Contextos

¿Intercambio o expulsión?

Por Roland J. Behar 

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"Avigdor Lieberman, ministro israelí de Relaciones Exteriores, propuso que ciertos territorios habitados mayoritariamente por árabe-israelíes fueran intercambiados por territorios de la Margen Occidental habitados mayoritariamente por judíos"

Los árabes israelíes son los únicos árabes de la región que residen en un país democrático, donde gozan de los mismos derechos que los demás ciudadanos, aunque no tienen la obligación de hacer el servicio militar; pero pueden hacerlo voluntariamente, como es el caso de Ala Wahib, el musulmán de más alto rango en el Ejército israelí, oficial de operaciones en una base clave.

Mohamed Samara, ingeniero químico y entrenador de fútbol residente en la ciudad árabe de Tira, al oeste de la Ruta 6, declaró al Jerusalem Post que está en contra del plan de Lieberman. “Somos felices aquí, tenemos todos los derechos, vivimos bien y no queremos ser sacrificados (…) No queremos ser parte de un Estado palestino, en un nuevo espacio político”. Asimismo, dijo que en su localidad tienen una buena relación con los judíos.

Un caso bien distinto es el de Ahmed Tibi, que entre 1993 y 1999 fue asesor político del fallecido terrorista Yaser Arafat, al que según propia confesión le unía un vínculo muy estrecho. Tibi representó a la Autoridad Palestina en las negociaciones de Wye River de 1998, bajo el patrocinio de Bill Clinton. Pese a estos antecedentes nada confiables, fue elegido diputado en las elecciones de 1999 y actualmente es vicepresidente de la Kneset (Parlamento).

Avigdor Lieberman, ministro israelí de Relaciones Exteriores, propuso que ciertos territorios habitados mayoritariamente por árabe-israelíes fueran intercambiados por territorios de la Margen Occidental habitados mayoritariamente por judíos. “Cuando hablo del intercambio de tierras y de sus pobladores, me refiero al pequeño triángulo de Wadi Ara”, especificó. “No se trata de una transferencia. Nadie será expulsado o desterrado, pero la frontera se movería hacia el otro lado de la Ruta 6″.

El canciller israelí añadió: “Si dejamos el derecho al retorno [de los refugiados palestinos] sobre la mesa, toda la presión recaerá sobre esta cuestión”. “Cuando haya un Estado palestino, se verá obligado a absorber cientos de miles de refugiados de Siria, el Líbano y otros países de la región, que aprovecharán la oportunidad para deportarlos”.

Estas declaraciones de Lieberman provocaron enérgicas respuestas de otros funcionarios israelíes, tanto judíos como árabes. Es curioso compararlas, buscar las coincidencias y las diferencias y tratar de entender las motivaciones de quienes se pronunciaron.

El ministro del Interior, Gedeón Saar, declaró durante una visita a la ciudad árabe de Sajnín, en la Galilea: “Un ciudadano israelí no es un objeto y no se puede mover en virtud de un acuerdo de paz”; y agregó que los árabes de Israel son ciudadanos con los mismos derechos que los demás. “Podemos hablar de igualdad de derechos y responsabilidades, pero la revocación de la ciudadanía no debe ser un tema de debate”, sentenció.

Por lo que hace a Tibi, ha tachado la propuesta de Lieberman de “delirante”.

Los árabes disfrutan del mismo sistema de salud que el resto de la población israelí, el Estado israelí les proporciona toda la infraestructura vial, eléctrica, de comunicaciones y sanitaria. En su sistema de educación, que controlan, además del árabe pueden aprender hebreo e inglés como asignaturas básicas. Tienen diputados en la Kneset. Casualmente, sus funcionarios electos parecen representar, en demasiados casos, más los intereses de la Autoridad Palestina que los de sus electores.

Tristemente, dada la influencia de los palestinos, muchos de los árabes israelíes se niegan a reconocer el Estado del cual son ciudadanos y del que se benefician. Así, un tercio de ellos dice estar dispuesto a renunciar a la ciudadanía israelí una vez creado el Estado palestino.

Sea como fuere, la Autoridad Palestina se ha encargado de reafirmar que en el futuro Estado palestino no podrán vivir judíos –como en otros países musulmanes–, quiere tener el derecho de expulsar a los que allí viven (como hicieron otros países árabes en el pasado). Entonces, ¿por qué no ven con beneplácito la proposición de Lieberman? Porque en realidad lo que quieren es destruir el Estado de Israel, echar al mar a los judíos y destruir, como ya han hecho en Gaza, todo lo que con tesón y sacrificio han logrado los israelíes. ¿A usted no le parece?