Revista de Prensa

Irán necesita enterrar el fantasma de Jomeini

 

Hasán Ruhaní, ante un retrato de Jomeini.

En este artículo, el veterano periodista Amir Taheri, autor de The Persian Night, uno de los mejores libros sobre el Irán contemporáneo, reflexiona sobre la figura del padre de la República Islámica y su tremendo impacto sobre el devenir de su país, y clama por un proceso de desjomeinización que permita avanzar a Irán hacia una auténtica apertura.

Según Zaynab Mansuri, al menos 10 iraníes o iraquíes murieron en cada hora de gobierno de Jomeini. Ya hemos hablado de las vidas que se cobró esa insensata guerra de ocho años [entre Irán e Irak]. Pero Jomeini también mató a miles de personas en la célebre matanza de kurdos de Naqadeh y en la de turcomanos de Gonbad. Y asimismo mató a miles de manifestantes, incluidos numerosos niños y mujeres, que desafiaron en las calles su satánico poder.

(…) Según estimaciones de grupos pro derechos humanos como Amnistía Internacional, unos 100.000 iraníes fueron ejecutados durante los diez años de gobierno de Jomeini. En comparación, durante los 37 años de reinado del último sah hubo 317 ejecuciones (…)

(…)

A lo largo de los años, numerosos comentaristas han especulado con quién sería el Gorbachov iraní, papel que se atribuyó durante un tiempo al presidente Mohamed Jatamí y que ahora desempeña el presidente Hasán Ruhaní. Otros, con la mira puesta más en China que en la URSS, han tratado de encontrar el Deng Xiaoping iraní, con el expresidente Hashemi Rafsanyaní tratando de desempeñar ese rol. Sin embargo, antes de que Irán pueda tener un Gorbachov o un Deng, debe primero encontrar su Jruschov o su Zhou Enlai.

En 1956, en el 20º Congreso del PCUS, Nikita Serguéievich Jruschov expuso los crímenes de Stalin, rehabilitó a algunas de las víctimas del estalinismo y condujo a la URSS a un totalitarismo que el menos se sometía a sus propias leyes. Lo mismo ocurrió en China con la desmaoización llevada a cabo por Zhou Enlai y Deng Xiaoping a partir de 1971.

Sin una auténtica desjomeinización, la República Islámica de Irán podría no tener manera de alcanzar una razonable medida de estabilidad política, económica y legal. La desjomeinización no convertiría un mal régimen en uno bueno, ni mucho menos. Pero quizá lo hiciera soportable, al menos para quienes lo padecen. (…) Sin desjomeinización, en Irán nadie estará a salvo jamás, ni siquiera el actual “Guía Supremo”, Alí Jamenei. ¡Quizá él menos que nadie!