Contextos

Irán: conque Trump había reforzado la popularidad de los mulás...

Por Sohrab Ahmari 

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"Con independencia de lo que suceda, los iraníes ya han destrozado un mito progre: que Donald Trump había dado alas al régimen de los ayatolás en el propio Irán"

La teoría del New York Times de que, gracias a la belicosidad de Trump y Riad, el pueblo iraní había cerrado filas en torno a sus gobernantes se ha ido al guano. En noviembre, el jefe de la oficina del periódico en Teherán, Thomas Erdbrink, dedicó un largo artículo a defender su hipótesis, que se reveló ampliamente popular entre la grey washingtoniana partidaria del acuerdo nuclear con los ayatolás.

“Tras años de cinismo, burlas o simplemente de convertir todo en política”, escribió Erdbrink, “la clase media urbana iraní se ha sumido en una ola de fervor nacionalista”. Dijo más: “El señor Trump y los saudíes han ayudado al Gobierno [iraní] a conseguir lo que jamás pudieron los años de represión: un vasto apoyo público a la idea promovida por la línea dura de que no se puede confiar en EEUU ni en Riad”.

Erdbrink adoptaba la retórica del ministro de Exteriores iraní, Javad Zarif. En respuesta al anuncio de noviembre de la imposición de nuevas sanciones de EEUU a los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica, Zarif tuiteó: “Hoy, los iraníes –chicos, chicas, hombres, mujeres– son TODOS de los CGRI”.

O no.

Estos días, decenas de miles de iraníes salen a las calles a mostrar su rabia no hacia Donald Trump o la Casa de los Saúd, sino hacia los mulás y su aparato de seguridad. Fueron cuestiones económicas lo que en un primer momento desató las protestas, en la ciudad nororiental de Mashad. Pero enseguida el levantamiento cobró nuevos bríos y se expandió a por lo menos 18 ciudades de todo el país. Y los eslóganes pasaron de tener que ver con el desempleo y la corrupción a expresar rechazo a la República Islámica in toto. Entre ellos se contaban los siguientes:

El resultado de las protestas es difícil de predecir. Por el momento, el movimiento no tiene líderes y parece que tampoco una organización seria. Los manifestantes hacen frente a un régimen que consume buena parte de sus energías y recursos en asegurar su propia supervivencia y no dudará en aplastarlos despiadadamente, como hizo en 1999 y 2009. Pero, con independencia de lo que suceda, los iraníes ya han destrozado un mito progre: que Donald Trump había dado alas al régimen de los ayatolás en el propio Irán.