Contextos

Hezbolá y el Ejército de los 12.000

Por Tony Badran 

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"Dada la gran discrepancia entre esas cifras, se plantean algunas cuestiones al respecto: ¿son reales o simples estimaciones? ¿Están deliberadamente infladas por motivos propagandísticos por parte de ambos bandos?""Si bien el caso de Hezbolá es diferente, el partido no es inmune en absoluto a la práctica de la exageración y la mitificación de su capacidad. A ese respecto le ha ayudado durante años la favorable cobertura que le han dispensado los medios y el mundo académico""En realidad, la mayoría de esas cifras está burdamente exagerada. El despliegue de Hezbolá en Siria, probablemente, esté en el orden de los cientos de hombres, más que en el de los miles.""La política existente tras las cifras, por tanto, debe ser manejada con sentido crítico. En el caso de Hezbolá, la cuestión va más allá de la intervención del grupo en Siria. Incluso aunque tenga todos los incentivos para proyectar una imagen de poder colosal, no sólo hacia Israel, sino cada vez más hacia el propio Líbano, las debilidades de la organización están quedando al descubierto."

Mientras la implicación militar de Hezbolá en Siria se ha intensificado en los últimos meses, las informaciones de los medios, las declaraciones oficiales y los análisis de los expertos han ofrecido estimaciones ampliamente divergentes en cuanto al número de combatientes de la organización allí desplegados. Como suele ocurrir en este tipo de conflictos, hay una política según la que se estima el número de cualquier fuerza de combate. Para entender mejor la función de este juego numérico, y para ayudar a mantener la perspectiva de forma más general, resulta útil situarlo en un contexto más amplio.

La estimación de las fuerzas destacadas por Hezbolá en Siria comenzó con los preliminares de la batalla por Qusair. El continuo goteo de combatientes muertos de la organización que eran devueltos al Líbano para ser enterrados allí hacía que surgieran preguntas acerca del impacto que semejante número de bajas podría tener en las fuerzas del grupo.

Mientras proseguían los feroces combates en Qusair, el ministro de Asuntos Exteriores francés, Laurent Fabius, afirmó que, si bien las “cifras oscilaban entre 3.000 y 10.000”, el servicio de inteligencia francés calculaba que en Siria estaban operando entre 3.000 y 4.000 combatientes de Hezbolá. No quedó claro a qué fuentes hacía referencia Fabius, pero puede haberse tratado de cálculos realizados por opositores sirios.

A comienzos de mayo, por ejemplo, el general Salim Idris, Jefe del Estado Mayor del Consejo Militar Supremo rebelde, afirmó que Hezbolá tenía en total “cerca de 10.000” combatientes en toda Siria. A finales de ese mismo mes, Idris dijo que 7.000 de esos hombres se encontraban en Qusair. Otro comandante rebelde sostuvo que la organización libanesa mantenía, de un total de 7.000 hombres en Siria, a 4.000 en Qusair, a 2.000 en los alrededores de Damasco y a 1.000 en los de Latakia. Por otra parte, se citó a una fuente de la seguridad libanesa, que afirmó que Hezbolá habría enviado a 1.700 hombres a Qusair.

Una vez cayó Qusair y todo el mundo pensó que el régimen volvía la vista hacia Alepo, surgieron nuevas cifras. A comienzos de junio, un portavoz del Ejército Libre Sirio afirmó que Hezbolá estaba concentrando una fuerza de más de 4.000 hombres para atacar Alepo. Resulta interesante que no sólo los rebeldes ofrecieran esa clase de cifras. Por ejemplo, en esas mismas fechas, un comandante de Hezbolá declaraba a The Washington Post que el grupo tenía “cerca de 2.000 (…) combatientes en la provincia de Alepo”.

Dada la gran discrepancia entre esas cifras, se plantean algunas cuestiones al respecto: ¿son reales o simples estimaciones? ¿Están deliberadamente infladas por motivos propagandísticos por parte de ambos bandos?

Resulta útil, por tanto, leer esas cifras con la guerra civil libanesa como telón de fondo: ésta nos enseñó que las cifras de las fuerzas de combate deben ser manejadas siempre con cautela. A menudo, las milicias libanesas consideraban una ventaja inflar públicamente sus números. Por ejemplo, tomemos el caso de la milicia suní Al Murabitun. Un antiguo miliciano que formó parte de ella durante la guerra me dijo, años después, que, pese a que su cuerpo solía desfilar para exhibir su poderío militar, las fuerzas de Al Murabitun no superaban, en su mejor momento, los 100 o 150 combatientes, mientras que el resto estaba formado por suplentes palestinos. Pese a ello, ciertos trabajos académicos sobre la guerra del Líbano mencionan a la milicia con un contingente cinco veces superior. Del mismo modo, la milicia del Partido Nacional Socialista Sirio (PNSS) de aquella época aparece a veces en la literatura con “algunos miles” de combatientes desplegados sobre el terreno. En realidad, como explicó Yusef Bazi, antiguo miembro del PNSS, muchos de ellos eran combatientes “a tiempo parcial”, a quienes se convocaba en épocas de movilización general. Los denominados regulares del partido, como me explicó el exmiliciano suní, se contaban sólo por centenares.

