Contextos

Irán sigue ganando

Por Husein Abdul Husein 

Bandera de Irán
"Comparados con los de Estados Unidos y sus aliados, los recursos de Irán son escasos. Pero cuando se comparan la constancia y la paciencia, Irán vence a sus adversarios por muy amplio margen. De persistir la tendencia, tendremos que prever que Irán se hará con algunas capitales árabes más en el transcurso de la próxima década"

Han pasado trece años desde la invasión estadounidense de Irak, cinco desde que sus aliados Bashar al Asad y Hezbolá empezaran a magullarse en Siria y dos desde la operación Tormenta Decisiva contra sus protegidos en el Yemen, pero Irán continúa llevando la delantera en cuatro países árabes y se sigue expandiendo.

A pesar de haber sufrido algunos contratiempos, Irán y sus aliados parecen invencibles. En realidad, Irán y sus aliados están cansados y arruinados, pero Teherán disfruta de una ventaja de la que sus rivales, Estados Unidos y sus aliados árabes, carecen: una constancia que a veces roza la obcecación.

Cuando Estados Unidos tenía un ejército de más de 150.000 soldados en Irak, Irán siguió ejerciendo mucha más influencia. Se cuenta que los oficiales iraníes solían decir a sus homólogos iraquíes que Estados Unidos acabaría retirándose y volviéndose a casa, pero que Irán seguiría ahí (en un sentido figurado, en términos de influencia, y en un sentido físico, ya que es un país vecino).

El presidente Obama convirtió en realidad la profecía iraní. Al desmantelar Estados Unidos su misión iraquí, especialmente al cortar sus apoyos económicos y políticos a los suníes, Irán redobló su apoyo a los chiíes, incluso les dio instrucciones de que persiguieran a los suníes, con lo que empujó a muchos de estos a los brazos del ISIS. Irán siempre está encantado de ver a suníes radicalizarse. Esa tendencia justifica su ambición de combatir –y someter– a todos los suníes de la región.

En el Líbano, Estados Unidos y sus aliados europeos y árabes fueron igual de impacientes que en Irak. Tras una primera ofensiva diplomática en 2004, a través de la Resolución 1559 del Consejo de Seguridad de la ONU, Washington parecía decidido a reforzar a sus aliados en Beirut.

La Siria de Asad cedió y retiró sus tropas del Líbano, pero Irán redobló la ayuda a sus protegidos e incluso les dio instrucciones –como en Irak– de que persiguieran a sus rivales. Entre 2005 y 2011, los aliados libaneses de Estados Unidos y los países árabes cayeron uno detrás de otro, algunos en trampas explosivas y otros simplemente abatidos a tiros a plena luz del día en las abarrotadas calles de Beirut.

En 2008, Estados Unidos y sus aliados árabes cedieron ante Irán y Hezbolá en el Líbano, ya que Washington ordenó a la Alianza 14 de Marzo que aceptara los dictados de Hezbolá en el Acuerdo de Doha. Después, Occidente extendió su intervención a Asad, presumiblemente para tratar de alejarlo de Irán. En 2010, el Líbano se había transformado completamente y convertido en un Estado satélite de Irán, como sucedería con Irak a principios de 2011.

Irán está siguiendo ahora la misma estrategia en el Yemen, donde armó a la milicia huzi y le dio la orden de sembrar cizaña política e invadir la capital para finalmente imponer su propia solución para el país. Al principio, Estados Unidos y sus aliados árabes, fuera de sí, iniciaron una guerra cuyo propósito era liberar Saná y reinstaurar al Gobierno expulsado por los huzis. Este mismo mes se pidió al Gobierno yemení en el exilio que redujera sus expectativas y que suavizara sus demandas en sus negociaciones con los huzis. Irán percibió correctamente el cansancio y la impaciencia de sus rivales, de ahí que dijera a sus aliados que intensificaran la presión. En lugar de llegar a un acuerdo, los huzis eligieron un “Consejo Político Superior” –equivalente a un Gabinete– en Saná, donde las autoridades huzis reaccionaron a su desarme diciendo: “A quien nos quite las armas, le quitaremos la vida”.

En Siria, la victoria iraní no está clara aún. Lo que es evidente es la actual división entre una Siria occidental dominada por Irán y una Siria oriental donde están todos los demás. A la división de Siria le ha acompañado una limpieza étnica patrocinada por la ONU, como dejó patente la evacuación del barrio de Daraya, en Damasco, no sólo de los combatientes de la oposición, sino de su población civil nativa.

Durante la última década y media, y en las distintas revueltas regionales, Irán nunca ha cejado en su ilimitado apoyo económico, diplomático y de inteligencia a sus protegidos. Mientras el ex primer ministro del Líbano Saad Hariri se desprende de sus ayudantes y contempla el derrumbe de su imperio político y financiero, una Hezbolá con muchas más presiones a causa de su lucha en Siria no ha presentado aún grietas económicas. Hezbolá y, en efecto, Irán rescataron incluso un pequeño periódico como Asafir, convenciendo a sus amigos de la necesidad de mantenerlo a flote, mientras que en el lado de los rivales de Hezbolá los periodistas están sufriendo graves retrasos en el pago de sus salarios, si es que llegan a cobrarlos.

Comparados con los de Estados Unidos y sus aliados, los recursos de Irán son escasos. Pero cuando se comparan la constancia y la paciencia, Irán vence a sus adversarios por muy amplio margen. De persistir la tendencia, tendremos que prever que Irán se hará con algunas capitales árabes más en el transcurso de la próxima década.

© Versión en inglés: NOW
© Versión en español: Revista El Medio