Revista de Prensa

Irán está jugando con fuego

 

Alí Jamenei, Líder Supremo de la República Islámica de Irán.

Eyal Zisser, de la Universidad de Tel Aviv, aboga por que EEUU se ponga firme con Irán, so pena de que la situación en el Golfo Pérsico acabe degenerando en una guerra abierta.

Los iraníes han decidido avivar las llamas, en la esperanza de que los americanos accedan a relajar las sanciones y evitar así una escalada que podría dañar a sus aliados en el Golfo Pérsico. Por otro lado, los líderes de Teherán confían en que Europa y posiblemente incluso algunos Estados árabes cedan ante el terrorismo y urjan a Washington a renunciar a su política [iraní] o emprendan ellos mismos acciones para apaciguar a Irán.

Irán es un tigre de papel. Aunque es capaz de hacer penosa la vida de sus vecinos y de extender el terrorismo por toda la región, cuando se le desafía abiertamente y se le trazan líneas rojas, y otros países están dispuestos a golpear, se echa para atrás. (…) Irán no tiene las capacidades necesarias para hacer frente al poderío bélico americano (…)

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Salvo Israel, ningún país de la región –especialmente los Estados del Golfo– puede hacer frente a Irán con sus solas fuerzas. Así las cosas, EEUU se verá forzado a asestar un duro golpe a Irán, no sólo para pararle los pies sino para prevenir una escalada y una guerra. Y mejor que lo haga cuanto antes.

Moshé Koppel, presidente de Kohelet Policy Forum, arremete contra el activismo político de la Corte Suprema israelí y afirma que poner límites a su actividad, lejos de ponerla en peligro, sería un muy beneficioso servicio a la democracia.

Los fans de la Corte Suprema de Israel esgrimen el mismo argumento artículo tras artículo. La idea es que cualquier limitación que se imponga a la revisión judicial [de las leyes] nos dejará vulnerables ante una Knéset [Parlamento] con poderes ilimitados.

El argumento omite lo obvio: si toda discrepancia entre el Poder Legislativo o el Poder Ejecutivo y el Judicial se resuelve en favor de este último, estamos no ante una democracia sino ante una juristocracia.

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En EEUU y en muchos otros lugares, las circunstancias en las que [el Poder Judicial] puede intervenir en acciones emprendidas por otras ramas del Estado están muy delimitadas. (…) Ninguna de esas constricciones a la actividad judicial (…) existen en Israel. En Israel, [el Poder Judicial] (…) descalifica cotidianamente acciones gubernamentales sobre la base de su mera desaprobación.

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La Corte Suprema israelí es una entidad sumamente politizada, especialmente preocupada por el bienestar de grupos particularmente favorecidos, muchos de los cuales son cualquier cosa menos débil o impotentes. Quienes comparten sus tendencias ideológicas o se benefician de estar a bien con ella (como los acaudalados abogados súbitamente preocupados por el futuro de la democracia) aborrecen ver limitado el poder autoasignado de la Corte.

El analista israelí Eldad Beck llama la atención sobre la pujanza del nacionalismo árabe en una de las principales ciudades de su país, y advierte de las funestas consecuencias que podría tener no afrontar el problema.

A Haifa se le concede un lugar de honor en la lucha política (…) para erradicar el Estado de Israel y convertir gradualmente la ciudad en la ‘capital cultural de Palestina’. No Ramala ni Nablus sino Haifa (…) Lo cual prueba que la lucha contra la “ocupación” no se detiene en las fronteras de 1967, sino que pone el foco en toda la (…) Tierra de Israel.

Pareciera que la atmósfera liberal de Haifa, de tolerancia y apertura, ha permitido a los nacionalistas de entre la población árabe local cultivar la falsa narrativa de la ‘identidad nacional y cultural palestina’ y aplicarla a la ciudad. El ‘establishment’ municipal y académico (…) consiente el desarrollo de esta tendencia, haciendo la vista gorda o bien implicándose directamente en ella, como parte de la oposición izquierdista al “predominio ideológico de la derecha”.

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Haifa no tiene un problema con la “extrema derecha judía” –un invento de la izquierda para tener a quién combatir–, sino con los nacionalistas árabes radicales. Hacer la vista gorda o mirar para otro lado no hará sino exacerbar un estado de cosas ya complicado.