Si bien el caso de Hezbolá es diferente, el partido no es inmune en absoluto a la práctica de la exageración y la mitificación de su capacidad. A ese respecto le ha ayudado durante años la favorable cobertura que le han dispensado los medios y el mundo académico. Pero ¿Hezbolá dispone de diez, siete o cuatro mil combatientes para destinar a Siria? Es más: ¿puede siquiera desplegar a 2.000 de ellos en una sola área? De hecho, ¿la fuerza de combate total de la organización es tan grande como para permitirle enviar ese número de hombres a Siria?

Algunos analistas, si bien reconocen que todo ello son básicamente especulaciones, han sugerido (sin citar ninguna fuente) que la fuerza de combate total de Hezbolá oscila entre los “20.000 y 30.000 hombres, de los cuales en torno a un 25% puede ser personal de servicio activo a tiempo completo”. El significado de “personal de servicio activo”, sin embargo, sigue sin estar claro, así como la naturaleza del 75% restante, tal y como lo contempla este analista. Más aún, el entrenamiento y las tareas de las unidades de Hezbolá varían, lo que hace que la discusión sobre los cuerpos de combate del grupo se deba matizar aún más.

Por otra parte, una fuente que, supuestamente, tenía “contacto con Hezbolá”, opinaba que “sus fuerzas de élite de vanguardia y sus unidades de artillería combinadas sumaban sólo 4.000 [hombres]”. La misma fuente añadió que las fuerzas totales ascendían a “unos 10.000 combatientes”. Si aceptáramos esta cifra y la comparáramos con las que se han propuesto para estimar los combatientes del grupo desplegados en Siria, eso significaría que Hezbolá ha comprometido cerca o más del 100% de su fuerza total en el frente sirio, dejando desguarnecidos tanto el frente doméstico libanés como la frontera con Israel.

En realidad, la mayoría de esas cifras está burdamente exagerada. El despliegue de Hezbolá en Siria, probablemente, esté en el orden de los cientos de hombres, más que en el de los miles. Además, según un miembro bien informado de la Administración libanesa, la fuerza de combate del partido asciende a 5.000 miembros en total. La cifra coincide casi exactamente con la opinión de Simón Shapira, un general de brigada israelí retirado, que se ha centrado en estudiar al grupo desde su creación. Según él, la fuerza total de la organización oscila entre los 5.000 y los 6.000 combatientes.

Pero no resulta difícil comprender por qué tanto el Ejército Libre Sirio como Hezbolá podrían encontrar útil, en diferentes momentos, exagerar sus cifras. En el caso de los rebeldes sirios, el general Idris dejó claros los motivos. Tras afirmar que 5.000 combatientes de Hezbolá habían sido movilizados para asaltar Alepo, el general pidió el apoyo “de nuestros amigos de Estados Unidos, para que no nos dejen solos haciendo frente a los guerreros de Hezbolá, de Irán y de Irak, unidos a las fuerzas del régimen”. Probablemente Idris pensaba que, si el resto del mundo no había actuado antes, lo haría ahora que Irán reunía a un gran número de tropas. En cuanto a Hezbolá, le resulta igual de conveniente dar la imagen de ser una fuerza colosal e imposible de detener, que está segura de ganar la guerra.

Servirse de las cifras para proyectar una imagen de invencibilidad es una práctica extensiva a otros participantes externos en Siria, aparte de Hezbolá. Las cifras de éstos también son malinterpretadas a menudo. Por ejemplo, el especialista en Oriente Medio Joseph Braude se topó con un caso instructivo mientras investigaba el despliegue de tropas de los Hermanos Musulmanes de los Emiratos en Siria. Un afiliado al grupo tuiteó a sus seguidores que 12.000 combatientes procedentes del Golfo se hallaban en aquel momento en el país y pronto regresarían a casa para liberar sus patrias respectivas. Braude señala que, en realidad, se trataba de una referencia a un hadiz; el líder de los Hermanos estaba citando uno de sus fragmentos: “Y doce mil no serán vencidos por la escasez de su número.”

En otras palabras, la cifra es simbólica. Es un número estandarizado, que se usó de forma similar por la franquicia de Al Qaeda en Yemen en 2010. Con un lenguaje prácticamente idéntico, declaraba:

Tenemos buenas noticias para la nación islámica;  se está preparando un ejército de 12.000 combatientes en Adén y Abián.

Eso también era una referencia a un hadiz acerca de un ejército de 12.000 hombres que surgiría precisamente de Adén y Abián. Los islamistas kuwaitíes han empleado esa misma cifra como eslogan de una campaña online para recaudar fondos destinados a los combatientes en Siria. Por último, pero no por ello menos importante, la cifra de 12.000 se cita frecuentemente cuando se describe el tamaño del Frente Al Nusra, sin darse cuenta de su naturaleza simbólica.

La política existente tras las cifras, por tanto, debe ser manejada con sentido crítico. En el caso de Hezbolá, la cuestión va más allá de la intervención del grupo en Siria. Incluso aunque tenga todos los incentivos para proyectar una imagen de poder colosal, no sólo hacia Israel, sino cada vez más hacia el propio Líbano, las debilidades de la organización están quedando al descubierto. En una batalla librada durante un solo día en Sidón contra fuerzas no organizadas que no sumaban más de unas pocas decenas de hombres, el grupo chií perdió, al parecer, a cuatro de sus combatientes. También ha dejado claro que ahora está midiendo las fuerzas de bandas armadas suníes en diversas zonas del Líbano. Puede que ésa sea otra de las razones por las que el Partido de Dios prefiere que sean las Fuerzas Armadas libanesas quienes encabecen sus batallas domésticas.

 

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