Contextos

'The Honourable Woman': pocas esperanzas

Por Eli Cohen 

The Honourable Woman.
"Es una serie densa y enrevesada; en palabras de Gabriel Tate, de 'The Guardian', tiene el argumento más densamente trazado de los últimos años. Sus capítulos están repletos de silencios dilatados, planos estáticos, 'flashbacks' y diálogos en los que los interlocutores dicen más por lo que callan. Tim Goodman, de 'The Hollywood Reporter', la elogia calificándola como “una historia espectacularmente bien construida, intrincada, densa, exigente y gratificante”. En la forma, esta miniserie británica es de notable. Y en el fondo, tremendamente pesimista"

Vivimos en la edad de oro de las series de televisión. Son ya una parte esencial de la cultura popular. Son pocas las que han tenido Oriente Medio como escenario o ingrediente vertebrador de la trama. Homeland –remake de la israelí Jatufim– ha sido la más conocida; en otras, como JAGNCIS o The Company, Oriente Medio ha sido telón de fondo de algún capítulo. La primera que versa exclusivamente sobre el conflicto entre israelíes y palestinos es la británica The Honourable Woman, protagonizada por la actriz norteamericana y judía Maggie Gyllenhaal.

The Honourable Woman es una serie densa y enrevesada; en palabras de Gabriel Tate, de The Guardian, tiene el argumento más densamente trazado de los últimos años. Sus capítulos están repletos de silencios dilatados, planos estáticos, flashbacks y diálogos en los que los interlocutores dicen más por lo que callan. Tim Goodman, de The Hollywood Reporter, la elogia calificándola como “una historia espectacularmente bien construida, intrincada, densa, exigente y gratificante”. En la forma, esta miniserie británica es de notable. Y en el fondo, tremendamente pesimista. Si los espectadores están esperando que acabe con la paz entre israelíes y palestinos, se llevarán un chasco.

La protagonista absoluta es Nessa Stein (Gyllenhaal), de doble nacionalidad israelí y británica, que, siendo una niña, es testigo del asesinato de su padre, el empresario armamentístico Eli Stein, conocido como la Espada de Israel. Cuando Nessa crece y se hace cargo de la empresa, decide reconvertirla y entrar en el sector de las telecomunicaciones y, de paso, poner fin a un problema que ha determinado su vida.

Nessa emprende un proyecto de cableado de fibra óptica por toda Cisjordania que proporcionará formación y bienestar socioeconómico a los palestinos, lo que a su juicio acercará más la ansiada paz entre ambos pueblos. La última fase del proyecto le es concedida a un empresario palestino; pero el mismo día en que la reina de Inglaterra nombra baronesa a Nessa, éste se suicida y secuestran a Kasim, el hijo de la niñera palestina que trabaja en casa de su hermano, Ephra Stein.

A partir de aquí, todo y todos empiezan a confluir: la CIA, el MI6, los Gobiernos de Israel y la Autoridad Palestina, grupos terroristas, empresarios israelíes y palestinos… Actores e intereses se entrecruzan y friccionan con el constante riesgo de un estallido, de un choque de trenes. La introducción a todos los capítulos, muy similar a la de Homeland, muestra piezas de ajedrez cayendo, declaración sin tapujos y poco sutil de algo que lleva resonando desde los inicios del conflicto. Realmente, así es como la mayoría de la opinión pública internacional lo ve y lo siente: como una partida de ajedrez con demasiados y desiguales jugadores.

El conflicto entre israelíes y palestinos toca, ciertamente, muchas sensibilidades. Ya sea por la sobreexposición mediática que tiene en Occidente, o por la extensión simbólica a judíos y árabes -en lugar de israelíes y palestinos-, la concienciación sobre el problema alcanza casi todo el planeta. En este sentido, la serie acierta al exponer, en la persona de Nessa Stein, esa obsesión por alcanzar la paz de muchos judíos de la Diáspora, así como la fuerte conexión, asfixiante a veces, que los judíos tienen con Israel y lo que allí acontece. Una obsesión y un activismo de los que recelan muchos israelíes y la gran mayoría de los palestinos. De la misma manera, estas sensibilidades han generado que una gran cadena de intereses geopolíticos y económicos se incrusten en un problema que está lejos de solucionarse.

Conforme se aproxima el desenlace, el mensaje de la serie es más contundente, pero no es nuevo: la violencia lleva a más violencia, la venganza lleva a más venganza, si no se acaba con la espiral de odio el conflicto no tendrá fin, e israelíes y palestinos se han convertido en peones, fichas en un tablero de intereses donde los que mueven son otras naciones más poderosas.

No obstante, The Honourable Woman yerra al tomarse algunas licencias para hacer creíble la trama; la jaleada equidistancia a la hora de pronunciarse sobre el conflicto pasa factura. Alessandra Stanley, del New York Times, ha escrito que “es un drama psicológico delicado, astuto, sensible, y a veces es imparcial en el sentido no incendiario de la palabra”; pero, en la búsqueda de la imparcialidad absoluta, inventa un grupo terrorista israelí, La Liga de Samaria, que perpetra atentados masivos. Como comentábamos no hace mucho al reseñar la novela Exilio, no existen a día de hoy grupos terroristas israelíes activos -el último fue el Kaj, que fue debidamente ilegalizado y perseguido-, e inventárselos es, aunque estemos en el terreno de la ficción, alterar la realidad que se quiere mostrar.

The Honourable Woman, a pesar de ser una serie altamente recomendable, flaquea al esbozar un escenario posible. Además, salvando lo anterior, nos deja pocas esperanzas y nos dice algo que ya sabíamos: que la espiral de violencia entre israelíes y palestinos conlleva más odio e, irremediablemente, a un alejamiento progresivo de la paz.