguna novedad. El Gobierno iraní ha despreciado violentamente las normas diplomáticas internacionales desde que se hizo con el poder, en 1979. La Crisis de los Rehenes, en la que revolucionarios islamistas iraníes mantuvieron cautivos a 52 diplomáticos en la embajada estadounidense durante 444 días, no fue más que el principio. Cuatro años después, peones terroristas de Irán en el Líbano cometieron un atentado suicida con camión-bomba en el que destruyeron la embajada norteamericana en Beirut. Diez años después utilizaron el mismo método para volar la embajada de Israel en Argentina.

En 2012 Azerbaiyán detuvo a 22 miembros de la Guardia Revolucionaria Iraní y de Hezbolá por planear atentados contra las embajadas de Estados Unidos e Israel en Bakú. Al igual que Irán, Azerbaiyán es una nación de mayoría chií; pero, a diferencia de la República Islámica, mantiene relaciones normales, incluso cordiales, con Estados Unidos e Israel. Y como la mayoría del mundo, los azeríes comprenden y respetan la soberanía de las embajadas extranjeras. Los iraníes no lo hacen, así que los saudíes han hecho regresar a casa a todo el mundo y dado 48 horas a los iraníes para que abandonen el país o se atengan a las consecuencias.

Arabia Saudí e Irán llevan siendo enemigos desde la revolución de 1979, pero el odio recíproco es bastante más antiguo que sus respectivos regímenes actuales. Se remonta a la época del Imperio Persa. Resulta incluso algo sorprendente que hayan podido establecer relaciones diplomáticas. Tienen tantos agravios mutuos (algunos de ellos razonables, otros basados en prejuicios, sectarismo e histeria) que cualquiera ajeno a la región no podría llevar la cuenta.

Pero los iraníes no incendiaron y saquearon la embajada saudí simplemente porque se levantaran una mañana y decidieran que era una buena idea. Los saudíes fueron los que iniciaron este último asalto cuando ejecutaron al clérigo chií Nimr al Nimr.

Nimr vivía en la inmensa provincia oriental saudí, donde se encuentran la mayoría de los yacimientos petrolíferos. También es –lo que resulta muy molesto para Riad– el único lugar donde  los musulmanes chiíes constituyen una mayoría en el reino, que, por lo demás, está dominado por los suníes. Nimr había instado a que se celebraran elecciones democráticas y a que los chiíes se segregaran si sus derechos no se respetaban más.

Tenía motivos para quejarse. Arabia Saudí es la sociedad más atrasada y medieval del mundo, aparte de los territorios ocupados por el ISIS y por los talibanes. Teherán es Ámsterdam comparado con Riad, pese a las normas teocráticas del Gobierno iraní y a sus severos guardianes.

Durante una serie de protestas en 2011 y 2012, Nimr instó a los manifestantes chiíes a resistir al Gobierno saudí con palabras, no con violencia. “El arma de la palabra es más fuerte que el poder del plomo”, dijo. Los saudíes lo consideraron un terrorista y lo decapitaron. A menos que el Gobierno saudí sepa de él algo que los demás no sabemos, resulta indignante.

Los iraníes tienen bastante razón al estar furiosos, pero no toda. Están furiosos por motivos equivocados. Estarían igual de indignados si Nimr realmente hubiera sido un terrorista, o si hubiera enviado a escuadrones de terroristas suicidas a Riad y Medina. El régimen iraní llegó al poder mediante el asesinato, y tortura y mata para mantenerlo. No le importan los derechos humanos más de lo que le importan al norcoreano Kim Jong Un.

Los gobernantes de Teherán están fuera de sus casillas porque Nimr era un correligionario chií que podría haber resultado útil si la guerra global entre chiíes y suníes –que Irán hace cuanto puede por mantener viva– llegara a Arabia Saudí, como ha hecho en todos los lugares en los que conviven ambas sectas.

Todo ello no quiere decir que los gobernantes saudíes no estén violando los derechos humanos. Naturalmente que lo hacen. Por norma. Su monarquía absoluta no es radicalmente diferente del califato del ISIS en Siria e Irak, salvo que Riad sigue las reglas diplomáticas con los demás y ataca duramente a Al Qaeda y a los Hermanos Musulmanes.

Los saudíes actúan así por puro interés, claro está. No les importan los derechos humanos más que a los iraníes. Son los mayores promotores mundiales del fanatismo radical suní. El único motivo por el que les preocupan el ISIS y los Hermanos Musulmanes es porque ambos grupos amenazan el poder absoluto de la familia real.

Puede disculparse a los norteamericanos por quedarse mirando cómo saudíes e iraníes se muelen a palos como si fueran Hitler y Stalin sacudiéndose en Europa. Pero, querámoslo o no, tenemos que estar de parte de los saudíes, al igual que estuvimos de parte de la Unión Soviética contra los nazis.

La alianza entre Washington y Riad es puramente transaccional. Tenemos enemigos e intereses económicos comunes; eso es todo. No hay cordialidad ni verdadera amistad por ninguna de las partes. Consideramos desagradables a los saudíes, y con razón. Ellos hacen lo mismo porque están mil años por detrás de nosotros; están mil años por detrás de prácticamente todo el mundo, incluida buena parte del mundo árabe. Pero tenemos que estar de su parte, y no sólo porque tienen petróleo, sino porque no conspiran activamente contra nosotros como hacen los iraníes, pese al acuerdo nuclear negociado entre Teherán y Washington el año pasado.

Así que bien por los saudíes por golpear a los iraníes, aunque fueran ellos quienes provocaran la actual situación con su acostumbrada conducta atroz.

© Versión original (en inglés): World Affairs Journal
© Versión en español: Revista El Medio